sábado, 21 de noviembre de 2009

Sudar recuerdos

(Dibujo de Ágreda)

"El otro día, saludando a un amigo, por momentos me sentía Isabel Tenaille... ¿recuerdas ese programa? Buff, me encantaba, qué nervios cogíamos, cómo se le salía el corazón por la boca a Miguel de la Quadra-Salcedo, con aquel cronómetro allí abajo a la derecha (yo lo recordaba a la izquierda, ejem), el tiempo agotándose vertiginosamente, y él tirándose casi al vacío antes de que el helicóptero terminara de aterrizar..."

"Yo hacía ese juego para los de clase; y escondía un tesorito en el Paseo, donde los columpios, y les daba papeles con pistas a todos, con textos encriptados por y para mentalidades de diez u once años. No recuerdo, quizás fuera una cajita de cerillas costumizada con algún monigote pintado encima, algún Snoopy -me salía bien-, o algo inventado... y dentro, puede que dentro metiera un chicle Niña, de esos que llevaban un cromo para el álbum de vestiditos, o un juguetito de esos de peseta"

"Y aquel club, con aquellos carnets a los que dibujaba las caras de las amiguitas. Y en el patio de casa de mis padres con el martillo dale que te pego a los cantos de las latas de refresco, agujereándolas para hacer bolsitos personalizados, como regalo de bienvenida, ni que fuera un Rotary".

"Quería tener el juego de "Los Sabios", quería ser como esos niños que iban a concursar allí. Pero los de los pueblos nunca salían en la tele entonces, todos eran de Madrid o Barcelona mismo; no sé si la tele no financiaba los desplazamientos, o si es tal vez que yo recuerdo eso, que todos eran o de un sitio o del otro. Bah, qué más dará, la cosa es que no fuí, y me quedé sin el juego, que no sé bien si era para los que ganaban, o el premio de consolación; ¿quién dijo que el dos fuera peor que el uno, o el uno mejor que el dos?"

"Sí, "Si lo sé no vengo" era una pasada. Adrenalina en estado puro, pero ahí ya mirábamos cómo concursaban los demás, los "mayores". Y ¿qué me dices de "El tiempo es oro"?, eso ya eran palabras mayores. Cuánto sabía esa gente, qué lejos estaban..."
  
"Y digo yo... tú cuando sudas, debes sudar recuerdos ¿no?"

lunes, 16 de noviembre de 2009

El puzzle más grande del mundo


A veces uno está estudiando, o haciendo como que estudia, y ve ante él una montaña infranqueable que lleva años ya intentando alcanzar y no hay forma, no hay forma, no hay forma...

Pero todo en esta vida creo yo que puede enfocarse de otra manera, y podemos darle un giro de calcetín a lo más dificultoso a lo que nos enfrentamos cada día para que nos resulte, al menos, más suave de llevar. Tratar de verle el atractivo a aquello que ves/haces a diario y que simplemente es, cuando en realidad te gustaría que fuera mejor - o, al menos aceptable- y ver que no, que no... pues llega a consumir, a desmotivar.

Por suerte para mí, ahora empiezo a no tirar la toalla. Sé cuáles son mis limitaciones y que nunca conseguiré hacerlo bien, lo que se dice bien; sé que en todo caso me quedaré en la mediocridad, ni chicha ni limoná, que dicen por los sures, pero cada vez lo tengo más asumido y me afecta menos. Creo que una de las motivaciones que he tenido para pensar así es, por ejemplo, encontrar de repente, mientras ojeas un libro de estudio, una historia que no sabes por qué  pero te atrapa y fascina.

Como no sé cómo funciona el mundo del periodismo por dentro, aunque mi amiga Elena siempre dice que soy periodista frustrada -por lo de largar, más que por lo de contar, pienso yo, je-, no sé cómo enfocar el asunto de contar algo que ya está contado. Lo intentaré, al menos, tratando de que quede lo menos parecido a un cuento posible, que es lo que me temo, conociéndome:

Como sabéis todos, y más por las fechas en las que estamos, el otoño de 1989, cayendo el muro de Berlín, cayó a su vez un estado entero, lo que antes llamábamos República Democrática Alemana, la parte oscura de ese país tan grande e interesante; el negativo -podría decirse así- , de ese otro positivo que era la República Federal.

Obviamente, aquello fue un caos absoluto, y nos podemos imaginar cómo sería vivir esos meses en que se mezclaban dos mundos unidos físicamente y separados psíquicamente. Me parece a mí que solamente compartían lengua (y bien cabrona que es), y, y, y... pues cierto pasado y una lejana cultura -esplendorosa cultura, podría decirse-, de grandes pensadores, músicos, escritores...

Así estando las cosas, sucedió lo siguiente:

La Stasi ( Staatssicherheit, policía secreta de la RDA), intentó deshacerse lo antes posible de los informes secretos sobre multitud de sus habitantes; primero con trituradoras, y cuando éstas ya no daban más de sí con los papeles originales, lo hicieron a mano. Las multitudinarias manifestaciones ciudadanas pararon el proceso de destrucción masiva de los datos acumulados a lo largo de 40 años.

