martes, 20 de octubre de 2009

Divagaciones sobre la atracción (II)


"Numerosos lectores" de "esto" me han pedido encarecidamente (:P) que haga una segunda parte de la entrada llamada igual que ésta, pero con el (I) (eso me pasa por poner un (I) después de un título, que ya me vale...). De cualquier manera, no me gusta que con lo que digo o escribo yo suceda lo que comenté en la última entrada, y voy a tratar de dar coherencia al menos al hecho de haber puesto aquel (I) aquella vez...

Analizaré -si se me permite la palabra- el quid, pero desde la posición completamente opuesta a la atracción, o sea, desde la repulsión (era la única manera de dar coherencia al (II). No se trata de echar piedras sobre mi tejado diciendo que la conozco de primera mano -aunque la conozca-, pero sin llegar a considerarme una "cagasiempre", una tampoco es una Mata-Hari de la palabra, y puede ser interesante ver por qué.

Ayer estuve hablando de ello con alguien que se reconoce mucho más hábil que yo en esta "destreza", o mejor podría decirse que soy yo misma la que se la reconozco a él , ya que la reconozco en mis carencias por no ser consciente ni hacer uso de ella.

El quid sería, pues, la existencia de los diferentes lenguajes no explícitos que se dan cuando hablamos. Muy interesante me pareció que me diera a conocer los términos Pragmática y Semiótica, que sinceramente me sonaban de oídas nomás. La filosofía del "Eres lo que haces", que puede contraponerse al más esclavizante "Eres lo que dices", podría ampliarse utilizando la equivalencia del "haces" al "cómo lo dices", que también implica acción.

Bueno, que me desvío...

Leyendo a veces textos de personas muy no sé si llamarlas viscerales, seguras de sí mismas o sobradas (eso dependerá del día, no sé), se puede llegar hasta donde radican sus "fallos comunicativos" , que son los que pueden llegar a causar repulsión. Nos atenemos pues a los principios cooperativos de Grice:

Máxima de Cantidad (en relación con la cantidad de información que debe darse):
- Haga que su contribución sea todo lo informativa que el intercambio requiera.
- No haga que su contribución sea más formativa de lo que el intercambio requiera.

Máxima de Calidad (referida a la verdad en la contribución):
- No diga lo que crea que es falso.
- No diga nada de lo que no tenga pruebas adecuadas.

Máxima de Relación o Relevancia (comprende la máxima que Grice denomina "vaya usted al grano"):
- Haga su contribución relevante.

Máxima de Modalidad (la supermáxima es "sea usted claro"):
- Evite la oscuridad.
- Evite la ambigüedad.
- Sea escueto.
- Sea ordenado.

Partiendo de estas premisas, podemos analizar un texto o discurso, escrito o escuchado, y ver dónde radicaría su mayor o menor "responsabilidad" en el efecto que ha causado. Imagino que interese más cuando éste ha sido negativo (repulsión), que cuando ha sido positivo (atracción), por la posibilidad de corrección que esto implica (algo que gusta en principio no tendría razón de corregirse).

Bien, ya tenemos la teoría aprendida. Empezando una relación desde cero, conociendo estos datos desde el principio, según la persona que me lo explicó, uno debería ser capaz de atraer en principio a cualquiera con el arte de la palabra, dicha o escrita. Sería digamos como una "técnica de seducción": comunicación adecuada, sin fisuras, tono correcto, palabras las justas y apropiadas (esto da para otra entrada más, lo de "regalar al oído"...).

Ahora bien, en este preciso momento me surge una duda:

¿No será todo muchísimo más fácil que todo esto que acabo de poner? ¿no será más cuestión digamos... de piel?

Más info sobre Semiótica (sin desperdicio): aquí.

domingo, 18 de octubre de 2009

Un detalle

(El futuro no está escrito)

Después de un giro inesperado hace un par de semanas que cambió la fecha de una feria que teníamos programada -y en la que no podía dejar de estar-, y viendo que coincidía exactamente con un viaje programado mucho antes por un grupo de gente que frecuento de una u otra manera, me encontré a mí misma buscándome estos días.

Me sentí con ganas y al mismo tiempo con temor, con ilusión de improvisar y al mismo tiempo con pena por no creerme capaz ni siquiera a última hora, aún pudiendo; mirando de refilón billetes de tren como quien no quiere la cosa -pero queriéndola-, y sintiendo - por qué no decirlo- mariposillas en el estómago de pensar en la posibilidad de atreverme y de encarar mis miedos y subir para arriba simplemente a disfrutar y reír. Y, sobre todo, a afrontar las cosas como han venido, sin más.

