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sábado, 23 de julio de 2011

Blue


Malibú resultó ser cortita desde las casas al mar, y muy muy luminosa. Casas que parecían flotar con largas y flacas patas de madera, como de pirata gigante. Las bases, de tanto oleaje, tanto golpe y tanto desgaste, estaban negruzcas, estropeadas, feas...

Había perros grandotes jugando, mucha espuma empuntillando las olas, gente pescando.

Me giré hacia arriba, mirando una de las casas y fantaseando en cómo sería la vida allí dentro, tan cerquita del mar -imaginando el mar en invierno-.  Y allí estaba, colgada de una pared. Tristona y azul.

Esa visión me hizo pensar que, "incluso en días luminosos y casas blancas, siempre hay un puto huequín para la tristeza".

PD: pero, pese a algunos días feíllos, poquito a poco voy notándome más ubicada y feliz :).

martes, 2 de febrero de 2010

El telescopio de Klimt


Una de las noticias "anecdóticas" de la última semana fue la subasta del cuadro de Gustav Klimt Iglesia en Cassone (aquí el artículo). Argumento totalmente cinematográfico, tremendo contraste entre el mundo  corriente de los mercados de abasto -por poner un ejemplo-, con sus puestos de frutas, carne, embutido, la clientela, los que despachan... y ese otro -tan lejano y distante- de las obras de arte, las herencias... y sus desapariciones. No menos mundo, no menos real, pero sí tan poco mundano -tremenda contradicción, ups- e inaccesible, que parece de otro planeta.

A los amantes de la temática Segundaguerramundialesca -que se cuentan por millones-, les gustará por añadir un episodio más a toda esa telaraña tejida alrededor de ese punto de la Historia. A los amantes del cine basado en hechos reales, les hará frotarse las manos ante una probable película.

Lo cierto es que de Klimt, como de la mayoría de artistas o escritores, me interesa su vida. Hay quien prefiere llegar a sus obras sin importarle ni sentir curiosidad por la circunstancia personal que las rodeó,  y precisamente eso, una vez conocidas, leídas, saboreadas y disfrutadas, es lo que más pasa a interesarme a mí. Gustos.

Parece ser que fue a su vez promiscuo y fiel, si es que pueden simultanearse ambas tendencias. Amó sexualmente a varias mujeres, pero fue fiel toda su vida a su compañera, amiga y musa Emilie Flöge, por lo que podría decirse que la amó intelectualmente... siempre. Junto a ella se encontraba precisamente cuando se enamoró de una visión: una iglesia. Y aquí llega el punto romántico de la historia entre la visión, el cuadro y el pintor. Si aquella imagen no se le ponía a tiro para pintarla plácidamente, él se acercaría a ella, del modo que fuese, y así se sirvió de la ayuda de un telescopio para pintarla. Podía haber sido algo más cercano, más a mano, palpable... pero fue algo que le quedaba físicamente lejos. Y gracias a la técnica -cómo no-, la visión,  la obsesión y el deseo del pintor pudieron materializarse.

Luego, ohh, ese romanticismo resulta que no era tal, y era una constante en su manera de plasmar las cosas:
"(...) tenía la costumbre de utilizar diversos telescopios para enmarcar el paisaje. Así condensaba la imagen, acercaba distancias, eliminaba perspectivas y se recreaba en texturas planas. Solía también otear a través de un pequeño marco de cartón o de marfil, como un fotógrafo que busca el enfoque a través del visor" (más)
Fuese como fuese, al igual que uno escucha el mismo cuento que su vecino quedándose con el halo acogedor de la casita del bosque mientras que otro adquiere miedo ante el peligro que acecha entre los árboles, de esta historia -que me encantó leer-,  yo me quedo con que nada estuvo demasiado lejos, y - queriendo- alcanzó lo inalcanzable. 

lunes, 9 de febrero de 2009

La chica del Café




Me gustaría alguna vez ser esta chica que lee tranquilamente en un Café.

Ayer leí el entusiasmo de una chica de mi edad ante una nueva vivienda, un nuevo barrio y un todo nuevo que se abría ante ella. Sentí un poco de envidieja :$.

