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miércoles, 16 de enero de 2013

El pequeño cambio

Pude mudar toda mi vida anterior a la nueva ciudad solamente cuando vi que ya no era la misma persona. Lo vi en mi cara, en mi ropa, en mis escritos, en mis nuevos amigos, en mi nueva música y en mis nuevos hábitos. Había sentido esa necesidad natural de romper. Fue fácil hacerlo con quien no me inspiraba ningún tipo de sentimiento, pero catastrófico emocionalmente con gente a la que tanto había querido.

Las maletas físicas fueron filtros naturales, y el resto en bolsas grandes, esperó unas semanas o meses antes de ser lanzado a los contenedores. Las cosas duplicadas fueron regaladas, y, muy cursimente, al estilo Bucay, quité el valor -realmente inexistente- a las que habían sido mis pertenencias hasta la fecha. Tenía una casa en aquel pueblo -mi colchón-, y sabía que no se iba a ir de mí mientras siguiera aireándola de vez en cuando. Ahorros, todo el cine necesario en el multimedia y toda la lectura necesaria en el Kindle. El resto, en una tarjeta tamaño 1x1cm. Ahí cabían amigos, conocidos, ayudadores, paños de lágrimas, amigos de verdad, conocidos con mucho feedback, antiguos amantes "cero-dolientes", y alguna ilusión del presente. De lo otro hice como si ya hubiese olvidado.

Despertar las primeras semanas en mitad de la noche y no saber en qué sitio estaba fue totalmente kafkiano, levantarme para mear a las tres de la madrugada e ir dando bandazos hacia la izquierda cuando debía haber sido hacia la derecha fue hiriente. Terminé con las piernas llenas de moratones.

Tardé en acostumbrarme a la poca presión de la ducha y, aunque mis baños eran de semestre en semestre, pensar en no volverlos a tener cuando yo quisiera me hizo pensar más en un retroceso que en un avance, la verdad. Y a la pérdida del microondas, y al paisaje azul y luminoso de mi buhardilla.

Empecé a acostumbrarme a los cines los viernes (¡fuera de casa!), a la elección de plan sin necesidad de conducir, y a las cienes de caras nuevas con los que me cruzaba a diario en mi camino a la academia.

De vez en cuando me sentaba en cualquier sitio y fantaseaba con cruzarme con gente de otra época, e imaginaba cómo sería ese momento, si ellos recordarían mi cara, si algunas me reconocerían al verme en persona, y siempre que pensaba eso terminaba sintiendo aún ese nudo y esas ganas de llorar. Entonces volvía a mi casa del pueblo y me acurrucaba enrollada en mi cama las horas necesarias hasta que volvía a salir el sol.

sábado, 23 de junio de 2012

Hestío


A lo largo del camino, apenas nada. De la poca nada, casi siempre la misma imagen: una valla blanca a la derecha, el sol por el oeste... y un gato en la cesta de la bicicleta.

Armarios verdes claros decapados en la cocina, poca cosa dentro. O mejor, poca cosa tampoco: té verde, rooibos, azúcar y miel.

Las noches más secas que de costumbre, tumbados boca arriba, iluminándonos y contando estrellas. Haciéndose de día escuchando música en modo aleatorio.

El futuro llegando y el presente consumiéndose. Viviendo los días optimistas, muriendo los tristes. El ánimo como un columpio, subiendo rápido, bajando rápido, manteniéndose estable apenas instantes. Y de nuevo a colocar el pie en el suelo para tomar nuevo impulso y remontar. Arriba, abajo...

Jabón casero, matojos de romero, las sábanas al sol, limpias y de tan viejas... casi transparentes. Verano.

Gente feliz, gente quizás que disimula serlo. ¿Consuelo o verdad?

Cine coreano de náufragos en la luna, novelas largas de gente que anda buscándose sin saber que anda para encontrarse. Existencialismo, vidas, drama. Esta vez de otros.

Olas esponjosas y refrescantes. Mosquitos zumbado, acrobateando, libres. Grillos subiendo de volumen al caer la tarde. Al morir la tarde.

Estiro las piernas, lloro y no me gusto. Me masturbo y estallo. Pero preferiría que me lo hicieras tú.

sábado, 17 de diciembre de 2011

La teoría del caos y las nubes de viento

(foto: Santi Vallés)

Parece ser que ayer la gente pasó la tarde mirando el cielo porque estaba realmente impactante. Internet se fue llenando, mágicamente, de fotos llenas de nubes de viento. Y a mí, que me embobo mirándolas cuando son solo nubes normalitas, se me pasó, ni me enteré :(. Debería haberlo hecho, haber tomado muchas fotos. Si hubiese mirado hacia arriba ese rato, si hubiese estado en la calle, en el aire, en lugar de sentada frente al pc, hoy no estaría triste.

Podría decirse que trabajo todos los sábados del año. Hoy no, y ni me acordaba. Me lo dijo casualmente mi compi. Elegí hacía semanas este día por tener que librar uno, a voleo. Si hubiese trabajado... hoy no estaría triste.

He pasado la tarde en un sofá que no es el mío, tapada con una enorme colcha negra y gris y con un encanto de pareja mimándome. Triste. Hemos visto Match Point cuando estábamos casi a puntito de empezar Die Welle. Puro azar en el último segundo. Y yo, con mi típica tarrofagia pensando por qué tuvieron que darse esas dos circunstancias juntas, principalmente la de no trabajar este sábado. Cómo, aún sin cambiar un ápice la realidad, no hubiese tenido lugar una conversación tan fea, en absoluto necesaria porque estaba ya todo dicho, de manera muchísimo más suave y bonita. El no querer y la no crueldad pueden convivir en armonía.

Empieza la peli, que recordaba de manera difusa, y nos dicen:
Aquel que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control
El motivo de mi última gran tristeza, aunque latente, ya había dejado de mortificarme hacía semanas. Sin necesidad de "muletas" externas -liberada-, pensaba editar un libro (¡por fin!), dibujar, pasar otras tardes de sofá con mi gente y en nuevos proyectos de trabajo que me ilusionaban, me llenaban y me llegaban. No fue pues esa circunstancia la causante de mi tristeza ahora a las 21:21, sino el hecho desencadenado después y de nuevo la desilusión gigante de saber lo importante que es el tacto a la hora de decir las cosas a la gente que queremos y el poco uso que hacemos, como si tuviésemos un corazón de piedra vieja. 

