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sábado, 18 de diciembre de 2010

Como una isla


Me acerqué a Gloria Fuertes por Ant, claro. La recordaba -como imagino la mayoría de gente de mi generación-, por la gata chundarata y rimas parecidas (confieso que he tenido que buscar porque recordaba más la parodia de Martes y Trece que a ella misma :$). Luego, lo que tiene el tratar de quitar las capas de una persona o un autor: despojarse de la primera impresión, de los prejuicios, del desinterés, de la no-prioridad, de los nomeapetece, nomellamanadalaatención y demás razones o excusas, como quieran ser llamadas. Pero mira, qué bien escribía esa mujer. Y cómo fue capaz bastante joven de acotar al menos su estado de ánimo y reflejarlo tan bien con palabras.

Estos días nos repitieron por segunda vez en un mes que uno no es que no sea comprendido, sino que simplemente no se explica bien. Que no debemos decir: "¿me has entendido?", sino "¿me he explicado?" (al parecer es la primera lección que estudian los coach...), porque uno rumia y vomita palabras sabiendo qué siente al escribirlas, al decirlas, pero el resto... pues no tiene por qué saberlo. E incluso a veces releemos algo escrito años antes y ni nosotros mismos sintonizamos con ese texto, y es como si leyéramos a un desconocido del que no sabemos siquiera el nombre ni  el sexo ni la edad, incapaces de ubicarnos o sentir empatía, solamente porque no se le entiende nada :).

Dejo pues esta poesía, porque Gloria sí sabía cómo explicar cómo se sentía, y tomo prestado pues su sentir:
Soy como esa isla que ignorada,
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
—sola solo—.

Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.

Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.

Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!

Los árboles del bosque de mi isla,
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!

A esta isla que soy, si alguien llega,
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.

Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.

Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.

En el centro del mundo sin un libro
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.
(Isla Ignorada, 1950)

viernes, 3 de diciembre de 2010

Todos duermen

(Fotografía "cobertera sedimentaria despegada", por popsique)

"Todos, todos duermen. Todos están durmiendo en la colina"

Estos días recuerdo una frase. La leí por primera vez el 21 de octubre de 2009. Lo que tiene dejar las cosas por ahí flotando, que luego sabes exactamente cuándo leíste, qué pensaste y qué sentiste y el cerebro no necesita apenas esfuerzo para ubicar sentimientos, y se lee lo que se sentía en ese instante justo, al igual que sabemos qué hora era, qué día y qué modelo de cámara utilizamos un instante concreto. Antes puede que todo fuera más emocionante, usábamos la palabra "aproximadamente"... ;ahora nada es aproximado en la memoria, todo queda escrito, de manera explícita u oculta, y aunque huyéramos y quisiéramos borrar algo del mapa, incluso a nosotros mismos, siempre quedaría algún chispotazo minúsculo en cualquier lado, una huella, con un nick, con otro, en nuestra época oscura, en nuestra época clara, cuando éramos ecologistas radicales, cuando lo fuimos menos porque nos acoplamos al mundo, qué remedio, cuando fuimos totalmente transparentes, sin importarnos compartirnos totalmente a la vista de los demás, porque nos sentíamos felices, porque queríamos que el resto del mundo fuera más bonito y destilábamos amor por todos nuestros poros... y cuando nos arrastramos contra todo pronóstico.

Cuando leí esa frase, que yo recuerde, no había para tanto. Pero eso lo pienso ahora, claro. Si veo el momento justo en que la plasmé por ahí, con otro nick y en otro sitio, recuerdo que veía el mundo como una película. Me autodisculpo porque empecé a adorar el cine hace relativamente poco, y fue como cuando se descubre el mundo, que se va a trompicones, torpemente, con el pie redondo, dando tumbos. La realidad vista con ojos de recién enamorada del cine: todo un guión, todo una imagen, historias más o menos bonitas, conversaciones afectadas, dramatismo también, necesidad de que sucedieran cosas porque sí, porque al fin y al cabo era mi historia y tenía que resultar(me) perfecta.