Los cambios me atraen, pese a declararme rutinófila convencida, y a veces fantaseo cuando veo las comedias románticas de la tele, con sus protagonistas de más o menos mi edad y esas vidas tan "fantásticas". Desde fuera se adivina un mundo ideal, lleno de independencia, con infinitas posibilidades culturales, con... quién sabe, nuevas aventuras al girar la esquina...

Esa fantasía de estar sentada leyendo en un Café, solitaria, una tarde de lluvia, y cruzar la mirada con un desconocido, entablar una conversación, intercambiar unos números fónicos y empezar una aventura cuanto menos carnal. Eso sólamente pasa en las ciudades.

Luego, sin embargo, conozco a gente que tiene ésto que yo no tengo y se lamentan de su falta de compañía, de la frialdad de la gran ciudad, de la soledad no elegida, de su búsqueda infructuosa de amor.

Nadie aprecia lo que tiene.

No me quejo de mi vida independiente dentro de la dependencia que otorga un pueblo. Soy dueña de mi vida en el momento en que cruzo la puerta, y los domingos tarde "que libro" me pertenecen todos los minutos. Tengo una pila de libros pendientes, una colección de pelis almacenada en mi multimedia, paquetes de pipas Tijuana en la despensa, helado de stracciatella o leche merengada en el congelador y medio millar de canciones en el Mp3 para momentos de sofá, mantita y cerrar los ojos...

Imposible aburrirse, y menos después de semanas caóticas de trabajo, maternidad y cursos varios.

Y, lo que son las cosas, mucha gente detesta la soledad de los domingos tarde.

Hay quienes no son capaces de apreciar su vida siendo ellos, sin más compañía que la suya propia. Y ansían la media naranja que les complete.

Y sólamente tienen que salir a la calle y estar, sin esperar. Porque el que busca o espera algo, se lleva muchos desengaños. Y el que simplemente está, llega un día en que se lleva una sorpresa ;).

(Mural de John Pugh en el Café Trompe L'Oleil, California)

jueves, 5 de febrero de 2009

La vida sigue igual




Esta mañana tuve una pequeña sorpresa. Alguien, con quien tengo una relación muy poco fluida, basada más bien en la simpatía mutua que en verdadero apego, me dejaba un mensaje por estos mundos de Internés diciendo que me echaba de menos...

No sé, me extrañó por tratarse de mí, y me halagó, porque soy de las que extrañan a la gente, pero no sabía que algún día podía ser yo quien estuviera al otro lado, y que alguien, espontáneamente, me diría que notaba mi ausencia.

La frase "el cementerio está llena de personas imprescindibles" siempre me viene a la cabeza ante el mínimo atisbo de endiosamiento por parte de la gente. Juer, si se han ido personas importantísimas de sitios y puestos importantísimos, y todo ha seguido rodando, ¿qué es lo que les pasa por la cabeza a aquellos cuyos egos van como flotando sobre la mediocridad de los de a pie? ¿acaso piensan que cuando se vayan el mundo se va a lamentar por entero?

Si fueran capaces de imaginar por un agujerito cómo todo rueda cuando no estemos, como cantó Silvio...

cómo sabrá
la cerveza que el sepulturero
se beberá
cuando acabe de darme abrigo

... ver que somos nada realmente, y que nuestra única "misión" vidil es estar aquí, procurando vivir, que no es poco, evitando dañar (cosa a veces harto difícil), y tratando de dejar algo bueno, sin más pretensión que compartir... , me parece a mí que muchos bajarían de su pedestal.

Puede que los primeros días cuando uno se va de un sitio se note que no está -y más si era alguien que solía hacer ruido-, pero estoy completamente segura de que a la semana apenas se nota, y al cabo de los meses sólamente poquísimos echan realmente en falta a esa persona.

Mira, otro que lo dijo de una forma muy bonita fue Julio Iglesias:

Al final
las obras quedan las gentes se van

otros que vienen las continuarán
la vida sigue igual...

(Pintura de Benito Quinquela Martín)