He pasado muchas horas tratando de entender por qué matamos tantas veces por la boca, y no sé si ha sido por pensar tanto, por el tema del azar o por el viento traedordenubesraras, pero por el camino he tenido una especie de sueño en el que conducía a las seis de la mañana por una carretera desierta y mojada rumbo a un mundo nuevo :)

viernes, 3 de diciembre de 2010

Todos duermen

(Fotografía "cobertera sedimentaria despegada", por popsique)

"Todos, todos duermen. Todos están durmiendo en la colina"

Estos días recuerdo una frase. La leí por primera vez el 21 de octubre de 2009. Lo que tiene dejar las cosas por ahí flotando, que luego sabes exactamente cuándo leíste, qué pensaste y qué sentiste y el cerebro no necesita apenas esfuerzo para ubicar sentimientos, y se lee lo que se sentía en ese instante justo, al igual que sabemos qué hora era, qué día y qué modelo de cámara utilizamos un instante concreto. Antes puede que todo fuera más emocionante, usábamos la palabra "aproximadamente"... ;ahora nada es aproximado en la memoria, todo queda escrito, de manera explícita u oculta, y aunque huyéramos y quisiéramos borrar algo del mapa, incluso a nosotros mismos, siempre quedaría algún chispotazo minúsculo en cualquier lado, una huella, con un nick, con otro, en nuestra época oscura, en nuestra época clara, cuando éramos ecologistas radicales, cuando lo fuimos menos porque nos acoplamos al mundo, qué remedio, cuando fuimos totalmente transparentes, sin importarnos compartirnos totalmente a la vista de los demás, porque nos sentíamos felices, porque queríamos que el resto del mundo fuera más bonito y destilábamos amor por todos nuestros poros... y cuando nos arrastramos contra todo pronóstico.

Cuando leí esa frase, que yo recuerde, no había para tanto. Pero eso lo pienso ahora, claro. Si veo el momento justo en que la plasmé por ahí, con otro nick y en otro sitio, recuerdo que veía el mundo como una película. Me autodisculpo porque empecé a adorar el cine hace relativamente poco, y fue como cuando se descubre el mundo, que se va a trompicones, torpemente, con el pie redondo, dando tumbos. La realidad vista con ojos de recién enamorada del cine: todo un guión, todo una imagen, historias más o menos bonitas, conversaciones afectadas, dramatismo también, necesidad de que sucedieran cosas porque sí, porque al fin y al cabo era mi historia y tenía que resultar(me) perfecta.

Hoy recuerdo pues esa frase, sacada de Spoon River, pueblo de muertos, microhistorias y epitafios. Dejé de pensar en la vida dentro de un rectángulo luminoso en una sala a oscuras y me vino como una bofetada. La busqué pensando por qué ese 21de octubre me hizo llorar y seguro, fijo, que el año que viene vuelve a venirme y me preguntaré -otra vez- por qué volvió a principios de este diciembre dejándome de nuevo traspuesta.

Puede que sea solamente el frío.

"This life's sorrow:
(...);
(...)that our hearts are drawn to stars
Which want us not"
"Esto es lo triste de la vida:
que nuestros corazones se sienten atraídos por estrellas
que no nos quieren"

(Herbert Marshall, Antología de Spoon River, Edgar Lee Masters, 1915)

 Interesantísimo artículo sobre Spoon River aquí.

martes, 5 de enero de 2010

Gustos


- ¿Cuándo eres consciente? 

- No sé, imagino que, después de adorar un tiempo la Nocilla de dos colores pasas a empalagarte con el sabor del cacao blanco pastoso, que no tiene nada de cacao pero sigue siendo pastoso, y vuelves a preferirla de un solo color...; luego, la novedad de ese monosabor va volviéndose de nuevo demasiado rutinaria, y  te cansa. Entonces, tratas de agotar precipitadamente el resto, dejas un rato en remojo el vaso, y más tarde, con un cuchillo de punta redondeada, rascas el papel mojado del vaso, que pasa a ocupar su lugar en la estantería de vasos de Nocilla que no utilizas casi nunca pero existe porsiaca. Apenas tardas en apuntar en la lista de la compra la Nocilla, y cuando vas a la tienda y ves de nuevo aquella de dos sabores, vuelves a desearla, y pese a saber que te resulta empalagosa al cabo de pocos días, y de saber también que  más pronto o más tarde volverás a definirla como "demasiado pastosa", terminas cogiéndola de nuevo.

Hablo de gustos, y de círculos viciosos. De esos de los que hay que huir como sea, para no terminar sintiéndonos perdedores, ni tampoco parte de escena de peli con barra de bar-cara de borrachuzo-pelo a lo loco- y- rímmel corrido. Eso es muy triste.

Sobre los gustos (sin vicio) hay mucho que rascar -y no vasos de Nocilla precisamente-. Llega un día en que nos acercamos a los libros sin dibujos ni viñetas, por ejemplo. Será gradual, eso dicen, que algunos cambios son graduales, pero no, hay un instante en que se pasa de una cosa a la otra, aún conviviendo una temporada. Un momento, un eslabón de tiempo que somos incapaces de recordar por muy buena memoria que tengamos.

Sobre los gustos (con vicio), comúnmente se usa lo de la gota, que puede ser colmadora de vasos o detonante, dependiendo de qué final tenga, si jartible o maravillosamente perfecto (aquí me permití una licencia, ya que de normal se usa para lo primero  y no para lo segundo). Yo no creo que los gustos  sean estalagmitas, no se cambia así como así sin darnos cuenta. Hay un día en que simplemente sucede. Lo que pasa es que no nos acordamos. Puede haber sido por un empacho,  un tic nervioso, una frase desafortunada, un feo, un sueño, una ventosidad (silent but violent :P)... Es horrible esa sensación de "ayer sí pero hoy ya no" ...

Otro cantar sería discernir entre cuando algo deja de gustarnos y algo nos gusta pero decidimos -a la fuerza ahorcan- que no nos guste más... Pero ya cantaremos otro día.

PD: la foto no tiene nada que ver, pero Gaspar me trajo una similar... y es alucinante :)

domingo, 13 de diciembre de 2009

Sencillez


 
No sé por dónde empezar este tocho, así que lo haré desde el principio, o al menos lo intentaré, aunque imagino que iré y vendré entre medias, como hago siempre.

Pensaba hace unas semanas sobre la motivación que expliqué en su día a la hora de escribir en un sitio "público". Como también he comentado por ahí, es una forma más de pasar a la posteridad, no ocupa espacio físico y uno mismo pasado un tiempo va viendo cómo evolucionó (si es que lo hizo alguna vez...).

Desde hace relativamente poco -comparando con el tiempo que llevo en esto de Internet- , visitando blogs  multitudinarios, pienso en otras cosas, aparte de la motivación o el gusto por comunicar, compartir o expresarse.

