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domingo, 4 de noviembre de 2012

Una cárcel con aroma a talco


(L'Apollonide)

Me consta que hay ya -al menos- una crítica extraordinaria de esta peli, pero somos circulitos con tentáculos alcanzando a contactos, a "amigos de", a gente que solamente rebota, y cada onda expansiva de opinión se añade a la anterior, y aparte es que me encanta saber cómo piensa cada persona sobre lo que sea que a mí me haya gustado tanto tanto.

Empezó en mi multimedia sin haberla ido a buscar, solo iba siguiendo a la anterior -las cosas casuales-, y no sé el tiempo que había estado esperándome, sin ninguna señal ni recordatorio, ni haber salido en ninguna conversación de hacía poco, y puede que ni siquiera de hacía mucho. 

Empezó como digo, y de entrada no me apeteció nada seguir viéndola porque la música no me cuadraba con la imagen, pero los domingos tarde es lo que tienen, que da hasta pereza usar los dedos sobre el mando...

Y de un grupo de delicadas y perfumadas prostitutas, con una fotografía preciosísima y unas pieles inmaculadas, fueron surgiendo historias personales, y de un entorno lujoso y calmo, de ademanes lentos y elegantes, fueron surgiendo las frustraciones, la tristeza -la bella tristeza...-, y entonces el sexo dejó de ser bonito viéndolo a través de esas miradas jóvenes y tristes. Y también la vida "cómoda", que en un principio me pareció tal vez una de las mejores opciones con las que vivir en otras épocas más complicadas socialmente, se fue volviendo más y más claustrofóbica. Como suele suceder, desde dentro el color apestaba, y desde fuera todo parecía un bello cuadro, con curvas y tonos perfectos.

Y empaticé con cada una de esas personas; en algún momento me vino el llanto y ya no pude dejar de llorar en toda la película, porque todas eran historias ya escritas en las cartas que, precisamente, una de las chicas lee al resto. Lo que está escrito la mayoría de las veces uno ya lo sabe, y acumula un halo de fantasía que anula esa certeza. Entonces es cuando uno decide vivir realmente al día.

Todas esas vidas, empezando en diferentes estadios, años y edades, tenían un único final asumido la gran mayoría de las veces. Conformidad, una de las palabras que todo amante de la libertad debería descartar.

Todo un gran eufemismo con aroma a perfume francés y polvos de talco.

sábado, 23 de junio de 2012

Hestío


A lo largo del camino, apenas nada. De la poca nada, casi siempre la misma imagen: una valla blanca a la derecha, el sol por el oeste... y un gato en la cesta de la bicicleta.

Armarios verdes claros decapados en la cocina, poca cosa dentro. O mejor, poca cosa tampoco: té verde, rooibos, azúcar y miel.

Las noches más secas que de costumbre, tumbados boca arriba, iluminándonos y contando estrellas. Haciéndose de día escuchando música en modo aleatorio.

El futuro llegando y el presente consumiéndose. Viviendo los días optimistas, muriendo los tristes. El ánimo como un columpio, subiendo rápido, bajando rápido, manteniéndose estable apenas instantes. Y de nuevo a colocar el pie en el suelo para tomar nuevo impulso y remontar. Arriba, abajo...

Jabón casero, matojos de romero, las sábanas al sol, limpias y de tan viejas... casi transparentes. Verano.

Gente feliz, gente quizás que disimula serlo. ¿Consuelo o verdad?

Cine coreano de náufragos en la luna, novelas largas de gente que anda buscándose sin saber que anda para encontrarse. Existencialismo, vidas, drama. Esta vez de otros.

Olas esponjosas y refrescantes. Mosquitos zumbado, acrobateando, libres. Grillos subiendo de volumen al caer la tarde. Al morir la tarde.

Estiro las piernas, lloro y no me gusto. Me masturbo y estallo. Pero preferiría que me lo hicieras tú.

sábado, 17 de diciembre de 2011

La teoría del caos y las nubes de viento

(foto: Santi Vallés)

Parece ser que ayer la gente pasó la tarde mirando el cielo porque estaba realmente impactante. Internet se fue llenando, mágicamente, de fotos llenas de nubes de viento. Y a mí, que me embobo mirándolas cuando son solo nubes normalitas, se me pasó, ni me enteré :(. Debería haberlo hecho, haber tomado muchas fotos. Si hubiese mirado hacia arriba ese rato, si hubiese estado en la calle, en el aire, en lugar de sentada frente al pc, hoy no estaría triste.

Podría decirse que trabajo todos los sábados del año. Hoy no, y ni me acordaba. Me lo dijo casualmente mi compi. Elegí hacía semanas este día por tener que librar uno, a voleo. Si hubiese trabajado... hoy no estaría triste.

He pasado la tarde en un sofá que no es el mío, tapada con una enorme colcha negra y gris y con un encanto de pareja mimándome. Triste. Hemos visto Match Point cuando estábamos casi a puntito de empezar Die Welle. Puro azar en el último segundo. Y yo, con mi típica tarrofagia pensando por qué tuvieron que darse esas dos circunstancias juntas, principalmente la de no trabajar este sábado. Cómo, aún sin cambiar un ápice la realidad, no hubiese tenido lugar una conversación tan fea, en absoluto necesaria porque estaba ya todo dicho, de manera muchísimo más suave y bonita. El no querer y la no crueldad pueden convivir en armonía.

Empieza la peli, que recordaba de manera difusa, y nos dicen:
Aquel que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control
El motivo de mi última gran tristeza, aunque latente, ya había dejado de mortificarme hacía semanas. Sin necesidad de "muletas" externas -liberada-, pensaba editar un libro (¡por fin!), dibujar, pasar otras tardes de sofá con mi gente y en nuevos proyectos de trabajo que me ilusionaban, me llenaban y me llegaban. No fue pues esa circunstancia la causante de mi tristeza ahora a las 21:21, sino el hecho desencadenado después y de nuevo la desilusión gigante de saber lo importante que es el tacto a la hora de decir las cosas a la gente que queremos y el poco uso que hacemos, como si tuviésemos un corazón de piedra vieja. 