Hoy recuerdo pues esa frase, sacada de Spoon River, pueblo de muertos, microhistorias y epitafios. Dejé de pensar en la vida dentro de un rectángulo luminoso en una sala a oscuras y me vino como una bofetada. La busqué pensando por qué ese 21de octubre me hizo llorar y seguro, fijo, que el año que viene vuelve a venirme y me preguntaré -otra vez- por qué volvió a principios de este diciembre dejándome de nuevo traspuesta.

Puede que sea solamente el frío.

"This life's sorrow:
(...);
(...)that our hearts are drawn to stars
Which want us not"
"Esto es lo triste de la vida:
que nuestros corazones se sienten atraídos por estrellas
que no nos quieren"

(Herbert Marshall, Antología de Spoon River, Edgar Lee Masters, 1915)

 Interesantísimo artículo sobre Spoon River aquí.

jueves, 19 de agosto de 2010

La ciudad olía a sol


La ciudad olía a sol. Dos de nosotros, casi desconocidos hasta hacía unas horas. Pero ya sabéis eso que dicen de que la risa es la distancia más corta entre personas. También puede, por contraste, serlo la emoción, ese nudo en la garganta que llegado un punto tiene que estallar, y de qué mejor manera que compartiendo, aunque sea la anécdota de otro, la frase de otro, la vida de otro, la historia de otro.

No sabía que tenía la cabeza tan gordota, ni que era tan corpulento. A su lado, yo más bien aparecí como un junco, de esos que tanto tengo por aquí cerca y que me cruzo y vuelvo a cruzar dos, tres, a veces cuatro veces cada día.

Como la de Hernández, la casa donde habitó don Antonio “Manchado” tenía naturaleza entre piedras, debe de ser que los grandes necesitan verde, necesitan flores. Debe ser que la inspiración viene más cargada y más rica cuando uno asoma mientras escribe y se encuentra hojas, nidos, moscas. Vida.

Dos temblábamos, otro también, aunque lo aparente menos. Y la cuarta, la que a punto estuvo de venir, estuvo  a través de su voz dos minutos justos antes de empezar ese viaje al pasado, a lo bello, a la melancolía que nos pasó volando. Una de las horas más cortas de mi vida.

La guía, embaucándonos, relatando a su vez, sintiéndolo. Y nosotros, como niños pequeñazos, dejándonos llevar.

Y sentir que esa fue la cama, que ese el comedor, esas las ventanas –cuánto pasa ante nuestros ojos tras cada una de las ventanas que hemos conocido, que hemos vivido-. Uno piensa mucho cuando mira a través de esos cristales. Puede estar esperando, o impaciente, o simplemente con la mirada perdida, o feliz, y se inspira, o desespera, o simplemente no siente nada y está.

Y de las primeras cosas que uno hace cuando regresa de un lugar como ese es rebuscar, donde sea, encontrar esas palabras que otros nos dejaron. Como cuando uno conoce a alguien fascinante, y se pierde durante horas queriendo ponerse al día de esa que ha sido su vida hasta antes de conocerlo.

"Tiene el manzano el olor
de su poma,
el eucalipto el aroma
de sus hojas, de su flor
el naranjo la fragancia;
y es del huerto
la elegancia
el ciprés obscuro y yerto"


"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles como pompas de jabón
"

jueves, 29 de abril de 2010

Yo estuve allí


Me pregunto, cada vez que visito un lugar, qué motivaciones habrán llevado a las demás personas con las que coincido. No es plan de ponerme a preguntar al primero con el me tope en una visita guiada "- y ¿qué te trajo aquí? ¿qué sientes en este momento?", porque no estamos acostumbrados a ese tipo de preguntas en el día a día, y apurando, ni siquiera con gente con la que tenemos más confianza.