Leí hace unas semanas una interesantísima entrada (Aquí). Muy bien planteada, muy bien explicada, pero a mi parecer un poco ambigua. Al menos yo, leyéndola, no fui capaz de distinguir qué diferencia había muchas veces entre una columna y la otra. A veces entro en blogs que no sé si son leídos por su calidad o por su  "fama" (reconozco que el hecho de ver que a alguien lo leen cientos o miles de lectores en Feedburner  o en Reader me causa una curiosidad que termina atrayéndome a ese sitio... aunque eso no quiere decir que me termine gustando y siga leyéndolos, e igual imagino que sucederá a otros mil que entrarán y saldrán).

Hace un año o por ahí fue cuando empecé a escribir en castellano por aquí. Acostumbrada como estaba al escaso -por no decir nulo- feedback que se daba en mi blog "original", el hecho de comprobar que "me leían" me proporcionó un gran aliciente. Saberte leída por desconocidos -al ver que llegaban comentarios-  y por los cuatro gatos y un miau que conocías y te lo decían..., en definitiva, ver que provocaba el suficiente interés para que alguien que no me conocía se dejara caer por aquí a leer,  para mí supuso un paso bastante importante. Y me gustó.

A una escala infinitamente inferior, pero relacionada totalmente, me vi, al cabo de unos meses, guardando más entradas en borradores que en publicación. Se lo comenté a un amigo, y me dijo: "¿para quién escribes?". La verdad es que hasta ese momento para mí, en este refugio escondidito y no demasiado promocionado. A partir de esa época, ya dudé, y temí siempre no estar a la altura, cuando la altura misma es tan volátil y tan subjetiva, y depende de tantas circunstancias y de tantas cosas...

Un año después, uno se sorprende comparando fechas, como si la cabeza misma, sin decírselo nosotros, supiese que ya han pasado doce meses. Un año empieza cuando empieza algo, para mí es septiembre, para varios será enero, para otros será el día en que se volvió a nacer -por superar enfermedades, por sobrevivir a accidentes, por renacer después de un bajón y ser consciente en ese mismo momento, fijando esa fecha como sin querer-.

Es evidente que algunas cosas han cambiado por aquí. Al principio me entristeció, para qué engañaros, pero luego le vi el sentido positivo, porque pensé que en el momento en que una sola persona sintiera que entrar aquí de vez en cuando le había servido al menos para abstraerse y pasar un ratín agradable, a mí me seguía valiendo la pena -algo parecido a lo que nos inculcaron Dickens o Zweig y que debería ser el leitmotiv para todos los que estamos por aquí haciéndolo por gusto y no por negocio-.

Hay un blog o dos que digo que siempre me gustan, y no es cierto realmente. Sin embargo, en el conjunto de blogs que leo, son los que más me llegan. Puede que incluso en uno de ellos la autora desconozca cuánto me gustó leerla... porque nunca se lo dije. Hay blogs que empezaron gustándome y terminaron disgustándome, sin paso intermedio. No sé tampoco si me acerqué a ellos realmente porque me gustaran o porque me gustaban los comentarios que me dejaban. O si  lo hice porque me comentaban, sin más. Está todo tan condicionado a tantas cosas distintas... O fulanito nos cae bien, o es nuestro amigo, o le tenemos cariño infinito, y nos gusta saber qué cosas le gustan, con qué punto de vista las ve. Sobra decir que esto es bidireccional, dando la sensación a veces de que todo son "vueltas", "deudas" pendientes.

Algo tiene que ser realmente bueno para nosotros para aceptarlo incondicionalmente. A veces incluso leo algunos blogs sin meterme nunca en ellos, sin mostrarme, desde el silencio, y hay que ver cómo los disfruto, como el que asiste a una clase magistral individual de cualquier materia: historia, literatura, cine, filosofía de vida... Pienso que, si me meto (comento) en ese reducto tan íntimo y poco transitado, ya dejará de ser lo mismo para mí, y los conservo en mi lector de feed o en marcadores, como tesoritos que prefiero no compartir con nadie, no me los vayan a robar -tremenda memez, pero mi memez, al fin y al cabo-, aunque luego algunos sí los termine compartiendo.

De vez en cuando me  llevo alguna sorpresa tremendamente agradable, más todavía cuando no veo los botoncitos de compartir, o el dibujito con el número de lectores, o lo de vótame en tal sitio, menéame en tal otro... Imagino a esas personas escribiendo esos textos tan edificantes -no encontré otro adjetivo para lo que quería expresar-, contando con la única herramienta de sus escritos, sus dibujos, sus loquesea, sin guardar a veces las justificaciones de texto, sin haberse molestado -ni preocupado- en meterse en temas de diseño (algo que me tuvo a mí varios meses mareada y llegó a hacérseme monotema :$). Y entonces aterrizas mediante el chasquido de dedos típico, como si volvieras de un viaje interior, o incluso de un limbo lleno de tontería (mi caso), y recuerdas que escribes porque te gusta a ti. Y no tienes por qué guardar textos en borradores por si no gustan, por si te desnudas demasiado en ellos, por si esto, por si lo otro, ni dejar pasar  varios días entre una entrada y otra si es que de verdad te apetece escribir más.

En el momento en que dudamos ante algo que hemos escrito porque quisimos hacerlo, pienso en cuál es nuestro miedo, a quién tememos defraudar, si al fin y al cabo a quien no deberíamos hacerlo es a nosotros mismos.

Bienvenida la sencillez del primer día en que nace un blog.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Como el título de una canción

Recibí hace unos meses un mail bastante desconcertante. En tres líneas nada más, venía a decir que "si A le cuenta a B algo de C, lo más razonable sería que A, antes de darse por enterado, o posicionarse, o lo que fuera, debería escuchar la versión del hecho según C".

No he puesto yo letras aposta, el propio mail las llevaba tal y como lo he contado. Por supuesto, conocía al remitente y pude intuir de qué trataba o dejaba de tratar el tema. Lo que más me llamó la atención fue que me lo mandara a mí, pero claro, tampoco nos conocemos tanto, así que no me extrañó su temor a que yo -entre otros destinatarios- nos dejáramos "influenciar" por la versión de A. Evidentemente, C era el propio remitente.

A diario escuchamos noticias que hablan de gente en tercera persona, algunas ciertas, otras calumnias, ¿cómo lo podemos saber? ¿hay alguna otra manera aparte de preguntando directamente? ¿es fácil eso?. Creo que no, y que, o bien porque no deja de ser una noticia oída más al día, o porque no tenemos contacto directo con C, o la suficiente confianza, dejamos de escuchar su versión, y subliminalmente se nos queda la versión de A, porque "hace más ruido", o por qué no, porque nos cae más simpático.

Y precisamente hilando esto último que he escrito... ¿hasta qué punto podemos ser imparciales estando entre dos tierras, dos aguas, dos fuegos o dos personas que no se caen bien, que no se llevan bien o que no se soportan directamente?