He pasado muchas horas tratando de entender por qué matamos tantas veces por la boca, y no sé si ha sido por pensar tanto, por el tema del azar o por el viento traedordenubesraras, pero por el camino he tenido una especie de sueño en el que conducía a las seis de la mañana por una carretera desierta y mojada rumbo a un mundo nuevo :)

lunes, 29 de agosto de 2011

Mi mundo feliz


En mi mundo feliz, hoy era un día bonito, esperado, con ganas de seguir riendo y sintiendo cosas. Sí me gustan las señales, y me gustan las personas que las hacen suyas, aunque no siempre acierten ;). Es fascinante ir tejiendo historias mediante pistillas, letras de canciones o deseos hechos públicos. Pese a que no siempre sean señales pero sí lo sean a veces. Y cuando alguien capta algo tan tan íntimo, retorcido y críptico, es que se ha producido una sincronía. Una de las palabras más armoniosas del diccionario. Y entonces sí, yo paso a ser Lucía encima del ciclomotor rodeada de mar azulísimo por todas partes, dándome el viento en el pelo y mostrando el botoncito de uno de mis pechos de manera delicada y casual. Y el suelo no nos sujeta, sino que nos zarandea, nos marea, nos hace bailar. Y nos gusta, nos encanta, nos relaja. Como nuestro sexo. Cada día más y más placentero. Yo me asomo también a la cueva, y encima de mí otro tono de azul. Te busco y trato de entender tu cerebro, como la oquedad misma. Rara, asalvajada. Hay poca gente. Septiembre se descubre ante nosotros como el segundo de los meses más bonitos del año -el primero es octubre, claro-. Y me viene mi mantrafrase, esa que solamente asocio a ti, que de tan dramática puede resultar hasta ridícula pero tanto me gusta: "yo... hubiera matado monstruos por ti".

jueves, 3 de junio de 2010

Todos los océanos de este mundo




Cuando se viene a filmar a sitios poco conocidos en el cine, pequeños o menos pequeños, se arma un revuelo inmenso. El primero que hubo aquí -que yo recuerde-  fue "El árbol de las cerezas". El último, "Amanecer de un sueño". Y entre medias, "Son de mar".

Pude ir un domingo al set de filmación porque, casualidades de la vida, mi padre se encargaba del mantenimiento del enorme jardín del chalet que aparece en la película. Por supuesto, esa tarde no había nadie allí. Fuera, en los laberintos de calles que suben al Montgó, los domingos por la tarde no es raro ver curiosos que se acercan a ver cómo viven los ricos. Riqueza como la que se nos enseña en la peli: ostentosa, exagerada,  incluso insultante.

No sé por qué tardé tanto en verla, pero ahora que acabo de hacerlo, pienso que ha sucedido en el momento adecuado. No sé si nueve, siete o cinco años antes hubiera podido entender tan bien la fascinación que puede causar una personalidad como la de Ulises -este y aquel-, y en cualquier caso, me encanta que una parte de mí quede tan bien fotografiada para que los que no la conocéis podáis sentir desde vuestras casas el murmullo de la lonja, la brisilla, otras gaviotas, el olor salado y el ambiente de los pueblos con mar que, para muchos de nosotros, son un ideal al que regresar aún no habiendo estado nunca antes: una Ítaca.

La reseña de la novela, escrita por Manuel Vicent, dice así:

Según el manual de la resurrección, el primer requisito que se exige para resucitar es estar vivo, aunque la vida te sumerja cada día en la profundidad de los mares (...); siempre habrá algún amante que te llame desde cualquier orilla y tú tendrás la necesidad de volver a ella.

Y podemos enlazar varios de estos océanos románticos, igual que ellos mismos se unen y enroscan entre sí formando una masa continuada de agua sobre el mundo, como los océanos de tiempo que cruzó Drácula para reencontrarse con Mina, como el mismo mar que se cruzó en La Odisea, bello, atrayente, peligroso:

Entretanto la sólida nave en su curso ligero se enfrentó a las Sirenas: un soplo feliz la impelía mas de pronto cesó aquella brisa, una calma profunda se sintió alrededor: algún dios alisaba las olas. Levantáronse entonces mis hombres, plegaron la vela, la dejaron caer al fondo del barco y, sentándose al remo, blanqueaban de espumas el mar con las palas pulidas.

PD: Quise ver Océanos antes de publicar esto, pese a llevar escrito muchos días. El azar -descargas fallidas- impidió que pudiera hacerlo, pese a hacerme muchísima ilusión por la apasionada recomendación de alguien que me apasiona a su vez. Dicen que cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo. Debo ser tonta. Hace relativamente poco,  ese alguien me explicó -mientras con su dedo silueteaba la figura de una ballena jorobada-, cómo eran, cómo vivían, por qué eran distintas y por qué le fascinaban tanto. Yo no podía dejar de mirar el dedo :$.

Marchamos en un mar de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas
(Edgar Morin)

lunes, 3 de mayo de 2010

Caminos


Me senté ahorita a escribir mientras llueve -otra vez-. Últimamente diría que es casi normal que llueva a diario; sucede  sin avisar, y de forma tan suave que tropiezo con el suelo mojado cuando salgo a la calle, aunque nada me lo haya indicado, ni el olor -a geosmina-, ni ese ruido.

Me senté porque tenía ganas de contar una sensación, y me vienen a la cabeza muchas escenas de película para expresarla. Escenas que, sin música no serían las mismas; y tampoco lo serían sin esos crepúsculos y el sol cayendo de esa manera. Como se dice, las palabras solas no llegan. Necesitan música, enfoque, simbolismo, expresiones, emoción. Y todo eso junto solo puede darlo el cine, cómo no.

Hay un género que aglutina mejor que otro todo lo que significa el "soltar todo y largarse" con el que tanto me gusta fantasear, aparte de ese recuerdo constante que todo vivo debería tener de que la muerte vive junto a nosotros y hay que salir ¡ya! y hacer todo lo que queremos, porque ella está ahí, recordándonos que hoy puede ser el mejor día de nuestra vida.... pero también el último. Son las road movies.


Aunque las listas de cada género suelen ser interminables, de las que conozco, mis preferidas se cuentan con los dedos de una mano. A saber: Into the wild, Y tu mamá también, Diarios de motocicleta y Thelma y Louise. Como he dicho tantas veces, mi porcentaje en cultura cinematográfica trata de irse ampliando día tras día, y aunque me temo que ya renuncié a Tarantino, no me cierro a casi nada (tampoco en el cine, jeje :P). Podría enumerar un motivo o varios para cada una de ellas. El principal es el llenárseme los pulmones de oxígeno cada vez que las veo o pienso en ellas. Y no es poco eso. El resto, el ver en los parajes que conocemos y en los que desconocemos el modo de conocernos más, acompañados por la música y avanzando hacia muchos sitios que no llevan necesariamente un nombre de lugar.

Estos días vi la quinta, la que completaría mi mano. El cuatro queda siempre a medio camino,  como un "quiero y no puedo", siendo el cinco mucho más chulo -siempre lo imagino de color amarillo, qué cosas-...


La encontré de casualidad al leer el título mientras buceaba en los viejos tiempos de un foro: Viaje a Darjeeling. No tenía ninguna referencia más, pero el que llevara la palabra viaje hizo automáticamente que me atrajera, qué filón tienen en mí los publicistas y traductores. Al principio no me dijo nada especial -dejando aparte la luz, el color y la música: geniales-, y cuando ya prácticamente pensé en que no era lo que me esperaba, faltándome un trozo para ver -más largo de lo que pensaba-, sucedió una escena que hizo que me replanteara toda la película. Y que la guardara.