La verdad es que cuando llegamos a un sitio, estamos cansados como aquel que dice de verlo en fotos y películas. Conocemos antes la imagen que la esencia. Y aún así nos ilusiona ir. Quedarse callado ante el escenario donde tuvo lugar la batalla de Little Big Horn, observar el sky line de la capital escocesa desde Arthur's seat, admirar la majestuosidad del Gran Cañón...; interés espiritual, diría yo, como tratando de conectar de alguna manera con eso que sucedió tantos años antes o con esa gente que vivió en el mismo sitio que podemos pisar ahora por obra y gracia del tiempo libre.

Solía usar con una persona la frase que tal vez resumía ese afán por conocer lo ya conocido. Así, riendo, siempre decíamos: "yo estuve allí".

Por mi profesión debo ser imparcial totalmente a la hora de recomendar tal o cual visita, pero los nerviosillos no podemos a veces disimular nuestro entusiasmo, y de igual manera que paso muy rápidamente el apartado de Iglesias -no por nada, sino porque casi todas tienen elementos comunes y cuando el viajero entra en una, ya sabe más o menos lo que se va a encontrar-, se me nota a un kilómetro cuánto me gusta recomendar la visita a las montañas.

Ir ascendiendo suavemente hasta alcanzar los 700 metros de altitud y, al tiempo que se advierte cómo se cambia por completo el paisaje de regadío por el de secano, imaginar cómo vivían los últimos reductos de moriscos, o cómo se podría acceder a esas inexpugnables ruinas hace cientos de años. Ahí, el guía o el informador, ya debe tratar de explicar con qué predisposición se debe adentrar uno en esos parajes e insinuar que lea un poco de la información que se le ha proporcionado con tal de situarse mentalmente ante unas tierras que, en principio, no tienen resquicio de que hubieran sido pisadas alguna vez.

Bueno, viajar, cambiar, conocer, reconocer, saborear, apreciar. Disfrutar, al fin y al cabo.

Ayer, por cuestiones de trabajo precisamente -afortunada yo-, pude ir 157 km hacia el sur a un lugar que me hacía especial ilusión conocer. Para llegar a los postres a veces uno necesita pasar por platos que no le entusiasman, pero siempre ese dulce vale la pena, y es más, el sabor es el que prevalece, ya que es el último.

Era una tarde la de ayer de primavera cálida y muy soleada, pero con el resol de finales de abril, ese que no llega a quemar -aunque sí arrosa la cara ;)-. Era una casa luminosa, acogedora. En el tramo de la cocina al patio, se apreciaba una brisa suavísima. Quizás fue sensación mía, pero creo que nadie hablaba, como en un silencio respetuoso,  y que todo el grupo lo estaba disfrutando igual. Se oyeron más clics que en el resto de sitios que visitamos, e incluso había como una especie de sentimiento de ternura flotando en el ambiente. No era para menos. Estábamos en la casa donde vivió Miguel Hernández.

Sonreír con la alegre tristeza del olivo.
Esperar. No cansarse de esperar la alegría.
Sonriamos. Doremos la luz de cada día
en esta alegre y triste vanidad del ser vivo

No hubo pocos comentarios diciendo qué luminosa era, qué bien se estaba, qué patio tan relajante. Con la montaña inmediatamente detrás y las cuadras y todo encalado como se ha hecho siempre por estas tierras. Si bien llevaba leyendo sobre su vida los días previos, no imaginaba su casa tan cercana al monte y al campo, sino más bien entre medianeras, y me pareció que incluso tenía un microclima especial y que, estando dentro, al sol de su patio y a la sombra de su higuera, el tiempo era perfecto, y aparte, discurría más despacio...

Una vez más, cuánto hace el entorno para que broten unas u otras palabras.


Como la higuera joven
de los barrancos eras.
Y cuando yo pasaba
sonabas en la sierra.

Como la higuera joven,
resplandeciente y ciega.

Como la higuera eres.
Como la higuera vieja.
Y paso, y me saludan
silencio y hojas secas.