¿No llegará un punto en el que la persona que está en el medio tenga que tomar una decisión? ¿hasta qué día podemos decir que no nos afecta directamente esa incómoda situación? ¿y si llega una situación puntual en que no nos queda otra que elegir?

¿Es lo más sensato en estos casos que una de las partes haga una discreta retirada?

sábado, 20 de junio de 2009

Sufrir gRatis

Jeje, Beautiful Mind dice que le hago gracia cuando imito a Punset. Me tiene algo de tirria porque pensaba que el único treintañero payasete que quedaba a este lado del Serengeti era él, y no, señores, aquí vivía una petarda patilarga que a la menor ocasión salta imitando voces con mayor o menor fortuna (menor diría yo, mayor dice él). Bueno, y si me lee algún publicista de Burriquín, decirle que a algunos todavía nos sigue haciendo muchísima gracia Chiquito, pese a haber pasado ya quince años desde aquel memorable Genio y Figura.

Aparte de envidiarme :P, también sabe que le doy demasiadas vueltas a cosas que deberían estar ya superadas y enterradas, y aunque a veces dice que le admira esa cualidad que él me ve (que yo considero defecto) de tratar siempre de llegar al fondo de todas las cosas, sabe que como contrapartida sufro, y no poco.

Cuando salió el tema de la Memoria Histórica contacté con la asociación por el tema de un familiar que no debería haber muerto a los dieciocho años y menos de la forma en que lo hizo. Mi madre, que es una tía estupenda, con una mente amplia que muchas de mi edad no tienen, trató de indagar, buscando testigos, entrevistando a nonagenarios e incluso a algún centenario. Otros familiares decían que para qué hurgar en el pasado, para qué remover cosas ya olvidadas.

No sé realmente si hay algo de beneficioso a nivel personal en tratar de esclarecer hechos que ya no tienen remedio. Una vez me dijeron que tal vez lo hacía porque buscaba respuestas, y si no encontraba las que quería seguía preguntando esperando la respuesta ansiada. Puede que haya algo de verdad en esa explicación, y que en el fondo piense que volviendo a preguntar las veces que haga falta llegará algún día esa explicación a mi incertidumbre en la forma en que yo quiero que llegue. Y mientras no sea así, como Penélope, seguiré tejiendo y tejiendo hasta que me salgan canas (por ahora tengo tres o cuatro).

Entresaco esto de la definición que la wiki hace del sufrimiento:

"Usualmente el sufrimiento se asocia con el dolor y la infelicidad, pero no tienen por qué estar vinculados dado que cualquier condición puede ser sufrimiento y causar dolor si se es consciente del desgaste que se está teniendo"

Me quiero centrar en la palabra desgaste, que es la que mejor se acerca a lo que siento cuando veo mi caso desde fuera. Se define desgastar como:

1. Quitar o consumir poco a poco por el uso o el roce parte de algo.

2. Pervertir, viciar.

3. Desperdiciar o malgastar.

4. Perder fuerza, vigor o poder.


¿Puede pues haber algo de positivo en sentir eso? ¿Compensa una hipotética "recompensa" emocional ese estado presente que, en realidad, es lo único que se tiene?
¿Qué compensación tengo yo al retraer, retraer y volver a traer hechos? ¿Acaso pienso que la vida es como un cuento y espero un desenlace feliz?

Cuando nos bloqueamos ante una entrevista de trabajo o examen nos dicen los que saben que pensemos en qué es lo peor que nos puede pasar para disipar esa ansiedad. Viendo la resolución con perspectiva se empequeñece, se hace menos "montaña". Yo por mi parte utilizo otro truco mental, que es el de pensar que en una semana o mes lo contaré sacando su parte cómica, aunque su resultado haya sido nefasto (bueno, "una anécdota más para contar" sería mi manera de positivizarlo).
Si se nos presentan dos alternativas solemos ponernos balanzas mentales. Muchos apuntan en un papel dos listas (dos trabajos, dos posibles viviendas, dos coches...); es algo democrático y utilísimo. Se ven físicamente las ventajas e inconvenientes de ambas decisiones.

En el acto de hurgar en heridas ni se puede ver como algo chistoso contado luego ni se puede poner una balanza en la cabeza. En todo caso, aún "resolviéndose" positivamente un asunto ... ¿sirve de algo" resolverlo" si ya no tiene remedio?

Entonces... ¡¿por qué lo hago, coño?¡

"El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional"
(Buda)

jueves, 11 de junio de 2009

La Muerte e Internet

Hace menos de dos semanas hablando con un amigo se me ocurrió el hipotético caso de que pudiera morir sin que mi hijo tuviera noticias de que su madre escribió por la Red durante un tiempo relativamente largo…

Le hice responsable de hacer llegar a los míos en caso de que eso sucediera las dos direcciones, porque poniéndome en sus lugares, me encantaría saber qué le pasaba por la cabeza a esa madre, hija y hermana durante esos años tan difíciles emocionalmente para ella.

Y recordé una frase que dijo una chica en el foro que frecuentaba que se me quedó grabada: “Si no estás en Internet, estás muerto”.

Nuestras vidas discurren ajenas al tecleteo, nos llenan (deberían llenarnos), y lo que plasmamos aquí es solo una parte más, una minúscula parte más, que sirve para liberarnos y al mismo tiempo nos completa a los ojos de los que nos leen –suponiendo que sean viejos conocidos-, que llegan así a facetas más íntimas de nuestro ser. Ante los nuevos conocidos, nos abrimos con todo al aire (a veces sin meditar antes, ejem), y cursimente hablando, cual flor que se presta a la polinización.

No tuve éxito alguna las veces que intenté que mis amigas o familiares me leyeran. Mandé alguna vez correos con el enlace, y finalmente lo dejé por imposible. Hay demasiado por leer, demasiado por vivir, y tampoco somos el ombligo del mundo para nadie.

Sin embargo, cuando sucede al revés, cuando lees esos blogs tan multitudinarios, ves que hay personas que con sus escritos llegan a ser si no ombligos grandes sí pequeños ombliguillos para las rutinas de esa gente. Y así, esperan cada nueva entrada que les alegre el día, les enseñe algo nuevo, les mantenga informados o les suscite un atractivo debate.

Hace cinco días entré en el blog de un hombre a través de uno de esos viajes laberínticos que hacemos todos cuando tenemos demasiado tiempo delante de la pantalla y un horario laboral que cumplir, -que no implica mucho trabajo por realizar- . Su título me llamó la atención y por eso hice clic. Este hombre hablaba con su perro, y sus entradas eran visiones del mundo a través de los ojos de ese perro. Muchos sabéis mi debilidad por los animales, y más concretamente por los perros, y ese tema me tocó.