El miedo es paralizante, la incertidumbre desconcertante, la inseguridad determinante, y una sigue siendo una niña de diez años en muchos aspectos de su vida, para bien y para mal.

En ratos laborales, entre medias de emails y pequeñas y patateras traducciones (alemán, escucha:¡algún día me haré contigo!), el dedo se me iba a webs de transporte, fantaseando en cómo haría para avisar a los organizadores, en si se podría hacer un hueco en la comida, en, en...

Bueno, los cobardes somos asíN, que diría aquel. El proceso de encarar algo a unas personas nos cuesta más que a otras, y mientras vamos postergando actos nos evitamos situaciones que prevemos chocantes o dolorosas.

Finalmente, como es de imaginar leyendo las líneas anteriores, no fui.

Bien, el día de ayer tuvo sus buenos momentos, disfrutando de un ratín con un hermano al que veo de uvas a peras, e improvisando una cenita con amigas de toda la vida, con todas las risas que eso supone.

Cuando llegué a casa eché una ojeada al pc, que siempre anda en marcha. Tenía un mail. No altero la intimidad que supone si cito una sola de sus líneas:

"Me hubiera encantado verte; también he echado de menos a x, y, z, ...; sí, parece mentira pero os he echado de menos"

No aprecio más a esta persona después de esta noche de lo que la apreciaba ayer. Las palabras, sobre todo las escritas, que son las que permanecen -precisamente por quedar plasmadas físicamente-, deberían borrarse después de leídas, olvidarse después de oídas. Y no otorgarles más valor, no darles más importancia. Dejar de ser valiosas una vez escuchadas las del día siguiente, y así, ir dejando que las más actuales sean las importantes, y vayan solapándose unas a otras.

No sé si a partir de ahora iré borrando pasado poco tiempo lo que recibo, lo que envío. No sé si borraré ese correo en unas horas o unos días. Desde luego no me deleitaré leyéndolo, aún siendo importante para mí. Me quedaré, eso sí, con el detalle de que en un día con tanta gente, en que lo importante era la gente que estaba -y no la que faltaba- , para alguien "estuve" de alguna manera, pese a no estar allí físicamente. Y quizás tendría cansancio, embotamiento por la excitación -estas reuniones excitan mucho, hay mucha alegría en ellas- , pero aún así, me regaló un minuto de su tiempo para decírmelo.
"Toda palabra dicha o escrita es lenguaje muerto"
(Robert Louis Stevenson)

viernes, 16 de octubre de 2009

Una navaja

Si hay algo en la vida que puede dar un giro radical a un momento raro-malo no es la diplomacia, ni que alguien interrumpa de repente, ni que caiga un rayo, ni que tiemble la tierra y se desvíe el tema. Es otra cosa, una cualidad valiosísima, diría que la que más valoro en las personas: el sentido del humor.

Con los niños prontito los padres aprendemos a hacer uso de él -siempre que no nos pille ya hasta arriba y explotemos-, y así, respirando hondo, hablando con calma y cambiando radicalmente de tema (a ser posible arrodillados poniéndonos a su altura), vemos el giro milagroso que da la expresión de su cara, pasando del llanto o la rabieta a la risa sanota.

Nosotros, ya más peludos, no somos tan distintos a ellos en la base, y un chiste metido entre frases serias es un bálsamo, y más cuando no eres capaz de ver la cara real de la otra persona, y sólo intuyes o notas tensión ambiental por cuatro letras y dos silencios entrelazados.

Ayer me pasó dos veces, y mira, en la vida de adultos, pese a pasar el día rodeado de personas, no todas tienen esa capacidad de hacer a alguien reír cuando más bien siente gana de lo contrario. Y me lo hicieron dos veces dos personas distintas ¿soy o no afortunada?

Si uno es consciente en un momento dado de que está riendo con otra persona, ¿hay acaso más cercanía que esa? ¿Subyace en el ambiente lo que ha sucedido, lo que ha sido hasta ese momento previo a la risa... o por el contrario queda la sensación última y placentera de haber reído juntos?