Como la higuera eres
que el rayo envejeciera.


Alto soy de mirar a las palmeras,
rudo de convivir con las montañas...
Yo me vi bajo y blando en las aceras
de una ciudad espléndida de arañas.
Difíciles barrancos de escaleras,
calladas cataratas de ascensores,
¡qué impresión de vacío!,
ocupaban el puesto de mis flores,
los aires de mis aires y mi río

Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.

sábado, 6 de marzo de 2010

Un papel arrugado

 
La poesía es para mí buen tiempo, ausencia de nubes amenazadoras y oscuras, brisa más bien cálida. Seguramente en el Instituto daríamos poesía durante todo el curso, o al menos cuando tocaba, y sin embargo... ¿cómo es que la recuerdo llegando el buen tiempo? Por San José la panza se encogía de tanto cosquilleo, abandonábamos las camisetas interiores de manga larga y dejábamos asomar más el cuello. Pedíamos que nos cortaran el pelo de modo tal que desvelara la nuca, y el sol lo aclaraba. Se podía estar al fresco sin sentir frío, y cuando caminabas por la calle notabas esa sensación tan placentera de la temperatura perfecta, la misma que animaba a sacar las sillas a la calle y hacer tertulia. Entre clases -o en vez de clases- caminábamos unos doscientos metros hacia los primeros huertos de naranjos, nos sentábamos en los márgenes de los caminos y nos comíamos alguna. Al terminar, limpiábamos nuestras manos con los agrets, y mientras, hablábamos de lo que estaba por venir, ya que claro, a esas edades, todo está por venir porque nada ha llegado aún.

De Cernuda me quedó el tremendo romanticismo, quizás demasiado tremendo, precisamente. También el esfuerzo de desgranar verso a verso su largo Luis de Baviera escucha Lohengrin. De Miguel Hernández la enorme sensibilidad, y de Machado, la melancolía.

La poesía, "una honda palpitación del espíritu", es la expresión íntima del sentimiento personal del poeta, pero, aunque íntima, pretende ser universal: es "el diálogo del hombre, de un hombre, con su tiempo". La poesía es un diálogo de un hombre con el tiempo de cada uno. El poeta pretende eternizar ese tiempo objetivo para que permanezca vivo el tiempo psíquico del poeta, para que sea universal.(...) La poesía debe hablar con el corazón.

Leí algo sobre su vida este verano a propósito de una foto que me recordó a él. Entendí el por qué de esa melancolía. Y a veces sucede que uno lee algo y lo hace con tanto interés, poniéndole tanto cariño a esa lectura que, cuando llegas al final, y más cuando ese final es precisamente el final de la vida de una persona, te entran ganas de llorar. A mí me sucedió al leer lo que ponía el papel arrugado que encontró su hermano José en su abrigo, después de morir. Estaba escrito a lápiz:

Estos días azules y este sol de la infancia

viernes, 18 de diciembre de 2009

Viajes

 
Ayer tarde, hablando de cine con un amigo, le comentaba que durante muchos años mi película favorita había sido El Regreso. Esos años me sentía especialmente atraída por la temática de la Guerra de Vietnam -creo que, o lo he dicho ya por aquí, o acabo de tener un Dejà Vu- . Pensándolo bien puede que me atrajeran todas las guerras, ahora que caigo, porque podría decirse que mi introducción en el cine "de adultos" había sido ver, a los quince o dieciséis años Johnny cogió su fusil. La dieron sobre la una de la madrugada. Todavía no era una lirona, y para nada necesitaba el dormir tal y como lo necesito ahora. La vi con uno de mis hermanos, trasnochador de toda la vida y quien me introdujo en varios mundos que forman parte de mi vida ahora: la música, la lengua inglesa y el cine en sí -ya que se tragaba todas las sesiones de Filmoteca TV y Cineclub, a poder ser en versión original, fuesen en el idioma que fuesen, ya que tiene el don de la poliglotía-.