Pues bien, leí su última entrada publicada, y cuando llegué a los comentarios me asabenté que ese hombre que ponía voz a un perro lanudo y marrón (casi idéntico a mi querida Rulla), había fallecido a los pocos días de esa publicación.

Muchos entraron después, y, acaso sin leer el resto de comentarios, le felicitaban por sus textos, le decían que lo habían enlazado… y la verdad es que esa persona ya no iba a leer eso (aquí se constata de nuevo la importancia de leer atentamente antes de lanzarse...).

Le di pues dos vueltas a eso. En ese caso alguien conocido del autor se tomó la molestia de dejar un comentario informando a sus lectores lo que había sucedido, pero imaginé que en otras ocasiones, quizás por la distancia física y emocional o la poca relación exterior con seguidores o lectores, quizás haya muchos blogs ahí estancados, sin refrescarse, sin novedad, y sea simplemente que el dueño haya dejado de existir.

Esa chica tenía parte de razón: si vives sin Internet no existes para una enorme parte del mundo, por lo que esa no-existencia puede equipararse a una no vida; por otro lado, si has existido en ese medio y dejas de hacerlo, en cierto modo poco importa si ha sido a causa de una muerte real o simbólica: estás muerto igual.

viernes, 15 de mayo de 2009

Feng Shui


Hace unos siete u ocho años, leyendo una revista de las denominadas despectivamente "para mujeres", me topé con un artículo que marcó una especie de antes y después en mi vida. Puede parecer radical esta afirmación, pero no me considero tal, y es simplemente la descripción que hago de cómo hay algunos descubrimientos en nuestras vidas que nos influyen o afectan más (y puede que tampoco sean estas las palabras exactas).

Se hablaba de Feng Shui, y como suele tratarse cuando el espacio apremia, de forma muy generalizada y por encima, sin tocar (como dicen los alemanes en una sola palabra, über). A mí, en principio, todo lo que pueda mejorar la estancia en el mundo de las personas me produce curiosidad positiva. Pienso que por probar no perdemos nada, y mientras no nos metamos en sectas destructivas (aunque la mayor secta y la más destructiva cuenta con el beneplácito de la mayoría de la sociedad, ejem), todo en principio es digno de ser estudiado más a fondo y puesto en práctica ¿por qué no?

Los defensores a ultranza de la Ciencia descreen de este tipo de manifestaciones sin base, sin datos y -sobre todo- tan subjetivas. Leyendo que el Feng Shui está catalogado -cómo no- como pseudociencia, veo con sorpresa que también lo está el Psicoanálisis, y me pregunto qué pensará la gente que se dedica profesionalmente a éste, y que se supone que previamente ha concluido sus estudios universitarios en el campo de la Psiquiatría o la Psicología (profesiones más ligadas qué duda cabe a su ejercicio posterior). En fin, quizás haya pseudociencias más serias que otras, o más bien se trata del famoso dicho "más vale caer en gracia que ser gracioso", y los que ejercen algunas profesiones están mejor considerados que los que ejercen otras, teniendo la misma base, o mejor dicho, la misma poca base. En fin, dejaré este tema aquí.

Sigo contando mis primeras incursiones en esta filosofía, como más bien la denominaría yo. Realmente, creo que todos, sin contar con el Bagua y la brújula delante, y ni muchísimo menos con el plano de nuestras viviendas, llevamos años y años ejerciendo uno de sus preceptos más asimilables -al menos para mí-. Es decir: quitar lo superfluo.

Me refiero con ésto a que todos hemos experimentado una sensación de ¿paz?, o al menos descanso cuando hemos vaciado los armarios o roperos y nos hemos deshecho de ropa, zapatos, incluso papeles ya inútiles. Ese quitar no implica sólamente una limpieza física del espacio en cuestión, sino que pienso que se asimila a una limpieza más a nivel interno.

Cuando hablamos de limpieza, acción tan necesaria cíclicamente y en la que muchos incidimos más profundamente en cada cambio de estación, o incluso -atinando más- cuando llega la primavera, no pienso que simplemente limpiemos la casa de objetos, sino que muchos vamos más allá de, y lo extrapolamos a limpiar agendas telefónicas, lista de contactos de Hotmail, Msn...

No pienso que diga mal de los que lo hacemos borrar gente así de nuestras vidas. Es más, diría que es coherencia más bien. Todos nos hemos intercambiado números y direcciones electrónicas en un momento dado, llevados por un momento de unión puntual (¡Qué súbitas amistades surgen del vino! dijo John Gay). Luego, podemos comprobar cuántos de estos datos requerimos y usamos a un año vista. ¿Pueden algún día sernos necesarios? No creo, sinceramente.

A ver, me explico: dudo que algún día, pudiendo necesitar la ayuda de alguien que conocí sólo un rato (una semana, un mes...), recurriera precisamente a esa persona. ¿Por qué? ¿por vivir en la era de la comunicación y estar todos localizados de una u otra manera? Pienso que he conocido gente al mismo nivel hace quince años -cuando apenas existían los móviles o Internet-, y no me he visto en el dilema de contactar con ellos, precisamente porque fue tan corta en el tiempo la coincidencia con estas personas que no llegamos a darnos el teléfono fijo o la dirección postal, por ejemplo. La confianza requerida no tuvo lugar porque todo lleva un proceso, y todo proceso conlleva un tiempo...

¿Cuántas de las personas que conocimos en esa época de más incomunicación nos proporcionaron esos datos tan "personales"? ¿acaso conocíamos a alguien en una comida -boda, comunión, etc- y pedíamos su dirección y teléfono de buenas a primeras? Yo al menos no lo hacía.

Por ello, y viendo que el dicho tan manido de "menos es más" siempre ha sido muy sabio (las famosas conclusiones "más vale poco y bueno", "lo bueno si breve..."etc), yo prefiero hacer borrones y cuentas nuevas todas las veces que me sean necesarias.

miércoles, 29 de abril de 2009

Tan cerca, tan lejos...




Anoche me volvió a dar un vuelco algo dentro. Estaba hablando -como todas las noches- con mi amigo, y llegó un punto en que la conversación se amargó un poco. No es que me dijera algo que desconociera, es sólo que siempre era yo la que hablaba de ello, y esta vez fue él.

Hablábamos de distancias, de emociones, de todo junto. Y de que, inevitablemente, todo llega un día en que termina, y aunque lo tengamos asumido, se me hace muy cuesta arriba pensarlo.