Alguien me dijo anoche: "el día que estaban de oferta las navajas de Ockham, tú llegaste tarde al Lidl" :P

Y oye, qué buena idea esa. Ellis y Beck estudiaron el por qué de los pensamientos a los que terminamos llegando, como sin querer (aquí y aquí):

"En resumen, no son los acontecimientos externos por lo general (salvo eventos externos o internos extremos: p.e "terremoto", "dolor extremo") los que producen las consecuencias conductuales, emocionales y cognitivas. Más bien el propio sujeto, aplicando su proceso de valoración personal sobre esos eventos, es quién en ultima instancia produce esas consecuencias ante esos eventos"

PD: Siempre puede uno hacerse con una, aunque sea por correspondencia ;)

miércoles, 14 de octubre de 2009

El mundo según Alicia


Si hace unos años fue considerado un fenómeno el libro de Lou Marinoff Más Platón y menos prozac por "(...) en lugar de ofrecer enfoques pseudomédicos orientados a las patologías o proponer superficiales principios propios de la New Age, presentar una sabiduría puesta a prueba por el tiempo y adaptada específicamente para ayudar a vivir con plenitud e integridad (...)", yo -como muchísima gente ha hecho antes - me iría bastantes años atrás para poner en el lugar que se merece a un clásico como es Alicia en el País de las Maravillas, enfocado no sólamente al divertimento, sino al poder clarificador de lo que sus textos encierran, unas veces claramente, otras crípticamente.

Conviene recordar -o dar a conocer si se da el caso de que se desconozca el dato-, que Lewis Carroll fue, antes que escritor, lógico y matemático. Puede no ser relevante esto, puede serlo. En cualquier caso, la óptica que da la exactitud en la manera de estar acostumbrado a ver y observar "los problemas", puede significar un punto de vista a tener en cuenta respecto a una filosofía de vida (;)), y, por lo visto, Carroll hizo uso de la parte más digamos "científica" de su cabeza para contarnos/contarle una historia.

Partes más o menos "oscuras" hay en su biografía, pero de las gentes quedan las obras, y como yo no estuve allí, y "de lo que oigas nada, y de lo que veas la mitad", que suele decirse, me centro en plasmar hasta donde Don Google y algún libro me han dejado, unas cuantas de sus citas célebres:

"Puedes llegar a cualquier parte, siempre que andes lo suficiente."

"¡Qué pobre memoria es aquella que sólo funciona hacia atrás!"

"Si así fue, así pudo ser; si así fuera, así podría ser; pero como no es, no es. Es cuestión de lógica."

"La regla es, mermelada mañana, y mermelada ayer... pero nunca mermelada hoy". "Algún día tiene que ser mermelada hoy día, objetó Alicia".

Finalizaré mi modesto homenaje con un fragmento muy interesante sobre la identidad y la empatía misma:

-¿Puede saberse quién eres tú?- preguntó la Oruga. (...) Alicia contestó, algo intimidada:
- La verdad, señora, es que en estos momentos no estoy muy segura de quién soy. El caso es que sé muy bien quién era esta mañana, cuando me levanté, pero desde entonces he debido sufrir varias transformaciones.
- ¿Qué es lo que tratas de decirme?-dijo la Oruga con toda severidad-. ¡Explícate, por favor!
-¡Ésa es justamente la cuestión! - exclamó Alicia-. No me puedo explicar a mí misma porque yo no soy yo, ¿se da usted cuenta?
- Pues no, no me doy cuenta - dijo la Oruga.
- Siento no poder explicárselo a usted con mayor claridad- dijo Alicia en un tono muy cortés- porque, para empezar, ni yo misma lo entiendo... ¡Comprenderá usted que cambiar tantas veces de tamaño en un solo día no es fácil de entender!
- Sí es fácil, le replicó la Oruga.
- Bueno, lo que ocurre es que usted todavía no ha pasado por ello- dijo Alicia-, pero llegará el día en que se convertirá en crisálida y después en mariposa, y entonces ¡ya veremos lo que siente usted!
-¿Y qué iba a sentir? ¡Pues nada!
- Está bien -concedió Alicia- Es posible que sus sentimientos y los míos sean muy distintos, pero puedo decirle que yo en su lugar me sentiría muy rara.
- ¡Tú! -exclamó con desdén la Oruga- ¿Y quién eres tú, si se puede saber?

PD: mención especial a una noche agostomadrileña en una taberna errante. Se habló de Despertares, se habló de un viaje A través del Espejo; habló Alicia, habló el Espejo. Esos días fueron perfectos porque todo salió bien, de principio a fin. Besos a los cuatro si me leéis...

jueves, 8 de octubre de 2009

¿De qué están hechos nuestros sueños?


Soy una lirona, duermo lo que se suele decir coloquialmente "como un bebé", con hilillo de baba y marca de cojín incluida si me da tiempo en la sobremesa a echar una cabezada, y de un tirón y panza arriba toda la noche. Los excesos de horas de vigilia me pasan factura cosa fina, y entonces necesito una cura de sueño al día siguiente que me vuelva persona otra vez.