Seguramente no hablamos mientras la vimos, porque no recuerdo absolutamente nada al respecto, ni un comentario, ni siquiera recuerdo haber respirado los ciento once minutos que duró. Solo que tenía un nudo todo el tiempo, que aquello era muy fuerte, y que necesitaba soltarlo como fuera, pero no en ese momento. Al día siguiente, sí que recuerdo que en clase de Literatura solo quería hablar de ella. No hablábamos de la I Guerra Mundial, no venía a cuento (¡si estábamos en clase de literatura!), pero era una clase que fomentaba la participación, con Nacho Cabezas a la cabeza, valga la redundancia, y necesitaba hablar de esa película, soltar ese nudo que me apretaba desde la noche anterior de manera tan fuerte.

Esa fue pues la primera película que me marcó, pero no tuvo nunca el estatus de "película favorita" que tuvo hasta hace nada la de Ashby... Me pregunto qué me gustó tanto de ella a los veinte años. Seguramente su comienzo sea, junto con el de Buscando a Nemo, uno de los que más me afecten emocionalmente, de los que creo que mejor ajustan los créditos iniciales con la música, de los más logrados que he visto hasta ahora -con lo que me queda por ver...-. Bruce Dern corriendo, sin parar de correr; al mismo tiempo, otros que antes corrían no lo podrán hacer más, y se juntan todos esos planos, con una canción que me encanta y que no he logrado averiguar nunca de quién es :(.

Hace unos años hablamos otra vez de ella un grupo de gente hasta entonces desconocida y yo misma. Tenía entonces treinta y cuatro años y, pese al recuerdo tan claro de ese comienzo que logró atraparme, y cómo no, de ese transcurso y su final -entre medias, Sympathy for the Devil y los estupendos Jon Voight y Jane Fonda, representantes del setentismo norteamericano del cine que yo conozco, que ya dije que no es mucho-, me pareció comprender por qué me gustaba tanto: me había mostrado a las claras que la vida da muchas vueltas, y  a veces lo que has esperado durante tanto tiempo puede acabar volviéndose en tu contra, e incluso llegar a aborrecerlo.

Ya digo, después de esa conversación de ayer en que salió ella, la palabra regreso quedó subliminalmente en mi runruneo el resto del día. Fue inevitable pues pensar en ese concepto y no recordar a Odiseo, su viaje... y su vuelta. Cada cambio de hábito y costumbre supone un viaje; las crisis mismas son una ocasión única para viajar, y no me refiero físicamente, sino mentalmente. También lo son los cambios de estación, las vacaciones, las ausencias - las nuestras y las de otros...- Cuando uno regresa de uno de esos viajes, puede haber superado el temor a esos monstruos, que, como dijo Kafávis, no se nos presentarán siempre que nuestro pensamiento esté en paz, ya que viven dentro de nosotros. Contra nosotros mismos debe llevarse a cabo la mayor empresa y lucha, y así, nuestras expectativas sobre Ítaca serán menos elevadas, y se nos mostrará ante nosotros, fácil, accesible...

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades de Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

martes, 27 de octubre de 2009

Un año más


Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños. 

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro. 

¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto! 

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho

(Cumpleaños, de Ángel González) 

lunes, 5 de octubre de 2009

Nada es lo mismo


La lágrima fue dicha. 

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia. 

¿A qué llorar por el caído 
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente? 

No es bueno repetir lo que está dicho.

Después de haber hablado, 

de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:
nada es lo mismo. 

Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

(Nada es lo mismo, Ángel González)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Aquello

Aquello.

No eso.

Ni
—mucho menos— esto.

Aquello.

Lo que está en el umbral
de mi fortuna.

Nunca llamado, nunca
esperado siquiera;

sólo presencia que no ocupa espacio,
sombra o luz fiel al borde de mí mismo
que ni el viento arrebata, ni la lluvia disuelve,
ni el sol marchita, ni la noche apaga.

Tenue cabo de brisa
que me ataba a la vida dulcemente.