Hablo ahora de esos puntitos de inflexión en que ves que ha llegado la hora de partir. Que ya está todo el pescado vendido, como aquel que dice, y que la goma no puede alargarse más aún sin romperse. Y ves que ya los caminos van divergiendo, cada día unos milímetros más, uno más hacia el norte y otro hacia el sur... o el este.

¿Y qué hacemos entonces? puedes hablar con alguien a diario, sea por la vía que sea, y notar cómo cada nuevo acercamiento termina alejando un poquito más. ¿Debería ser al contrario? puede que sí, pero algunas veces es que no. ¿Y qué podemos hacer? Nada.

No sé qué piensa el resto de la gente de esto. No ubico si fue en una entrada, en un comentario o dónde, pero leí a A través del Espejo explicar que al finalizar cada encuentro con una persona, algo cambia, tanto en la visión que tenemos uno del otro como en la esencia de la relación. No por más frecuencia en la comunicación se llega a profundizar más en la misma. Incluso muchas veces sucede precisamente al contrario, y cuelgas el fono, das al aspa del msn o chat o te das los dos besos de despedida de rigor sabiendo que algo ha cambiado. Y no sabes qué ni por qué, pero así lo sientes.

La distancia física es tremenda, pero la emocional es dolorosísima.

Puntos álgidos los hay en muchas etapas vitales y diarias. Toda banda tiene un disco que los consagra, y está más leído que un tebeo que lo difícil no es alcanzar la fama, sino mantenerla. Después de cada excitación y estimulación llega un gran orgasmo, que tan pronto te viene como, a medida que transcurren esos quince, veinte segundos, ya lo estás echando de menos.

Luego está la dulzura de los reencuentros, que no serían tales sin sus contrarios, los alejamientos; como tampoco apreciaríamos los momentos buenos sin los peores.

Pero el poso triste lo deja ese punto en que ves que la cosa no da más de sí, y te despides siendo consciente de que lo mejor ya pasó y, evidentemente, en el mejor de los casos puede que se mantenga en línea recta, pero en el peor puede que vaya cayendo en diagonal, muy lentamente, pero cayendo hasta desaparecer.

En muchas de esas despedidas rutinarias me viene a la cabeza que la última también será así. Colgaré, cerraré, daré los dos besos, y puede que ya no nos busquemos más. De alguna manera acaban las cosas ¿no?

Porque ¿de qué otra forma si no desaparecen los afectos?

Mi amigo dijo concretamente que nuestra amistad moriría de frustración.

lunes, 27 de abril de 2009

Libertad




Si Juan Salvador Gaviota hacía caso a su familia y al resto de la manada, si elegía para sí volar siempre en bandada, haciendo lo que todos querían que hiciera y cumpliendo con las expectativas que los demás esperaban de él, todo el mundo se sentiría más feliz.

Pero ¿qué pensaba él al respecto?

Si hacía eso que le suplicaban los otros ya no habría nada que le atara a la fuerza que le impulsaba a aprender, no habría más desafíos... ni más fracasos.

Está claro que el precio que debía pagar por dejar de ser como él quería ser era la felicidad de los demás. Pero ¿y la suya propia?

Hace una semana justa pasé una tarde estupenda de Sant Vicent con dos amigas de la infancia. Fuimos a la playa con los niños a comernos el bizcocho, como manda la costumbre. Nos conocemos desde siempre y ahí seguimos, con ese vínculo que da el cariño verdadero de quien no te exige nada, sino que te deja ser libre.

Cuando pudiendo no hacerlo vuelo a buscar espontáneamente la compañía de esas personas es porque así lo quiero, ya que a ciertas edades uno ya maneja la circunstancia de la distancia como mejor le place, sea con búsquedas, sea con excusas.

Me he dado cuenta estos meses de que en el momento en que empiezan las exigencias uno deja ya de ser libre. Y si bien al principio le das vueltas a la cabeza pensando si las razones de la otra gente son más importantes que tus motivos para ser de una determinada manera, terminas sintiéndote en ocasiones como en un escaparate donde se te juzga por ser como en el fondo quieres ser.

Y ahí ya notas opresión en pecho y cuello.

¿Por qué tengo que hacer uso de la falsedad e hipocresía si no quiero?

Una de esas dos amigas con las que estuve hace una semana es alguien a quien yo admiro. Y digo claramente que es una de las personas más especiales y a las que más quiero de las que he conocido en toda mi vida. Se llama Noe, y me dijo: "Majo -ella siempre me llama así-, sólo tenemos un ticket de ida, tenlo siempre muy presente".

Le haré caso, que por algo nació en mayo y yo en octubre y es mayor que yo :P.

También haré un poco más de caso a la frase de Nietzsche que tengo desde hace años en el mundo de Internet como distintivo de pensamiento... y seré como a mí me de la gana ser.

"La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado"

(Jean Jacques Rousseau)

sábado, 18 de abril de 2009

Desaparecer




Inconscientemente respiramos, y con nosotros el resto del mundo (vaya, descubrí algo nuevo!! :P).

Interactuamos con gente a todas horas todos los días; les quitamos un poquitín de oxígeno, nos lo quitan ellos a nosotros. Sin querer, sin pretenderlo, pero ahí está ese pequeño robo que nos hacemos unos a otros.

A veces es peor, y hay asfixia porque nos quitan demasiado, y al mismo tiempo nosotros asfixiamos quitando demasiado.

Los que os hayáis alejado de alguien habréis visto -con la perspectiva del tiempo-, que al volver, o, mejor aún, en los momentos previos a volver, cuando la otra persona o personas ya apenas reparaban en vosotros - o quizás sí- las vísteis de otro modo, con otros ojos. Muchas veces incluso con mejores ojos.

Pareciera que, liberados del aire viciado, viéramos a las personas en todo su esplendor, como cuando quitamos la parte madura a una fruta y reaparece su color original.

Yo, por ejemplo, dejé trabajos horrendos en su momento, e incluso el último día me abracé al jefe -aborrecido durante años- y nos pusimos blandengues. En ese momento, aún habiendo trabajado el mismo día, ya no formaba parte de ese lugar. El tiempo y su perspectiva habían hecho su trabajo, aún siendo el pasado y el ayer tan recientes. Qué cosas.

Del mismo modo, a veces diría que es conveniente alejarse de los sitios e incluso de las personas. El cariño debería permanecer, y deberían y deberíamos comprender que todos en algún momento necesitamos respirar más aire, o simplemente un aire diferente.

Si total, siempre estamos a tiempo de volver...

Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande; sólo es posible avanzar cuando se mira lejos

(José Ortega y Gasset)

martes, 14 de abril de 2009

Dudas (I)

(Los amantes del Círculo Polar, Julio Medem)




El sábado tuve una tarde rara. El domingo tuve una tarde rara.