Curiosamente anoche, mi amigo me comentó que había hecho -él también-, una completa limpieza de primavera. De eso trata esa escena, de limpiezas, de equipajes, de ligereza y de replanteamiento.

Cómo no, os la recomiendo. Y esta entrada no significa tampoco lo mismo sin escuchar esta canción:

lunes, 5 de abril de 2010

Carencias


El amor, algo tan complicado de definir y algo a lo que muchas veces se teme definir... porque ni sé sabe cómo hacerlo. Hace unos meses leí en una revista las claves -tan subjetivas como respetables- mediante las cuales se podía saber si era o no era, con tal de no confundirlo con "deseo sexual, interés o costumbre" (sic). Paso a pegar aquí los indicios que harían aclarar los sentimientos del lector  de esa revista en caso de dudar (sobra decir que los copié en word :P):

- La sola presencia de la persona amada te alegra y reconforta. Junto a ella, los problemas parecen menos graves y la tristeza desaparece como por arte de magia.

- Su felicidad también es la tuya. Te alegras de sus éxitos y te entristeces con sus fracasos. Por esta razón, te empleas al máximo para ayudarle a que pueda conseguir sus objetivos.

- Cuando hay un problema, tienes un gran interés por solucionarlo de la mejor manera posible, sin dañar al otro ni perjudicarlo.

- La felicidad y estabilidad que te da su amor te hace sentir con mucha más fuerza y energía para mejorar como persona.

- Tenéis planes y deseos conjuntos. No concibes el futuro sin su presencia y tienes muy en cuenta su opinión a la hora de tomar una decisión importante.

- Su amor da sentido a tu existencia. A su lado, tienes la impresión de que la vida, a pesar de que no siempre es agradable, merece ser vivida.

Bien, tengo algo que decir ahora. Si alguien ha leído hasta aquí con algún tipo de interés me pregunto si es que acaso ha tenido o tiene ese tipo de dudas hacia su relación, pasada o presente. Si alguien lo ha hecho por curiosidad, puede haber pensado que sí, que más o menos se trata de "lo de siempre", o sea, la sensación de que alguien puede completar (aquí los más acérrimos defensores del individualismo de la persona hasta el infinito y más allá quizás piensen que "no, nunca, uno puede "ser" plenamente sin necesidad de otra persona"), complementar (bueeeeno, puede, pero "a ver si pensando esto pongo en entredicho que necesito complementarme para ser yo..., y no, no quiero admitirlo... ni siquiera insinuarlo"), o tal vez  enriquecer (mucho mucho mejor, eso sí, "estar contigo me hace ser mejor").

Vale -o fale, como dice mi profesor de alemán desde el día que le dijimos que los catalanoparlantes somos capaces de pronunciar clara y diferenciadamente la "b" y la "v" sin esfuerzo (desde entonces enfatiza esa "f"...)-. Estaba hablando de amor, del amor, de un amor. Pero entonces... ¿qué sucede dentro de la cabeza de quien está sintiendo exactamente eso por alguien, hacia alguien, con alguien o junto a alguien... y sin embargo puede sentirlo "casi" o "parecido" por otra persona?. Ya he tocado en este blog varias veces el tema de la atracción, del morbillo, del deseo... No hablo ahora de eso, y vuelvo a recordar que pienso que nuestro cuerpo -entendido como nuestra parte física, sexual- nace pidiendo poligamia a gritos... y la cultura, las costumbres y la repetición hacen que nos conformemos -aunque el verbo conformarse suene un poco mal, la verdad- con ser monógamos. No entraré ahora a aportar datos o referencias, ya que, habiéndolo dicho Punset, sé que tengo el aval suficiente para que al menos dudéis :P...

Yo hablaba del sentimiento más puro y platónico, nada de cuerpos ni olores ni químicas. Hay una película reciente que toca este tema y que vi hace un par de días; se trata de "Castillos de cartón". No desvelo apenas, es mejor verla, pero diré que donde normalmente hay un dúo encontramos un trío y que todo empieza por un casual... y algunas carencias.  Es de cajón pensar que cuando dudamos de nuestros sentimientos hacia alguien -en el estadio en que aparentemente "todo está bien" y somos correspondidos, solo hay una posible causa: hay algo que no nos termina de cuadrar, convencer, gustar. Ahí tenemos una carencia, un eslaboncito que hace que la cadena no gire del todo. Y con toda la lógica que se puede usar en estos asuntos, podrá ser bastante probable que, cuando conozcamos o intimemos más con un tercero, esa sea la cualidad que más nos atraiga. Atracción, interés, gusto... amor ¿por qué no?

¿Que el todo compensa las partes? sí, seguramente sea así, nadie es perfecto -ni siquiera yo, y esto es un guiño, por supuesto ;)-. Pero que la cualidad que tanto nos gusta en las personas y que oh, no tiene la persona que nos gusta no deja ni tiene por qué dejar de llamarnos la atención en otra gente.  Seguramente, para más inri -el cerebro y sus caprichos-, si resulta que no estamos en el momento que nombré antes de "todo está bien", puede que seamos capaces solamente de ver esa virtud y ser ciegos a los defectos (y eso sin estar aún en modo-enamoramiento-ceguera total).  Y ahora llega el punto en que no es necesario volver a enumerar el proceso por el que algo empieza. A mí me sigue haciendo gracia a estas alturas que digamos -incluida yo- "de este agua no beberé" en este y otros asuntos. Todo empieza un día. Todo.

jueves, 18 de marzo de 2010

Una pequeñísima selección

 
Me encanta el cine español. No debería especificarlo, porque quizás de ese modo lo discrimino un poco sin querer, al distinguirlo del genérico cine, pero es que me apetece decirlo así, con su nombre y su apellido. Lo encuentro cercano, en ocasiones demasiado crudo y falto de la fantasía que son capaces de meter los norteamericanos en cualquier historia corriente. Pero me veo en él, me identifico con esas personas y casi siempre me deja un rato pensando en algunos por qués. Hoy, y seguramente para tapar el amargor de la anterior entrada, me ha apetecido hacer un post simplón en su concepto y mucho más visual de lo que estoy acostumbrada a publicar. Echando mano de memoria y aprovechando que comenté algunas pelis en un foro hace tiempo, paso a enumerar algunas que me gustaron especialmente en su día. No pondré más que una imagen, o un cartel, lo que encuentre por ahí, y dos o tres frases o motivos que os daría para que os acercárais a ellas si algún día me viera en plan "un minuto para convencer al jurado" :D.



Uno de los círculos con los que tanto me hace disfrutar Medem. Azul mediterráneo, arena de color claro, olor de sal que salta de la pantalla a nuestro sofá -sí, sí, hablo en serio, ya lo comprobaréis-. Personajes, como islas, sin nada realmente que les una a ningún sitio. Que se encuentran y reencuentran. Que se necesitan unos para dar razón de ser a los otros. Y Najwa, que siempre dice más con sus ojos que muchas con un guión hecho a medida.