Aquello
que quizá hubiese sido
posible,
que sería posible todavía
hoy o mañana si no fuese
un sueño.

(Deixis en fantasma, Ángel González)


Ves cosas y dices ¿por qué?. Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo ¿por qué no?

(George Bernard Shaw)


viernes, 10 de julio de 2009

Cansancio

La Tierra

Niño indio, si estás cansado,
tú te acuestas sobre la Tierra,
y lo mismo si estás alegre,
hijo mío, juega con ella...

Se oyen cosas maravillosas
al tambor indio de la Tierra:
se oye el fuego que sube y baja
buscando el cielo, y no sosiega.

Rueda y rueda, se oyen los ríos
en cascadas que no se cuentan.
Se oyen mugir los animales;
se oye el hacha comer la selva.
Se oyen sonar telares indios.
Se oyen trillas, se oyen fiestas.

Donde el indio lo está llamando,
el tambor indio le contesta,
y tañe cerca y tañe lejos,
como el que huye y que regresa...

Todo lo toma, todo lo carga
el lomo santo de la Tierra:
lo que camina, lo que duerme,
lo que retoza y lo que pena;
y lleva vivos y lleva muertos
el tambor indio de la Tierra.

Cuando muera, no llores, hijo:
pecho a pecho ponte con ella,
y si sujetas los alientos
como que todo o nada fueras,
tú escucharás subir su brazo
que me tenía y que me entrega,
y la madre que estaba rota
tú la verás volver entera.

(Gabriela Mistral)

jueves, 25 de junio de 2009

Echar de menos


Me apenaría que, pese a todas las libertades que me tomo,
esto tomara un aire de antología.

Nunca quise mariposas clavadas en un cartón;
busco una ecología poética, atisbarme y a veces reconocerme desde mundos diferentes,
desde cosas que sólo los poemas no habían olvidado y me guardaban como viejas fotografías fieles.

No aceptar otro orden que el de las afinidades, otra cronología que la del corazón,
otro horario que el de los encuentros a deshora,
los verdaderos.

Julio Cortázar
PD: demasiada melancolía prevista...

lunes, 6 de abril de 2009

Amor




Enamorarse y no

Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva

enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio

por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo

Mario Benedetti


¿Por qué antes me enamoraba de un todo? ¿Por qué ahora me enamoro de un momento, una mirada, una sonrisa, unos ojos o una frase en un momento dicha? ¿Por qué siento que soy incapaz de volver a hacerlo plenamente? ¿Por qué me enamoro en instantes, e instantes después todo me pasa? ¿Por qué mi amor es disperso, extraño y dura tan poquito? ¿Por qué me enamoro de una risotada, de una voz, de una temática o de una canción? ¿Y por qué no de alguien, como hace todo el mundo?

sábado, 24 de enero de 2009

Never give all the heart

Llevo un tiempo con una tarrofagia que me resulta ya cansina (eso no sería malo en sí, sino fuera porque resulta también cansina para quien me la escucha comentar)

Viene, va, vuelve, aparece, desaparece, no le pongo las palabras precisas que la expliquen del modo en que quiero hacerlo. Y sucede que, de repente (un extraño...), curioseando en el Blog de un chico joven, veo, perfectamente explicado con sus palabras, lo que yo no pude explicar con las mías.

Mi problema es precisamente el que él describe como dar el manual de instrucciones.

Pienso sobre el tema (oooootra vez), y llego a la conclusión de que la gente no puede nunca tomarme en serio, y les resulta incluso fácil dañar llegado el momento, cuando he entregado fácilmente, (y gratis, que diría Punset :P) todas mis instrucciones.

Saben de qué pie cojeo, cómo reacciono, el tiempo de espera exacto en que contacto de nuevo con ellos, la duración exacta de mi rabia, el grado de apasionamiento sin apenas escalas de grises que siento hacia las personas y las cosas, que suelo sentir casi siempre indiferencia y casi nunca rencor... pero ¡ALTO! ¿qué estoy haciendo ahorita? Ups, mejor no sigo...