Es tan escaso mi tiempo "libre" que a veces, cuando dispongo de él, después de leer, ver una o dos películas, charlar con alguien, salir un rato, comer con la familia y navegar por blogs y webs, aún me sobra tiempo para pensar demasiado.

Entonces me viene a la mente la misma frase de Peter Ustinov (a saber si la dijo él...), y sigo preguntándome si la gente que está con nosotros de manera voluntaria lo hace porque simplemente estamos ahí en ese momento, o si nos lanzarían hacia el olvido de una patada si en nuestro lugar pudieran tener a alguien más interesante, o -hablando de forma heavy y totalmente autodestructiva- mejor.

Si realmente nos eligen por no haber mejor alternativa, como quien se conforma con lo que tiene más a mano, y bebe agua del grifo ansiando a cada sorbo que esa agua fuera Evian.

Si formamos parte de sus vidas porque nosotros mismos buscamos inconscientemente formar parte de ellas, o por el contrario, ellos nos hubiesen elegido a nosotros de estar en su mano esa elección.

Las respuestas que se me ocurren no son demasiado alentadoras, quizás lo lleve el momento, la estación o mis circunstancias, a saber. Pienso hasta qué punto es saludable entre personas forzar situaciones, buscarse, salirse al encuentro como por casualidad, o si no sería mejor dejar al destino que hiciera este trabajo.

Y, a todo ésto, ¿existirá el destino?

martes, 7 de abril de 2009

Prisa





Salió el tema por otro lugar virtual. Y fuí consciente de algo que me había reportado alguna mala experiencia y algún cruce de malentendidos:

casi siempre leo por encima

Veo las frases como un todo; no las palabras separadas entre sí con todo su significado, sino una línea total que leo de un vistazo. Ganando tiempo, pero perdiendo comprensión.

No sé si es un defecto cerebral, una ansiedad solapada, prisa por terminar, o mi tendencia a ser siempre rápida. Competente, pero rápida... quizás demasiado rápida.

Y me exaspera la lentitud en los demás: la parsimonia en sus reflejos, la aparente calma cuando el tiempo apremia, la falta de sagacidad de los que comparten cualquier clase de tiempo conmigo. Y yo los debo exasperar a ellos, y deben imaginarme como alguien siempre al acecho, siempre esperando una respuesta o reacción, sea del tipo que sea.

En serio que me encantaría ser a la que los demás esperan, llegar tarde alguna vez, o llegar nunca...

Y no pretender tener todo hecho cuando tengo seis cosas distintas para hacer. Aplicar lo que me solía decir un jefe que tuve: "-detrás del uno, viene el dos". Aunque el dos llegara al día siguiente, o no llegara, que nunca se sabe.

Y me encantaría prestar más atención antes de darle al Intro, en esta circunstancia en la que me hallo ahora o en cualquier otra similar. Y leer bien antes, leer bien antes, leer bien antes...

El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla

(Lao-Tsé)


martes, 24 de marzo de 2009

Cuerdas




La cuerda es ancha, de color hueso y está formada por decenas de finos hilos. Trato de romperla cortándolos poco a poco para ver si así -casi sin darse cuenta ella, casi sin darme cuenta yo-, cede, sin dolor, sin brusquedad, y deja de formar parte de mi vida.

Otras veces trato de cortarla de un tajo, y entonces la fuerza que hago con mis dedos y las tijeras me daña, y me salen dos ampollas que tardan unos días en dejar de escocerme.

A veces pienso que la mejor solución es no mirarla siquiera, no acordarme de su existencia y tratar de borrar de mi mente los momentos en que me dañó, pero a día de hoy todavía no he conseguido perdonarla del todo, pese a que precisamente el perdón es algo que se me hace fácil de aceptar... y de pedir.

Hace un año ella trató de ahogarme. Me dañó con su despecho y desprecio, para mí del todo inesperados e inexplicables, y atribuidos quizás a mi excesiva blandura y al exceso de confianza (ahh, a ella no le va a importar... ahhh, a ella no le faltará compañía..., ahhh, ella se encargará de todo (siempre lo hace))

Hace un año la cuerda que se me antojaba suave, acogedora y mullida se me transformó súbitamente en áspera, rígida y hostil. A día de hoy todavía me pregunto por qué.

Se me derrumbó todo un mundo encima y empecé a ver a la gente de otra manera.

Una persona que me quiere y a la que quiero me propuso anoche que escribiera sobre todo esto. Sus consejos suelen hacerme mucho bien.

Yo le he hecho caso, pero eso sí, he de reconocer que ha quedado una entrada bastante feosa :(

domingo, 8 de marzo de 2009

No sé...



Hay días en que, viendo la incerteza (aunque ¿quién no la tiene?) de lo que tengo por delante, imagino algo así:

(Rich Legg)

Un destino incierto, sí, pero esperanzador, incluso atractivo, que me remueve en ocasiones por dentro, que me cosquillea interiormente y me alicienta. Puedo llegar a pensar en ocasiones que estoy estancada, pero esa remontada que sube suavemente me hace subir la adrenalina.

Otros días veo ésto:

(Kurt Theis)

Tranquilidad, conformismo, laissez faire, laissez passer. Y si viene algo bueno, tupending.

Los peores días, los más melancólicos, veo ésto:

Algo más sombrío, más decadente, que me asusta y llega a paralizarme. Tiene que ver con bucear mucho hacia atrás, con la autoarqueología que hago de vez en cuando al hablar con amigos de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

No quiero ser ésta nunca más:

Ni tampoco éste, (todavía menos, buffff: llegué, uní y desaparecí):


Quiero ser muchas más cosas, y sentirme de muchas otras maneras.

Pero no de éstas.

La añoranza es el camino previo a convertirse en estatua de sal
(Enrique Múgica)

El mejor camino para salir es siempre a través
(Robert Lee Frost)

La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero
(Hermann Hesse)

domingo, 1 de marzo de 2009

Tiempo





El sábado leo una entrada de Sâddha. Por la tarde, y de casualidad (casi nunca consulto el contestador del fijo), recibo una señal; por quién me la manda, debería estar hecha de humo y ser emitida y recibida en los parajes donde andan - mejor dicho, anduvieron-, los navajos. Devuelvo la señal y oh, no responde. Pero seguimos "in touch" ;).

El domingo de mañana -¡por fin!- contacto con ese amigo, al que no veo físicamente desde abril... que se dice pronto. Él es una de estas personas que noto, capto, siento que están ahí, no sé explicar más ni mejor esa sensación, siéntolo.

Me comenta que en unos minutos va a verse con una chica. No trasluce ni transmite ilusión, y me extraña este hecho. Lo asocio a que es de los míos, uséase del tipo de persona que ya no espera nada de ningún lado; si viene, mejor; si no viene, tú y yo lo sabíamos (Joaquín Luqui d.e.p dixit).