Cuando una persona desaparece para siempre hay dos opciones: tratar de olvidarla o no dejar de recordarla.
Se os encogerá el corazón. Y avisé...




Ágil, original, tal vez arriesgada por el efecto de la cámara al hombro. Diferente.




Cuento de amor partiendo de un beso y una promesa (cómo me acabo de acordar al decir esto de Burning...). Intrigante, con final sorprendente y en uno de sus papeles protagonistas una debilidad mía - a quien he tenido el gusto de "conocer" personalmente-: Julio Perillán (ains, ya te descubrirán, ya...)




Dignidad. Buenas interpretaciones -si está Candela siempre las habrá, incluso en la maleja Los años desnudos-. Un tremendo nudo en la garganta.




No hay nada más bello que lo que nunca se ha tenido...


Obviamente quedó fuera prácticamente todo el iceberg, empezando por cualquiera de Almodóvar -creo que Kika es la única que no me gustó-, las clásicas en B/N, las anteriores a los ochenta que poco a poco iré conociendo a medida que me las vayan recomendando directa o indirectamente; uf, si esto ha quedado más corto que otra cosa, pero cómo me apetecía ponéroslas....

Y esto... feliz puente de San José :)

miércoles, 17 de marzo de 2010

¿Qué fue de ti?


A José Luis Garci se le tiene mucha manía -al menos en España, como no podía ser de otra manera-. Sin embargo yo, si tuviera ocasión de conocerle, solo tendría palabras de gratitud, porque gracias a él pasé unos memorables martes de cine- nunca mejor dicho-, al ver esa noche y no otras el programa emitido la víspera, lunes (cosas de los vídeos y los DVD grabadores).

Aparte de traerme a mi casa y a mi vida los recovecos del cine, o, como dirían en Radio 5 los secretos de rodaje, me hizo interesarme por él como cineasta, y si bien puede que las películas que he visto suyas no sean de las que pondría en lista de preferidas o altamente recomendables, no se le podrá negar el preciosismo, el detalle y la sensibilidad.

Nunca había visto esa peli. La bajé quizás por ver una referencia en algún lado, ni siquiera del por qué me acuerdo, y mira que normalmente atamos lo que hacemos sin darnos cuenta y simplemente tirando un poquitín del hilo vamos retrocediendo hasta llegar a la causa de nuestro efecto-presente.

Era sábado. Llovía -casi cien por cien de seguridad viendo la que nos ha caído este invierno-; hacía mucho frío -alguien que duerme con calcetines hasta casi entrado el verano no podría decir otra cosa-, y, por supuesto, no tenía conexión para perderme cliqueando de forma sistemática y ansiosa como hago/hacemos muchos.

¿Qué decir? que la vi de un tirón -nada habitual en mi caso-, que me encantó ver cómo era España esos años -otra vez-, que Antonio Ferrandis hizo un papel elegante como pocos, y que Encarna Paso se hizo conmigo a los pocos planos.


Me parece que hasta los treinta años no pensé nunca nunca en la posibilidad de que uno pudiera alejarse de alguien queriéndole. A lo mejor mi microchip de cómoeslavidarealmente estaba un poco en su versión 1.0 y tenía falta de un reseteo o formateo directamente. ¿Qué? las cosas salen bien si hay voluntad por ambas partes, si al final el cariño es lo que prevalece, si teniendo eso... ¿qué impedimentos van a haber?, si mira, contra viento y marea, ahí estamos, valóralo, si...

Empecé hace unos meses a entender y asumir que a veces las cosas suceden porque no hay más remedio, que por mucha voluntad que se ponga -incluso por ambas partes-, a veces las personas se alejan y separan sin más. Me lo contó un amigo una noche. Seguramente yo andaría llorando. Y lloraría en mi versión 1.1.0, es decir, sorbiendo mocos y notando como algo se me rompía a pedazos por dentro. Algo que por mucho empeño que puse, no pudo ser.

Bueno, en Volver a empezar, Antonio y Elena -Antonio y Encarna- se separan un tiempo. Un tiempo, que pudiendo ser semanas o meses se transforma en cuarenta años. Se dice pronto. Causas ajenas, directas, qué más da. El hecho está ahi. Vidas paralelas.

Cuando se reencuentran, en un momento tan "decíamos ayer", solamente después de haber hecho el amor, ella le pregunta tiernamente: "- Y dime, ¿qué fue de ti?"

Escuchar esa frase me impactó, me descolocó, me trajo viejos fantasmas al presente, me afectó...

Y, como digo muchas veces... solo ese ratito me hará recordar esa película para los restos.

sábado, 20 de febrero de 2010

Alaska

 
Cada uno de nosotros tiene un lugar donde escapar aunque sea entre maldiciones y momentos rabiosos. Anoche, sin ir más lejos, me encontraba viendo esa curiosidad antropológica llamada Hermano mayor, y la Nini de turno dijo: "Arr Congo, me voy par Congo..." (me pregunto, habiendo visto cómo se "desenvuelve" por la vida la gachí, qué haría por aquellas tierras, eeen fin).

Cuando era pequeña, mi madre solía decir, entre suspiros, que se largaba a Benicàssim. No, entonces no se celebraba el FIB ni nada parecido, jeje, sino que allí había uno de los únicos balnearios de la época; (ummm, ¿mensaje subliminal acaso? :P); también recuerdo a mi vecina Pepita, -de la que podría escribir un libro,- lanzando aullidos por su boca pidiendo ir a la Santa Faz, para, seguidamente, decir eso tan oído de: "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Mi vecina era muchísimo más heavy que mi madre, jaja.

Introducción chorra aparte, en estos días con mil y una batallas contra las Telecomunicaciones de las Españas (me río por no llorar), yo más bien, puestos a elegir destino donde escapar de mis rabias y mis perdidasdeantemano batallas dialécticas con los comerciales, y porque yo lo valgo, que dirían las modelos que anuncian L'Orèal, me quedo con ese lugar tan evocador, tan blanco y tan lejano: Alaska.

Cómo no recordar a ese chaval de pensamientos tan puros como ingenuos quizás que fue Chris McAndless (del que ya hablé aquí, aunque digan que está feoso autocitarse, bah), o la foto en el bolsillo de Butch en Un mundo perfecto...

Alaska... , tan lejana, y sin embargo -poniéndole muchísima voluntad, eso sí- tan cercana a nosotros si la miramos por el otro lado, por el estrecho de Bering (¿o acaso será que cuando la distancia es por tierra parece más "a mano" que cuando es por mar?... no me hagáis demasiado caso hoy).