Pero no sé qué me pasa ahora porque últimamente estoy soñando cosas raras y desagradables a base de bien. El momento vital no es el mismo que hace cinco años, pero tampoco estos meses son tan distintos a los de hace un año, y sin embargo, no recuerdo pesadillas de ese tipo entonces. Me levanto en la madrugada con angustia, e incluso hace poco me dormí con la radio puesta y tuve una pesadilla con sonido ambiental, que era ni más ni menos que el rumor del calamar gigante en las profundidades abisales, así que podéis imaginar el canguelo.

Montañas heladas alcanzadas sin dificultad, donde me asomo y veo la pared completamente vertical sólamente cuando ya he alcanzado la cima; pirámides de arena donde llego escalando por el lado por el que nadie sube; precipicios donde una persona cercana a mí me lanza diciéndome que el agua no pasa del metro, viendo al segundo que la profundidad es de al menos diez (arggg)...; y anoche, para colmo ya, en una nave industrial rodeada de sacos de portland y viendo cómo se empieza a desplomar el techo, apuntando directamente a mi cabeza, y sin posibilidad alguna de escapar... qué angustia, mare meua, ¿por qué pasa todo esto?

Recuerdo haber leído a Freud a los veintypocos años, y ya vi entonces que en esos escritos había mucha pero que mucha imaginación. Con un poco de ella, y conociendo un poco al que lo ha soñado, es facilísimo hacer una interpretación personalizada. Incluso cualquiera podría hacerlo, me aventuro a decir. Supuse que cuando aquello me había parecido más fantasía que realidad era porque tal vez no lo había entendido, a saber...

Luego, leyendo artículos como éste por ejemplo, me dije que no era tan descreída por no haber hecho caso a ese libro tan "respetado", por lo menos los años en los que lo leí.

Sin embargo, otra corriente quizás más humanística de la Psicología (una vez más, las distintas corrientes que toda disciplina tiene, para mayor desconcierto de los legos), habla de la hipótesis de continuidad (aquí), que resumiendo nos dice que "los sueños simplemente son la continuación de nuestra vida diurna. Nuestras preocupaciones, vivencias y fantasías diurnas siguen expresándose, pero de otro modo, en ellos".

Como en estos tiempos de tantísima información en todos los campos uno ya no sabe a qué atenerse, todo el mundo parece saber de qué habla, la formación de cada persona que suscribe una teoría es digamos la "correcta" o "adecuada", y cada conclusión bien razonada parece ser la definitiva, aún nos hacemos más lío con estos asuntos.

Mientras, yo me continúo preguntando qué sentido tienen, por qué existen :(.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Perfección


Lo malo de ser uno perfeccionista es que nunca se ve suficientemente perfecto, ni encuentra gente  suficientemente perfecta. El trabajo, pese a gustar más o menos, dista mucho de ser perfecto -aún siéndolo-, y mientras un grano - o dos- siga asomando por una cara periódicamente, ésta no será nunca perfecta - aunque ni falta que le haga serlo-.

Una mirada que busca siempre lo perfecto tampoco puede ser perfecta en sí misma, fallando la probable perfección que hay ante esos imperfectos ojos.

Se harta uno de no llegar a hacer nada de manera perfecta, y la mediocridad es una especie de "castigo" para un corazón grande quizás, sí, pero completamente imperfecto.

En cambio, lo que más perfecto parece es aquello inalcanzable, cubierto por varias capas de barniz emborronaimperfecciones, y alejado por cientos -o miles- de kilómetros largos y terriblemente perfectos.

Procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien
(William Shakespeare) 
La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que obtener
(Antoine de Saint-Exupéry)

Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos
(Hermann Hesse)

lunes, 5 de octubre de 2009

Nada es lo mismo


La lágrima fue dicha. 

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia. 

¿A qué llorar por el caído 
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente? 

No es bueno repetir lo que está dicho.

Después de haber hablado, 

de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:
nada es lo mismo. 

Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

(Nada es lo mismo, Ángel González)

jueves, 1 de octubre de 2009

Alas


Algunos temas comunes dejan de ser meras repeticiones o cosas parecidas, aunque lleguen cercanos en el tiempo. Una idea nos lleva a otra, como trazando un arco, nunca en línea recta -perdería poesía si no-, y se enlazan dentro de nuestras cabezas. Así, algunas palabras van siempre asociadas a músicas, libros, historias, recuerdos.