Me escucho a mí misma diciéndole: "aprovecha el momento, aprovéchalo..."

Y pienso en todos los tés o cervezas no tomados, en los "¿te apetece...?" no aceptados, en los "me gustaría verte/conocerte" nunca concretados.

No, no es que esos tés no quieran tomarse, ni es que no te apetezca ver a esa persona. Se trata de que piensas que habrá más días que longanizas, y ya vendrán más ocasiones para hacerlo.

¿Y si miráramos nuestra vida como si tuviésemos ochenta años y echáramos la vista atrás? ¿Y si pensásemos que algún día seremos conscientes de que todas esas ocasiones que dejamos pasar nunca volvieron?

No creo que en algunas sociedades distintas a la nuestra se deje para mañana lo que puede hacerse hoy.

Vosotros los europeos tenéis los relojes, pero nosotros tenemos el Tiempo
(proverbio africano)

sábado, 28 de febrero de 2009

A veces es una cárcel



(Fotos: Vicky Cristina Barcelona)




A casi nadie con los que he hablado le ha gustado especialmente. No sé si tal vez por comparación con la anterior y extensa obra de Allen, que es óptima casi en su totalidad.

De esta película había oído hablar mucho, pero siempre en el contexto de la ciudad, el director y el trío de actores-estrella. Pero fijaos, a mí una de las tramas "ramificadas" de la principal me ha tocado. No me refiero, claro, al triángulo que forman Johansson-Bardem-Cruz.

Me refiero al papel de Vicky, interpretado por la para mí desconocida (hasta anoche) Rebecca Hall. Un personaje que no me esperaba, sinceramente, y del que ni siquiera tenía referencias, aunque leo hoy que fue nominada a los Globos de oro por este papel.

Yo -siguiendo con mi tendencia a fijarme en los que pasan más desapercibidos (me pregunto por qué haré eso :P)-, me fijé especialmente en ella, para mí quien realmente vive la historia y a quien realmente suceden cosas.

Sin destripar la peli explico brevemente que a dos semanas de su boda siente peligrar la certeza que hasta ese momento creía tener con su prometido al cruzarse otro hombre en su vida, que la seduce, la marea y la enamora.

He tocado esto por encima en otras ocasiones (aquí o aquí), y me da la impresión de que puede resultar un tema incómodo para mucha gente, porque en principio parece ser incompatible el estar enamorado de una persona y sentir atracción por otra.

También he hablado de ello con algunas personas, sobre todo mujeres. Más o menos todas se aferran a la seguridad y el cariño que proporciona la estabilidad conyugal. Que es más fácil decir eso está claro, aunque prefieran o preferirían relacionarse con otros hombres más horas al día de las que dedican a sus maridos...

En muchas ocasiones noto vendas en sus ojos, en otras veo vidas encarceladas pero resignadas, incluso felizmente resignadas. Una vez me preguntaron al respecto de una decisión que tomé cuando me sucedió a mí:

- "¿Te ha valido la pena?"

Yo respondí que claro que sí. La primera señal de respeto es hacia uno mismo; si queremos ser coherentes con nuestra vida no debemos engañarnos, y menos disfrazar la resignación y el tedio adornándolos con palabras de autoconsuelo que ni nosotros mismos nos creemos cuando las decimos.

Ahora voy a seguir desde la suposición. Voy a creer lo que dicen esas personas, que se sienten enamoradas de una sola persona pero al mismo tiempo notan cómo un imán las empuja hacia otra casi sin querer.

¿Es posible querer a dos personas a la vez... y no estar loco? Me aprovecho de la coplilla popular. ¿Puede el cerebro dividir sus sentimientos entre dos? ¿o que uno sea la pasión y otro la razón? o que uno sea meramente platónico e intelectual y el otro físico, terrenal, brutal?

¿Os ha pasado? ¿qué hicisteis en ese caso? ¿decidió la razón... o el corazón?

Canta Aute:

No sabes el dilema que me crea pasar de todo y no decir ni mu
por eso estoy aquí, maldita sea, plantando cara como harías tú

Lo que sucede es que me he enamorado, como el perfecto estúpido que soy
de la mujer que tienes a tu lado, encájame el directo que te doy

Una de dos, o me llevo esa mujer
o entre los tres nos organizamos
si puede ser

(...)

Que esa mujer me quiera no es tan raro
si piensas que a ti te quiere también
lo más terrible es que lo ve muy claro,
pretende no perderse ningún tren

jueves, 26 de febrero de 2009

Trenes





Últimamente, la mayoría de las veces, sea cual sea la circunstancia "positiva" que esté pasando, tengo la terrible sensación de que llega tarde...

No sé, el recurso de los finales felices y que al final se sepa quién es el asesino y el acusado-inocente quede inmune está muy bien para el Cine, pero ¿qué hay de la vida real, sin guiones previos escritos?

Sí, mejor tarde que nunca, eso está clarísimo, pero... ¿y mientras? El mientras en que te sientes gilipollas, el mientras en que notas que te están tomando el pelo en tu cara, el mientras en que sufres, el mientras en que eres indiferente para casi todos, o peor aún, el mientras en que eres el hazmerreír de muchos...

Demasiados mientras para, llegado el caso, poder disfrutar plenamente de los giros inesperados de fortuna.

Recuerdo esa escena en La Milla Verde, cuando el gigante John Coffey lleva en brazos los cuerpos inertes de las gemelas, y llorando desconsoladamente repite varias veces:

-"El mal ya estaba hecho..."

A eso me refiero, salvando las distancias, claro. Algunos momentos perfectos, que parecen casi irreales por haberlos imaginado tantas y tantas veces en sueños despiertos, pierden buen sabor y se tornan rancios por llegar demasiado tarde. Claro, igual que el tiempo pudre frutas, pudre también sensaciones, que hubieran sido mejores y más saboreadas... de haber llegado a tiempo.

Como si a los treinta te compras el juguete que quisiste con todas tus fuerzas a los diez años... No, no es lo mismo.

Tal vez sea que uno al final ya está cansado.

Florentino Ariza se debió sentir feliz... pero agotado. Y Nelson Mandela tuvo su final feliz, pero estaba cansado... e incluso el tiempo dará la razón a quien ahora parece que no la tiene, como se la dio a Galileo , a Ignaz Semmelweis, o a Sanz Briz... pero siempre, siempre, demasiado tarde.

Lo más desolador, lo único verdaderamente desolador que hay en este mundo, es tener que exclamar:
¡ya es tarde!
(E. W. Stevens)

Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se pudo
(Marie Von Ebner-Eschenbach)