Alaska... extensión para pensar, para mirar a todos lados sin límite, para que el frío nos haga enroscarnos al máximo en la misma postura en la que pasamos los primeros meses de nuestras vidas. Como una vuelta al sitio de donde venimos, como un paréntesis, un formateo en el pensar, en el actuar, el sentir.

  "(...) Esa tierra a donde uno avanza en busca de autoconocimiento (...). Todo ser humano busca su Alaska, ese lugar mítico, un tanto onírico para encontrar a una posibilidad de sí mismo. (...) Alguna vez me cuestioné todo lo que hacía en mi vida y escapé al extranjero a buscar ese territorio renovador e ilusorio" (Roberto Duarte)"

¿Demasiado frío? seguro. Pero menuda es nuestra mente para fabricarse alicientes y alternativas... Alguien muy querido para mí escribió un día: "Uno de mis deseos es pasear por la playa de Zihuatanejo..."

Y puso los ojos en blanco :)

martes, 16 de febrero de 2010

Una recomendación

 
Bueno, he intentado por tercera o cuarta vez que Avatar captara mi atención más allá de los 45 minutos.... Quizás es que no son horas las de después de comer -aunque ummm, en algunas no me duermo...-, o tal vez sea que no es necesario que lo que gusta a casi todo el mundo me tenga que gustar a mí (por algo se ideó el adverbio "casi", digo yo), pero la cosa es que no lo ha conseguido :(, y tampoco es que sea una espectadora hipermegaexigente...

En fin, entro un minutín a desquitarme de esa sensación rara-mala de no comulgar con los gustos actuales de muchísima gente, y de paso aprovecho para recomendaros la joyita que vi ayer. Me encantó cuando la vi en su día, en aquella época en la que el DVD grabador entró en mi vida -qué poco tardan algunos inventos en ser solapados por otros nuevos- y no tenía que estar pendiente de programar con exactitud la hora de inicio y la de fin, ni de tener cintas en blanco listas.

Que una peli casi desconocida (otra vez el "casi") y poco promocionada transcurra en las Islas Británicas es para mí una baza lo suficientemente importante. Si además sucede en Irlanda ya seguro que me gusta, no sé por qué. Dicen que los irlandeses son los más mediterráneos de los británicos, cuando la verdad es que son celtas, y me pregunto si acaso no somos nosotros los más irlandeses de los europeos no-insulares, y por eso nos caemos tan bien entre nosotros. No sé, ellos ríen, hablan por los codos, bailan, sienten la música... y disfrutan de la vida, cosa que no todos -ni casi todos-, sean mediterráneos o celtas son capaces de hacer.

Os presento una peli deliciosa, agradable, redondita, entrañable, encantadora: Despertando a Ned

Que la disfrutéis... a la manera irlandesa ;)

miércoles, 13 de enero de 2010

No es extraño


Tendríamos catorce años, algunas -las más viejunas :P-, quince quizás. Sé que era un día de los que normalmente se aprovechan yéndose a pasarlo a la playa, una de estas fiestas locales que no llegan a día festivo pero tampoco terminan de ser días normales.  Bueno, fuimos al videoclub, y a esos años se está en esa tierra de nadie en la vida de cualquiera en que uno no termina de ser niño y ansía empezar a ver qué hay más allá, tras la frontera de la adultez, de los mayores.

Cogimos una de Eloy de la Iglesia, director fetiche para algunas de nosotras esos años. Cómo no, si estábamos todas (o casi todas) coladitas hasta los huesos por José Luis Manzano, con esa carita de niño, con ese tormento dentro; ese ser normal y corriente que nos mostró todo lo que no era recomendable, sin actuar siquiera, solamente estando allí y dejándose filmar como en un día cualquiera en su vida -su cortísima vida-. Uno de mis primeros amores platónicos.

Creo que era Navajeros, aunque por un segundo dudé ahora si fue El Pico II, ya que las escenas de sexo de ésta entre el Lenda y la otra fueron de las que más recuerdo, quizás mis primeros pensamientos de ese tipo (qué fisno, jeje). Bueno, una, otra, qué más da. Todas allí mirando sentadas en el sofá cómo la embestía. A saber lo que pasaba por cada una de nuestras cabezas, madre mía, a esas edades, ¿qué iba a pasar si no? jajaja.

La cosa estuvo en que, entre embestida, desgarro, arrebatos de túmbate ahi, deja, no dejes, te adoro, fóllame y tal y cual, mi cabeza pasó de estar a lo que estaba para quedar hipnotizada por algo que sonaba de fondo.

Era la canción de Burning  No es extraño.

No sé qué me pasó con esa canción, pero también ella me enamoró, casi tanto como José Luis Manzano, quién sabe. Uno puede enamorarse de una voz como esa, de ese deje de vuelta de todo, de esa letra, ese romanticismo de película de cine negro, de inviernos en Lisboa, de vidas paralelas que parecen no encontrarse nunca, de clubes de Jazz... (hay que ver cuánto ha hecho el cine, las novelas y las canciones -ficción casi siempre- por las fantasías de mucha gente, cómo las ha alimentado...)

Luego, por supuesto, los seguí, y como pasa a veces -aunque pueda parecer siempre, es solo a veces-, me siguieron gustando siempre, siempre de la misma manera. Y esa canción, esa canción con esa letra, esa historia tremenda. Qué daría yo por ver a los que quedan, por escucharlos, en fin...

¿Y quién no soñó alguna vez en su vida con vivir una historia como esta... aunque pueda doler?

domingo, 10 de enero de 2010

Frío


Tengo en cuenta cualquier reseña sobre pelis que pasa por delante de mis ojos. Prefiero los consejos que provienen de las personas que más conozco o más me conocen, lo he dicho varias veces, y también los motivos para que sea así..., pero en su defecto, echo mano de listas vistas en blogs, revistas, diarios...
La lista que apareció en el Magazine de El Mundo la semana pasada -no compro nunca ese diario, a menos que me regalen una peli tan estupenda como la que regalaron ese domingo...- era de cien películas dentro de una década que más bien está acabando, puesto que hasta que no acaba el diez, digo yo que no hay diez cosas, años, o lo que sea que se cuente, se almacene, se complete o se redondee con un diez.

Las diez primeras... ohh, Amélie, mi Amélie encabezando el ránking, qué bien pintaba eso para mis gustos... La segunda, precisamente la que me había llevado a comprar el diario ese domingo. La tercera,  Olvídate de mí, una perfecta desconocida hasta ese momento. Perfecta desconocida con perfectos actores. ¿Cómo no me sonaba de nada? Bueno, el que redactó la minúscula reseña que acompañaba ese título pudo dar con la clave: "la traducción del título es penosa y devalúa injustamente la cinta". Sí, puede que ver en primera plana el rostro risueño de Carrey con esa frase más pudiera llevarnos a pensar que se trataba de otra comedia más, parecida a tantas y tantas, y, por mucho que me suelan gustar, no las veo todas ni me interesan todas, ni mucho menos...