Cuando veo bandadas de pájaros, no puedo ni quiero evitar recordar la historia de Nils Holgersson y su canción, que van siempre cogidas de la mano. Y en imagen más clara -por más reciente- asocio también esa imagen con la de aquellos Nómadas del viento...

Los días empiezan a refrescar, y si bien la luz y la calidez nos relajan el cuerpo templándolo, puede que las bajas temperaturas nos expandan la imaginación, quizás así se explica uno que la mayor parte de cuentos que llegaron a nuestros días sean originarios del hemisferio norte. Uno siente goleta, como decimos aquí, cuando imagina el fuego de la chimenea, la manta, las conversaciones de horas dentro de las casas, los cristales tictaqueando. Como la protección en medio del desasosiego.

La amiga más "antigua" que tengo -nos conocimos cuando ella tenía tres años y nueve meses y yo nueve meses menos en una especie de parvulario que llevaban unas monjitas donde hoy hay una residencia de ancianos- me solía decir cuando los días eran demasiado calurosos: "- qué ganas de que llegue tu cumple, en que ya llevaremos las chaquetitas de manga larga...". Qué cosas, cómo recordamos frases al azar entre los billones de frases que habremos escuchado a lo largo de nuestras vidas.

Luego nos llegaron - en la primera y tímida incursión de España en la tan manida ahora globalización-, personajes procedentes de verdes y fríos bosques europeos, y así conocimos duendes, hadas, ninfas... y nos fue presentado el Pare Noel, o Papá Noel, o Santa Claus, o San Nicolás, como prefiráis llamarle. Más cercano a nosotros pero todavía lejano conocimos también al Gnomo David y a los Trolls de eternos mocos chorreantes.

Pero nuestros bosques de carrascas y pinos no eran como esos otros bosques.

El frío, todo lo referente a la infancia, nos llegaba de lugares fríos. Y los que somos más del Sur (aunque no tanto), sentimos atracción por esos lugares donde los pueblos se aislaban en invierno y los niños se quedaban en sus casas tomando un chocolate y escuchando la radio con sus padres y abuelos (en esa época en que se vivía con los abuelos en casa).

Muchas veces en mis conversaciones saco a relucir el libro de Soci, con sus fotos totalmente típicas de las otras CC.AA, tan lejanas y desconocidas. Las de las grandes ciudades -siempre más al Norte- solían venir con niños en uniforme azul marino jugando en los parques. Nosotros nunca llevamos uniforme, el color de nuestras fotos era menos gris y nos gustaba mucho más lo que no teníamos a nuestro alcance, como suele pasar.

Bien, empecé con una historia maravillosa sobre un niño que vuela con las aves.

Termino con el tráiler de una película maravillosa sobre una niña que vuela con las aves:



A veces uno piensa que el cine puede haber sido el mayor invento de nuestra era viendo y escuchando cosas como ésta, ¿verdad?

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Otra canción... y algo más.


No recuerdo qué verano fue. Seguramente el del 83-84. Lo que sí recuerdo con precisión fue la sensación, sentada en la terraza con una hamaca y a pleno sol (en esa época no se llevaba lo de la protección solar ni la prevención, veremos si mi memoria pielil me termina pasando factura...), de que el mundo iba por un lado y yo estaba como en una burbuja. Sensación causada simplemente por tener entre mis manos un libro de tamaño cuartilla. Se titulaba Los Hollister...

Ese fue uno de tantos, pero diría que mi primera incursión a la literatura juvenil.. Como subir el siguiente escalón tras Esther y su Mundo, La Familia Feliz, Joyas Literarias, Los Extraordinarios Relatos del tío Arthur, etc, etc, y obviando a los patrios Mortadelo, Zipi y Zape y la 13 Rue del Percebe. Y no era uno solo, ya que mis hermanos, grandes lectores ambos, los compraban como de cuatro en cuatro. A varios libros de esta familia a la que pasaba de todo en sus vacaciones, siguieron Los Cinco -cómo no-, La Brigada Juvenil y Puck.

Eran los primeros libros sin dibujos ni viñetas, y aunque supongo que al principio les tendría miedito, éste se superó satisfactoriamente, afortunadamente para mi cabeza, pienso yo.

Y a las aventuras que ya era capaz de imaginar sólamente leyendo, formando en mi imaginación rostros, gestos  y modos de ser, se unió la incursión en las series o pelis de aventuras que sucedían a gente de mi edad. Recuerdo una serie de telefilmes europeos que dieron un otoño, en el que se nos mostraban las vicisitudes de chavales de países entonces desconocidísimos para mí, como Polonia, Suecia.... También recuerdo al héroe asturianu Pinín, que fuí a ver tres días seguidos durante una sesión de cine de Navidad en el Hogar Parroquial con mi amiguita y tocaya Mariajo. Lo curioso es que he sabido en la actualidad que era asturianu y no galego, dato que tenía como cierto ¡qué cosas!