Quizás no sea buena - como dice José Roberto Coppola- tanta transparencia. La indulgencia siempre me ha dado a saborear más tragos amargos que dulces. Para la gente que me conoce debo ser esa persona blanda cual cojín, a la que se puede tratar mal de vez en cuando, si total, siempre vuelve... O esa otra que no espera un tiempo prudencial a que el otro mueva ficha, porque detesta perder el tiempo cuando se trata de mejorar las cosas. Lo que para otros es un tiempo de reflexión necesario, para mí se convierte en tiempo precioso desperdiciado, y eso ellos lo saben.

Algún día hablaré de trenes, hace tiempo que rumio una entrada sobre ellos, incluso encontré una foto que me encanta para ilustrarla.

Me gustaría a veces ser el tren que dejaron pasar algunas personas, y tener la dignidad que tienen aquellos que se alejaron con la cabeza alta cargados de razón y nunca volvieron.

A ver si lo intentamos.

De momento dejo este poema que desconocía hasta ayer mismo. Fue escrito por William Butler Yeats y me lo trajo mi amigo el de la mente maravillosa:

Never give all the heart

Never give all the heart, for love
Will hardly seem worth thinking of
To passionate women if it seem
Certain, and they never dream
That it fades out from kiss to kiss;
For everything that's lovely is
But a brief, dreamy, kind delight.
O never give the heart outright,
For they, for all smooth lips can say,
Have given their hearts up to the play.
And who could play it well enough
If deaf and dumb and blind with love?
He that made this knows all the cost,
For he gave all his heart and lost.

Nunca des todo tu corazón

Nunca des todo el corazón, pues el amor
Poco valdrá la pena ser pensado
Por mujeres apasionadas si se presenta
Indudable; y ellas nunca sueñan
Que se gasta de beso en beso;
Porque todo lo que es adorable es
un corto, ensoñado, noble placer.
Oh nunca des el corazón por completo,
Porque ellas, según los suaves labios dicen,
Han dado sus corazones al juego.
Y quién podrá jugar lo suficientemente bien
Si está sordo y mudo y ciego de amor?
El que hizo esto conoce el verdadero costo,
Porque dio todo su corazón y perdió.

The Chieftains (con Anúna y Brenda Fricker)


sábado, 17 de enero de 2009

Corazón hibernado



Corazón coraza


Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti

martes, 1 de enero de 2008

Primer dia de 2008

Hola, holita¡¡, en este día del año nuevo 2008, voy a hacer algo excepcional en mi universo bloggil. Escribiré en lengua castellana, aunque sea para hacer la gracia a mis numerosos amigos de allende las montañas alicantinas, léase las Galizas, las dos Castillas, las Asturies, las Andalucías, las Baleares, los Mandriles, etc, etc.

Empiezo con una poesía que, cosa rara, escuché antes de leer. Me la pasó Gema (aunque yo prefiera llamarla Gemín), ilustre psicóloga pegolina radicada en el Cap i Casal, con la que, por cierto, hace ya un tiempo que no converso larga y pausadamente. Me la dio en la misma cinta en que me grabó mis primeros acercamientos a Silvio Rodríguez, allá por 1997-98. En esos momentos vivíase en Pegolandia una especie de dictadura más digna de República Bananera que de estas preciosas tierras antaño habitadas por árabes, romanos, íberos...

NUEVO CANAL INTEROCEÁNICO
Te propongo construir
un nuevo canal
sin esclusas
ni excusas que comunique por fin
tu mirada
atlántica
con mi natural
pacífico.
(Mario Benedetti)

Una vez puesta y leída, poco queda por añadir. Si acaso, sed felices y sobre todo, todito, vivid al día, reyes y reinas, que ya lo decía el Punk: No Future.
Carpe Diem (rosamary, vaya este guiño para ti, zaragozana)