Nada de eso. No sé si debería haberla visto, una vez vista... Las casas de la playa en invierno siempre me produjeron un tremendo desasosiego: esa ausencia de vida -que no muerte-, esa decadencia de viviendas cerradas, deshabitadas durante meses, de madera envejecida de año en año y hierros oxidados me resulta demasiado familiar. Y también el frío, ese frío mojado que te llega hasta el tuétano y tan desagradable resulta. Han habido muchas risas en la playa de noche, cuando quizás no pensaba tanto como ahora hago, pero ahora no es lo mismo. En esa película, la escena más tremenda transcurría en una casa de playa, deshabitada... y en invierno:

- Ójala te hubieras quedado...
- Yo también lo desearía. Ahora desearía haberme quedado, y haber hecho muchas cosas. Oh, vaya, ójala... ójala me hubiera quedado... en serio.
- Pues yo cuando bajé... ya no estabas.
- Me fui, salí por la puerta.
- ¿Por qué?
- No lo sé, me sentía como un niño asustado, no sé. Me sentí con el agua hasta el cuello.
- ¿Estabas asustado?
- Sí, creí que ya sabías eso. Volví corriendo hasta la hoguera intentando vencer mi humillación, creo.
- ¿Fue por algo que dije?
- Sí, dijiste: vete... pero con mucho desdén ¿sabes?
- Ah, lo siento...
- No importa...
- Joel... ¿y si esta vez te quedaras?
- Salí por la puerta. No me queda ningún recuerdo...
- Vuelve, y al menos inventa una despedida. Finjamos que la tuvimos.

- Adiós, Joel.
- Te quiero...
- Encuéntrame en Mountauk...
  
Con muchas escenas somos capaces de emocionarnos, de romper a llorar, las hay tremendamente efectistas. Con esta llegué a sentir, además, ese frío, la humedad serpenteante alcanzando todo dentro de mí, hasta la cabeza, hasta los pensamientos...

El título original de la película leo que es un fragmento de Eloisa to Abelard, de Alexander Pope:

How happy is the blameless vestal's lot!
The wordl forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resingn'd.

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno resplandor de la mente inmaculada!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.

-"Puedes borrar a una persona de tu mente. Sacarla de tu corazón es otra historia..."

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Una elección


Termina un año más. Decir ese "más" no es quitarle valor,  y más sabiendo que cada minuto es un regalo. Puede que lo peor esté por llegar, como me dijo hace unos meses mi madre -muy animosa ella- , pero mientras, durante, también llegará lo mejor, estoy segura. Si no, menuda estafa pues;  yo, que confío en  Chaplin, no puedo no pensar eso. Debo pensar eso.

Una de las películas que creo que más gustan a casi todo el mundo es la aquí titulada Cadena Perpetua. El título me echó atrás en su estreno, lo recuerdo como si fuera ahora. Iba de cárceles, y con ese título buff, como que no, no me apetecía nada de nada verla.

Pero mi hermano mayor me la vendió muy bien: "és bonica". Bonico es el adjetivo más alto que se le puede dar a algo, el más valioso. Hay cosas buenas. Bonico es más que bueno. Aquí, cuando una persona es bonica no significa que sea un bellezón. Es más que eso, un conjunto de virtudes, de decir: "qué bien haberla conocido", "ahora que la conozco, forma ya parte de mi vida".

En una cárcel -real o imaginaria- uno puede amargarse, tiene todas las papeletas para ello. La "vida" que se nos muestra allí es tremenda -porque yo nunca he estado en una de verdad-. Se puede uno hundir, o pensar de la manera en que lo hacía Andy Dufresne:

"Sí, vale, eso es lo que hay, está allí y yo estoy aquí, todo se reduce a una simple elección: empeñarse en vivir o empeñarse en morir"

Toda la película es una lección de esperanza y superación. Os enlazo trozos del guión (espero que bien traducidos): Aquí.

Y un vídeo que resume cómo se puede ser una persona especial sin venir de otro planeta y solamente con pequeños detalles:



Por lo demás, Feliz Año Nuevo y, como digo siempre, salud sobre todo.

lunes, 28 de diciembre de 2009

La chica de la película


Creo que sé por qué me gustan tanto últimamente las comedias románticas -lo que no me gusta es esa denominación que le han puesto...-. En ellas no se dan giros imposibles que no suelen suceder en la vida real; es decir, los sentimientos de la gente no cambian de repente, y si ha habido un camino descendente, nunca nunca se vuelve a subir. No hay ranas besables, ni brujas que se vuelven buenas, ni perdonavidas que recapacitan y se llevan recompensa. La gente, simplemente, cuando ve que algo no funciona, hace borrón y cuenta nueva. Cambia. Las situaciones suceden,  un poco aceleradas (al fin y al cabo son ficción), pero siguiendo su curso natural.

Ayer tuve una conversación que más pareció un diálogo contra un espejo. Por momentos no podía creer que lo que escuchaba no hubiera sido dicho o pensado por mí antes. Fue tal la empatía que dejo aquí  -por si lo lee esa persona- una frase genial de una peli que me gustó bastante. Se trata de The Holiday, y la escena transcurre en un restaurante. Un viejo guionista de Hollywood le dice a Iris (la siempre adecuada Kate Winslet):

- "Te dejó; no es difícil llegar a esa conclusión. Iris, en las películas están las protagonistas y las amigas de la chica. Tú, te lo aseguro, eres una protagonista, pero no sé por qué actúas como la amiga de la chica".

viernes, 18 de diciembre de 2009

Viajes

 
Ayer tarde, hablando de cine con un amigo, le comentaba que durante muchos años mi película favorita había sido El Regreso. Esos años me sentía especialmente atraída por la temática de la Guerra de Vietnam -creo que, o lo he dicho ya por aquí, o acabo de tener un Dejà Vu- . Pensándolo bien puede que me atrajeran todas las guerras, ahora que caigo, porque podría decirse que mi introducción en el cine "de adultos" había sido ver, a los quince o dieciséis años Johnny cogió su fusil. La dieron sobre la una de la madrugada. Todavía no era una lirona, y para nada necesitaba el dormir tal y como lo necesito ahora. La vi con uno de mis hermanos, trasnochador de toda la vida y quien me introdujo en varios mundos que forman parte de mi vida ahora: la música, la lengua inglesa y el cine en sí -ya que se tragaba todas las sesiones de Filmoteca TV y Cineclub, a poder ser en versión original, fuesen en el idioma que fuesen, ya que tiene el don de la poliglotía-.