Y también, como un recuerdo de esos años y esas otras vidas, otras costumbres, otros paisajes y otras lenguas, tengo en la mente grabada una canción, que servía de música de cabecera para la serie El Valle Secreto.

Se trata de Waltzing Matilda, y su historia es bien curiosa. No dejéis de leerla aquí.

Y después de leída su historia, solo queda que la escuchéis:

sábado, 26 de septiembre de 2009

Las palabras no dichas...



Hace poco ví una película de la que había oído hablar muy bien en un programa nocturno de radio. Se trata de "Buscando un beso a medianoche", que para mí no dejó de ser una versión más de tantas y tantas pelis de chico-conoce-chica. Me encantan las comedias románticas, sí, pero habiendo tantas para elegir, desde luego no me quedo con ésta.

En cambio sí hubo una escena que me llegó bastante. El protagonista le estaba escribiendo un email a su ex-pareja para desearle un Feliz Año Nuevo, y cuando llevaba como veinte líneas de desgrane de sentimientos, de desnudez total y de poéticas frases -que seguramente nunca le hubiera dicho en persona-, titubeó un segundo, seleccionó todo el texto y le dio a Supr/Del, escribiendo -ahora sí para enviar- el típico "Feliz Año Nuevo, que te vaya todo bien y que seas feliz", que igual sirve para un vecino, para un familiar que ni te va ni te viene, o para un contacto de Facebook que si desapareciera un día de tu lista quizás no llamaría ni siquiera tu atención...

Eso me hizo pensar en cuántas cosas quizás diríamos -o mejor dicho, cuántas cosas no dejaríamos de decir- si no dedicáramos la milésima parte de un segundo a repensar lo que vamos a decir, lo que vamos a escribir, o lo que vamos a enviar.

Hoy recibí confirmación de envío de una tarjeta de estas virtuales de cumpleaños. Bien, debería haber sido recibida por su destinatario hace exactamente veintiún días. Cuando leí el "acuse de recibo", la leí también a ella. No recordaba qué había escrito -obviamente no era un feliz cumple soso y quedadordebien-, y leerlo hoy me hizo tratar de recordar por qué puse las palabras que puse y no otras en ese momento. Las palabras utilizadas, el sentido, el mensaje, el cripticismo, tenían valor para mí el día que debería haber llegado. Quizás hoy, día de su recepción, mi ánimo, mi pensar, mi loquesea, no estaban en el nivel emocional adecuado.

Ello me lleva a pensar en las relecturas, en los recuerdos de cosas dichas o leídas. Se interpretan de distinta manera dependiendo del estado de ánimo que se tiene, ¿verdad? Y las cosas dichas o escuchadas a menudo son producto de un interrogatorio, más que nacidas espontáneamente. ¿Pierden valor de esta manera, al obligar en cierto modo a que te digan algo que tú has preguntado previamente?

De un tiempo a esta parte sostengo que se dice mucho más en una carta escrita en soledad, en un texto meditado, que en una conversación, sea del tipo que sea. En el momento en que uno se sienta y siente deseos de escribir un texto dirigido a alguien, hay muchos factores a tener en cuenta. Ese alguien no te recuerda su presencia mediante una llamada de teléfono, mediante un correo pendiente de responder o mediante un saludo por su parte. Es decir, tú piensas en un momento dado en alguien, y el impulso de ese único momento te lleva a ir pasando por todo el proceso previo al envío, sin obligaciones, sin deudas, sólamente porque quieres hacerlo.

Alguien piensa en ti y te lo hace llegar. Si eso sucede así improvisadamente, no es indiferencia, ¿verdad?

jueves, 24 de septiembre de 2009

Despedidas


Cada vez que escucho o leo sobre cine japonés tengo una sensación rara-mala.. Tal vez sea una mezcla del pavor que me causó en su época la peli de culto "Los siete samurais *" -hay cosas que no se pueden ver con pocos años, puede pillarte en un mal día y causarte terror para los restos-, con la sensación sumamente desagradable que tuve al visionar "La balada de Narayama", mezcla de salvajismo, zoofilia y realidad.

La cultura japonesa es, quizás en parte debido a estas incursiones desafortunadas por mi parte en su cine, una gran desconocida, a la que veo siempre como una cultura limpia, de líneas puras, pero demasiado fría.