Seguramente no hablamos mientras la vimos, porque no recuerdo absolutamente nada al respecto, ni un comentario, ni siquiera recuerdo haber respirado los ciento once minutos que duró. Solo que tenía un nudo todo el tiempo, que aquello era muy fuerte, y que necesitaba soltarlo como fuera, pero no en ese momento. Al día siguiente, sí que recuerdo que en clase de Literatura solo quería hablar de ella. No hablábamos de la I Guerra Mundial, no venía a cuento (¡si estábamos en clase de literatura!), pero era una clase que fomentaba la participación, con Nacho Cabezas a la cabeza, valga la redundancia, y necesitaba hablar de esa película, soltar ese nudo que me apretaba desde la noche anterior de manera tan fuerte.

Esa fue pues la primera película que me marcó, pero no tuvo nunca el estatus de "película favorita" que tuvo hasta hace nada la de Ashby... Me pregunto qué me gustó tanto de ella a los veinte años. Seguramente su comienzo sea, junto con el de Buscando a Nemo, uno de los que más me afecten emocionalmente, de los que creo que mejor ajustan los créditos iniciales con la música, de los más logrados que he visto hasta ahora -con lo que me queda por ver...-. Bruce Dern corriendo, sin parar de correr; al mismo tiempo, otros que antes corrían no lo podrán hacer más, y se juntan todos esos planos, con una canción que me encanta y que no he logrado averiguar nunca de quién es :(.

Hace unos años hablamos otra vez de ella un grupo de gente hasta entonces desconocida y yo misma. Tenía entonces treinta y cuatro años y, pese al recuerdo tan claro de ese comienzo que logró atraparme, y cómo no, de ese transcurso y su final -entre medias, Sympathy for the Devil y los estupendos Jon Voight y Jane Fonda, representantes del setentismo norteamericano del cine que yo conozco, que ya dije que no es mucho-, me pareció comprender por qué me gustaba tanto: me había mostrado a las claras que la vida da muchas vueltas, y  a veces lo que has esperado durante tanto tiempo puede acabar volviéndose en tu contra, e incluso llegar a aborrecerlo.

Ya digo, después de esa conversación de ayer en que salió ella, la palabra regreso quedó subliminalmente en mi runruneo el resto del día. Fue inevitable pues pensar en ese concepto y no recordar a Odiseo, su viaje... y su vuelta. Cada cambio de hábito y costumbre supone un viaje; las crisis mismas son una ocasión única para viajar, y no me refiero físicamente, sino mentalmente. También lo son los cambios de estación, las vacaciones, las ausencias - las nuestras y las de otros...- Cuando uno regresa de uno de esos viajes, puede haber superado el temor a esos monstruos, que, como dijo Kafávis, no se nos presentarán siempre que nuestro pensamiento esté en paz, ya que viven dentro de nosotros. Contra nosotros mismos debe llevarse a cabo la mayor empresa y lucha, y así, nuestras expectativas sobre Ítaca serán menos elevadas, y se nos mostrará ante nosotros, fácil, accesible...

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades de Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

martes, 15 de diciembre de 2009

Caledfwlch


Recuerdo al perro con cabeza de hombre barbudo de Encuentros en la tercera fase. Durante años pensé que lo había soñado, pero me extrañaba, al tener esa imagen tan nítida. Comprobar que existía en realidad, aunque fuese de ficción, me tranquilizó, vaya que si me tranquilizó... Yo lo recordaba en forma de cromo, en un álbum que rellenaban mis hermanos mayores. Y confieso que me daba canguelo abrir el álbum por esa página. Era un álbum de cine, de esos en los que los cromos eran de cartón y se pegaban con Imedio, quedando el tocho todo hinchado e irregular.

También recuerdo por entero Excalibur. Me recuerdo enamorándome de la Materia de Bretaña- qué casualidades que justamente unos años después leyera un libro titulado así unas veinticinco veces seguidas-. Decía que me enamoré de todo eso, y seguramente a partir de esa película. Y lo mucho que me sorprendí cuando, por azar, completamente por azar, bajé de aquel bus de la National Express en Caerdydd, cuando yo no tenía que estar allí de ninguna manera. Qué nombres tan extraños... Cymru, Caerphilly... Allí estaban, en cada señal, camuflados entre la neblina, otorgando al conjunto todavía más reminiscencias celtas. Enamorándome todavía más.

Para mí hasta entonces habían existido Inglaterra, Escocia, Irlanda... pero apenas había advertido tímidamente ese pequeño país, del que desconocía casi todo. Y resulta ser que allí se habían gestado la mayoría de leyendas artúricas.

Dije antes que recordaba Excalibur. Sí, sobre todo la escena de La Dama del Lago. Eran personas, no dibujos, y pasaban cosas sobrenaturales. Era una mujer sumergiéndose en un lago, en un mundo de fantasía -como dice mi hijo cada vez que escucha la canción 20 de abril, qué cosas- . Creo que esa mujer, ese lago y todo lo que la rodeaba nunca se me van a borrar de la memoria.

A esas edades no sabes si aquello es realidad, todavía uno cree en lo sobrenatural, incluso en Dios. Uno se va haciendo mayor  y piensa que Camelot, Morgana, Merlín, Sir Lancelot o Ginebra han existido, en otro lugar y otro tiempo...

Tienen algo los galeses -también lo aprecié en los escoceses- que los hace entrañables. Están -como dijo una vez una chica jovencita en un programa de radio, haciéndome parar en seco lo que estaba haciendo- enamorados de su tierra. Ellos no tienen tiendas de souvenirs, ellos forman parte de una historia fantástica, y entras en cualquier tiendecita a comprar plata, o dragones, y, a medida que van contándote esas historias -con gusto  de contarlas, porque eso se nota-, van transformando sus rostros, y sus cejas pobladas se transforman en cejas puntiagudas, y llega un punto en que no sabes si es un tendero, un duende o un buen actor interpretando. Y allí te ves, rodeado de motivos celtas, escuchando música celta, con la nariz despejada por la bruma celta... y no terminas de creerte que hoy en día  sepamos a ciencia cierta que todo eso  no existió jamás, aunque tenga nombre y esté descrito pormenorizadamente. Aunque haya resistido siglos y siglos. Y claro, sientes que no estás en una simple tienda, como si en cualquier momento fuera a suceder algo "diferente".

Tengo una anécdota muy preciosa -como diría Heidi ;)-: conocí en el trabajo a un matrimonio galés. Me preguntaron dónde había aprendido a hablar inglés. Les conté, y al cabo de unas semanas recibí una postal:

Recuerdo a todas y cada una de las personas a las que conocí. Sus caras, sus nombres, sus voces, sus risas. Cuando terminábamos el turno de noche, solíamos reunirnos en el Staff-Room con una gran mug de té con leche. Ellos contaban leyendas, yo flipaba en colores.

Hay que viajar, viajar todo lo que se pueda. El domingo noche cómo disfrutamos una amiga y yo en el msn. Quedamos en irnos con más gente a Dublín, a beber cerveza negra mientras escuchamos grupos de folk noche tras noche, aunque salgamos a rastras y nuestros estómagos treintañeros nos pidan al día siguiente Alquén u Omeprazol. Luego mi amigo se reía cuando se lo contaba -porque claro, él también tiene que venir... -, y le dije: "vale, sí, no sé si lo haremos, pero ¿no estaría genial?".

Hay que ir a esos sitios, empaparse con sus leyendas, descalzarse antes de entrar en las Guest Houses. Hay que creerse que uno se está adentrando en las brumas de Avalon.

Y por cierto, ¿sabíais que en Gales hay una estación de tren llamada Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwyll-llantysiliogogogoch?

Dicen que es la que tiene el nombre más largo del mundo... :)

jueves, 3 de diciembre de 2009

Maravilloso Tim Burton


Que el cine sea una de las mejores evasiones, se esté mal o se esté bien, no cabe ninguna duda. Algunos prefieren el ritual primigenio de los asientos blandos, la compañía de gente anónima y la inmensidad de la pantalla; otros eligen la soledad y la manta de la salita; un pequeño porcentaje -supongo- preferimos esto último, acompañado de los cortes que sean necesarios -quizás para asimilar las diferentes partes o simplemente por la dificultad que nos entraña prestar atención a una única cosa durante dos horas como mínimo-.

Hay algunos directores que merecerían la vida eterna, si así la quisieran, y, lo más importante, si esta existiera en realidad. Cada uno tendremos ese de cabecera que sabemos que haga lo que haga, seguramente nos gustará, que es valor seguro para nuestros gustos y del que esperamos no con ansia pero sí con cierta expectativa cada nueva obra.

A mí me gustan muchos. Me sorprendo siempre de la originalidad de Almodóvar, de la profunda reflexión de Medem, del buen hacer que puede resultar de la combinación de un adulto -con todos sus medios y libertades- y un niño de diez años, de esos que aún muestran esa mirada que se tiene de niño y más tarde se acaba perdiendo. Hablaría en este caso de Steven Spielberg, cómo no. Y qué decir del humor de Woody Allen o la exquisita sensibilidad de Jean-Jacques Annaud...

Pero hoy, a día de hoy, al que más me ilusiona ver, ese ante cuya obra terminada me siento con mi paquete de pipas Tijuana - ¿por qué quitarían las Mariachi de Mercadona?- y toneladas de ganas es a Tim Burton.

Puede que mi subconsciente me traicione, y en realidad me acerque a él por ese lado de color negro y pelo revuelto que tanto me recuerda a Robert Smith, o por esa maravilla de actor que es Johnny Depp -payaso, artista... nacido para que todos lo pudiéramos disfrutar.

Puede que me guste el ambiente gótico, pese a entusiasmarme físicamente más el Liberty y sus florecitas de colores... o que sea la música que le compone Danny Elfman -¿alguien ha podido olvidar cómo sonaba Eduardo Manostijeras?- o esa parte de idealismo que hay en esa historia sobre un hombre que trata de hacer que la vida sea como un cuento (consiguiéndolo sobre todo al final) llamada Big Fish...

No puedo enumerar una por una todas las razones por las que diría a alguien que se acercara al Universo Burton, esto se haría demasiado largo. Pero mira, quizás Alicia fue pensada a finales del siglo XIX  en esa Inglaterra de jardines y tazas de té para que más de cien años después, llegara un californiano a modelarla para los niños que, hace cien años se creía que serían como de gris plata y viajarían en naves espaciales, y resultaron ser como los niños de toda la vida, simplemente niños.



lunes, 30 de noviembre de 2009

Sinfonía para un buen hombre


Mi amigo siempre dice que partimos de direcciones contrarias; él piensa que las personas somos malas por naturaleza y la vida nos va endulzando. En cambio, yo creo que todos nacemos buenas personas y las cosas que nos rodean nos van endureciendo.

Gracias a las recomendaciones de Ana (Punto y al arte) y Cris, el pasado sábado vi La vida de los otros. Para leer una buena crítica de esta película os recomiendo pinchar el primero de los enlaces. Para disfrutar un rato de una historia profunda y suave, os recomiendo verla.

El actor principal, Ulrich Mühe, tiene una de esas miradas que hablan por sí solas, y disculpad la expresión tan socorrida, pero en este caso es así literalmente.

Entre una historia muy lograda y unas interpretaciones excelentes, Berlín se nos muestra en tonos verdes grisáceos -o grises enverdados, no sabría definirlo con exactitud-, una ciudad de skai y realite, triste al fin y al cabo. Los únicos momentos que nos devuelven a a la realidad de una vida corriente son unos niños jugando en la calle, el resto es siempre oscuro y decadente. La música nos acompaña acompasada, tranquilizadora, como diciéndonos: "eh, que esto ya está acabando..."

La mirada azul de Mühe hace atisbos de sonrisa en algunos momentos puntuales, para terminar sonriendo -que no riendo- de verdad en la última escena del film.

Sobra decir que si he escrito estas líneas es porque os la recomiendo ¿no? ;)

domingo, 15 de noviembre de 2009

Cicatrices

(The Reader)

Acabé a las once y media ya pasadas de verla. No sé si lloré por ella o por otras cosas, pero estoy casi segura de que ella me ayudó a poder llorar por otras cosas.

El drama alemán sigue estando demasiado latente: "no hables nunca con un alemán sobre eso", "trata de no sacar el tema", "es demasiado delicado", "duele en demasía"...

De la película me quedo con una frase, dicha por el profesor. Cómo escucha el profesor, qué difícil poder poner esa cara al escuchar...

"Lo que sentimos no es importante, no tiene ninguna importancia, porque la única cuestión es lo que hacemos. Si las personas como usted no aprenden de lo que nos pasó a las personas como yo, ¿qué puñetero sentido tiene nada?"

De lo otro, de lo que pienso que me hizo llorar, me quedo con un diálogo. Solamente tiene una dirección, casi sería mejor llamarle monólogo:

"Eso se acabó, ¿verdad?"
" ... "

Él la mira, pensando quizás en los sentimientos de hace más de veinte años, pensando que ella fue la mujer, que no habrá otra que pueda ocupar su lugar en la vida, ni aunque viviera dos, tres vidas. Pero que, aún queriendo, no es, ya no lo es.

Y entonces pienso que a veces es tarde, que demasiadas veces es tarde; que qué difícil es el vivir mientras, así como lo sacan en los metrajes de dos horas aproximadamente, en que de un plano a otro ya han transcurrido cinco, diez, quince años, como si nada.

Pero sí he llegado a una conclusión sobre las personas viendo esta película: a veces, en algunas circunstancias, lo mejor es poner tierra de por medio. Solo así puede uno llegar a valorar algo que en ocasiones piensa que tal vez le sobra o le es prescindible... o tal vez sea uno mismo el que sobre o sea prescindible a otros.