Bien, un finde inolvidable en la capi este verano, escuchamos de parte de Alicia una recomendación. Nos habló de una peli japonesa; nos advirtió que el tema no era "aquello", pero que no dejáramos de verla. Yo soy muy obediente para estas cosas, y peli o libro que me recomiendan, peli o libro que procuro ver, en esos temas soy bastante cumplidora, y no prometo en vano, porque entiendo que el hecho de que alguien te haga mención de un título es como una señal, como si el destino dijera "- ya va siendo hora de que conozcas/leas/veas esto", adquiriendo entonces esa persona entidad de emisario, de persona especial. No es el cajero del súper que te dice un precio que tienes que pagar, ni un cliente pidiéndote una información o un número de teléfono. Es alguien que quiere que veas algo que a su vez a él le ha gustado y le apetece compartir contigo. Y una acción tan chula no puede dejarse de lado, hay que ir entonces y ver qué es eso. Raudos y veloces.
Bien, en "Despedidas" (Yojiro Takita), los japoneses se nos muestran sensibles, corrientes, románticos, incluso graciosos. No de la forma en que algunos los tenemos clicheados, (por fortuna).

La película es verde oliva, gris en multitud de tonalidades... apenas asoma tímidamente el rojo, y es en los labios de gente que se va para siempre...
Y nos habla de "piedras de sentimientos". A mí me encantan los simbolismos de los objetos y cómo cambia el significado la intención, el lugar, el instante, aunque sea la chapa de una botella medio doblada, un posavasos, un papel....

En esta historia, los protagonistas se regalan piedras, y se eligen más o menos rugosas, más o menos grandes en función de qué sientas por la otra persona en el momento de regalársela.

También se nos muestra qué es el Nokanshi, ritual con que los japoneses despiden a sus seres queridos, aseándolos, engalanándolos, tratándolos con suma delicadeza, minutos antes de meterlos en sus cajas de madera.

La música, que según he buscado es de Joe Hisaishi, es una maravilla...

Aquí la tenéis:



* qué mal debo estar ya de memoria cuando pensando, he recordado que era "Kung Fu contra los siete vampiros de oro", y ni siquiera era japonesa...:$

domingo, 20 de septiembre de 2009

Mil billones de circuitos



"¿Sabíais que nuestro cerebro contiene un universo de diez mil millones de neuronas y mil billones de circuitos? Solo ocupa mil quinientos centímetros cúbicos y es como un océano negro, desconocido... ; siempre falta luz...
Pero es un generador de desorden. Sus leyes obedecen al azar, así que comete muchos errores. Además, es una máquina que hace ruido, aunque el ruido ambiental no se oye ¿no? como el polvo cósmico, que yo nunca lo he visto... ¿y vosotros?"

(Parte del diálogo de "Tierra")

Llevo un año descubriendo el cine de Medem, que ya hizo que me fijara en él en la espléndida "Lucía y el sexo" hace algunos más. La temática común que veo es seguramente lo que me atrapa tanto de sus historias. Habla de amores complicados... y complicados por indecisos, pasionales, difíciles, triangulares, de finales circulares...; al mismo tiempo, son amores hermosos, muy "de película".

En esos amores los encuentros duran sólamente instantes, espacios cortos de tiempo, y ante tan poco "día a día", nos es difícil imaginar un futuro desgaste, hastío, rutina y finalmente aburrimiento. Tampoco sé si se habla de amor en ellas, ya que no sé qué es el amor realmente, habiendo visto que cada habitante del mundo lo describe de un modo diferente.

Al terminar de ver una de estas películas uno queda ensimismado, queriendo estar dentro de esa historia y no en la que está, pero con un chasquido imaginario de dedos se regresa rápidamente a la realidad, y nuestra mente más sensata nos dice: "Si total, todo pasa..."

Estoy convencida de que, efectivamente, todo pasa, así como estoy convencida de que ese todo unas veces es infinitamente más atrayente, excitante y maravilloso que otros todos más conformistas, desaboridos, establecidos y cómodos.

Algunas personas sienten zozobra, aunque sea muy muy adentro, al sentir ese ligazón invisible pero socialmente obligado que impide de alguna manera que alguien que se compromete una vez pueda experimentar otras historias con otras personas, y no hablo de historias camiles, no (que también), sino de historias con conversaciones en cafés en tardes de lluvia, historias en las que en ese momento hay dos protagonistas, y uno de ellos no es la pareja que hemos elegido para toda la vida. Porque pienso que uno puede enamorarse durante un rato ¿por qué no? y continuar enamorado lo que dura, dure lo que dure ese encuentro. Y tener la sensación en ese rato de no querer estar con nadie más, aunque quien tengas enfrente no sea tu amor oficial, conocido, establecido.

La realidad no dejará nunca de ser complicada mientras todo siga siendo así tal y como lo hemos mamado, y quizás, siendo uno de los precios que tenemos que pagar por vivir en una sociedad "normal", si nos paramos a mirarlo atentamente, sea un precio vital. Nos sorprendemos pensando en personas en las que no deberíamos pensar porque pactamos algo con otra una vez. Es absurdo eso. Nuestra cabeza vuela libre, y si bien lo que al final casi todos terminamos haciendo es fantasear, llegados a un punto nos queda la realidad -gustándonos más o menos-, y la fantasía, idealizada y magnificada, que peligrosamente puede convertirse en obsesión.

Los que nos hablan y enseñan qué es la vida sin ser maestros, pero siéndolo tal vez por haber vivido el triple que nosotros, dicen que quien no vive una pasión -aún siendo complicada- no sabe lo que se pierde.

Ahora se puede usar (casi) el mismo razonamiento sensato que utilicé antes: "Si total, son cuatro días..."

viernes, 18 de septiembre de 2009

Reflexión de la penúltima semana de septiembre


(Ilustración de Jo Parry)

Aunque lo normal en mí es que me enrolle como una persiana y me ponga a divagar, a veces (solo a veeeeces) me vienen reflexiones que no necesitan mucho desbarre.

La que me ha venido estos días es la de que en ocasiones uno tarda en darse cuenta de que lo que más le gusta hacer no es necesariamente lo que mejor se le da (hacer).

En un primer momento se siente como una bofetada de realidad, a la que sigue -después de unas horas de reposo, reflexión y aceptación-  una sensación  como de tristeza; luego simplemente puede interpretarse como una señal para parar a tiempo, mirar un poco desde fuera (todavía más) con perspectiva, y después ya replantearse las cosas.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Como el título de una canción

Recibí hace unos meses un mail bastante desconcertante. En tres líneas nada más, venía a decir que "si A le cuenta a B algo de C, lo más razonable sería que A, antes de darse por enterado, o posicionarse, o lo que fuera, debería escuchar la versión del hecho según C".

No he puesto yo letras aposta, el propio mail las llevaba tal y como lo he contado. Por supuesto, conocía al remitente y pude intuir de qué trataba o dejaba de tratar el tema. Lo que más me llamó la atención fue que me lo mandara a mí, pero claro, tampoco nos conocemos tanto, así que no me extrañó su temor a que yo -entre otros destinatarios- nos dejáramos "influenciar" por la versión de A. Evidentemente, C era el propio remitente.

A diario escuchamos noticias que hablan de gente en tercera persona, algunas ciertas, otras calumnias, ¿cómo lo podemos saber? ¿hay alguna otra manera aparte de preguntando directamente? ¿es fácil eso?. Creo que no, y que, o bien porque no deja de ser una noticia oída más al día, o porque no tenemos contacto directo con C, o la suficiente confianza, dejamos de escuchar su versión, y subliminalmente se nos queda la versión de A, porque "hace más ruido", o por qué no, porque nos cae más simpático.

Y precisamente hilando esto último que he escrito... ¿hasta qué punto podemos ser imparciales estando entre dos tierras, dos aguas, dos fuegos o dos personas que no se caen bien, que no se llevan bien o que no se soportan directamente?

¿No llegará un punto en el que la persona que está en el medio tenga que tomar una decisión? ¿hasta qué día podemos decir que no nos afecta directamente esa incómoda situación? ¿y si llega una situación puntual en que no nos queda otra que elegir?

¿Es lo más sensato en estos casos que una de las partes haga una discreta retirada?

lunes, 14 de septiembre de 2009

Aquello

Aquello.

No eso.

Ni
—mucho menos— esto.

Aquello.

Lo que está en el umbral
de mi fortuna.

Nunca llamado, nunca
esperado siquiera;

sólo presencia que no ocupa espacio,
sombra o luz fiel al borde de mí mismo
que ni el viento arrebata, ni la lluvia disuelve,
ni el sol marchita, ni la noche apaga.

Tenue cabo de brisa
que me ataba a la vida dulcemente.

Aquello
que quizá hubiese sido
posible,
que sería posible todavía
hoy o mañana si no fuese
un sueño.

(Deixis en fantasma, Ángel González)


Ves cosas y dices ¿por qué?. Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo ¿por qué no?

(George Bernard Shaw)