Años más tarde, se desclasificaron dichos documentos, y toda persona presumiblemente afectada, observada y fichada por la Stasi, pasaba a tener todo el derecho a consultar sus papeles si así era su deseo.

Hasta octubre de 2000, 1.700.000 personas habían solicitado ver sus fichas, que, claro, estaban esparcidas en 600.000.000 de pequeños trozos, ilegibles. Se calcula que en total habrían 45.000.000 de documentos hechos trizas.

Hasta 2007, fecha de la que se tienen las últimas noticias, solamente 320 sacos pudieron volver en sí.

Pero siempre hay alguien que piensa más que los demás, y un empleado del Instituto Fraunhofer, junto con una empresa filial de la Lufthansa, ingeniaron un sistema de escaneo y reconstrucción. El programa informático se fija en el color del papel, la letra, los sellos, y sobre todo, en el canto de papel donde quedan las marcas del corte -como un puzzle, talmente. Se estima que los diez ordenadores que trabajan a destajo en esta causa, tardarán al menos cinco años en concluir todo el proceso.

¿Creéis vosotros que, una vez conseguido esto, no es posible conseguir cualquier cosa, siempre que dependa de nosotros mismos?

domingo, 15 de noviembre de 2009

Cicatrices

(The Reader)

Acabé a las once y media ya pasadas de verla. No sé si lloré por ella o por otras cosas, pero estoy casi segura de que ella me ayudó a poder llorar por otras cosas.

El drama alemán sigue estando demasiado latente: "no hables nunca con un alemán sobre eso", "trata de no sacar el tema", "es demasiado delicado", "duele en demasía"...

De la película me quedo con una frase, dicha por el profesor. Cómo escucha el profesor, qué difícil poder poner esa cara al escuchar...

"Lo que sentimos no es importante, no tiene ninguna importancia, porque la única cuestión es lo que hacemos. Si las personas como usted no aprenden de lo que nos pasó a las personas como yo, ¿qué puñetero sentido tiene nada?"

De lo otro, de lo que pienso que me hizo llorar, me quedo con un diálogo. Solamente tiene una dirección, casi sería mejor llamarle monólogo:

"Eso se acabó, ¿verdad?"
" ... "

Él la mira, pensando quizás en los sentimientos de hace más de veinte años, pensando que ella fue la mujer, que no habrá otra que pueda ocupar su lugar en la vida, ni aunque viviera dos, tres vidas. Pero que, aún queriendo, no es, ya no lo es.

Y entonces pienso que a veces es tarde, que demasiadas veces es tarde; que qué difícil es el vivir mientras, así como lo sacan en los metrajes de dos horas aproximadamente, en que de un plano a otro ya han transcurrido cinco, diez, quince años, como si nada.

Pero sí he llegado a una conclusión sobre las personas viendo esta película: a veces, en algunas circunstancias, lo mejor es poner tierra de por medio. Solo así puede uno llegar a valorar algo que en ocasiones piensa que tal vez le sobra o le es prescindible... o tal vez sea uno mismo el que sobre o sea prescindible a otros.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Fe


Y claro, después de una paranoia surgida entre risas de jueves noche -ay, los jueves, otro día digno merecedor de una entrada...- , viene ahora el por qué de esa inspiración tan escatológica, como la ha definido mi profe universitario prefe a primera hora de la mañana cuando le he consultado: "¿qué hago?, ¿la quito?", con cara de no haber roto nunca un plato (y eso que no me veía, jeje). La cosa es que sólamente recuerdo haber roto dos a lo sumo en mi vida, y son ya años fregando a mano, conste.

Vino todo por la búsqueda de ranas, y por evocarme ella esos paisajes que tantas y tantas veces he rememorado aquí y allá: los que nos muestran los Estados Unidos de tirantes, pantalones de tergal dos dedos por encima del tobillo y vallas de veranos secos como el que me da los buenos días cada vez que enchufo el ordenador. La época de la Coca-Cola bebida a morro allí y nuestro horterismo, ridiculismo y atraso aquí por causas ajenas a la voluntad de muchos. Vivir para ver, pero así fue, y así se tiene que contar.

Y el color amarillo, ese color amarillo que tengo tan visualizado en mi cabeza y me veo incapaz de describir, ya que tiende a amarronarse, a volverse cálido, a dar la impresión de que al tocarlo se vuelve acogedor, como cuando pasas del destemple al agua caliente en la ducha, o cuando te sientas en una silla de la que alguien acaba de levantarse.

Hay varias de esas películas, y no soy tan cinéfila -aunque últimamente me estoy aficionando gracias a haber conocido a personas que sí lo son-, pero me vienen a la cabeza "El río de la vida", por ejemplo, y una de mis preferidas: "El inolvidable Simon Birch".

El personaje, como principales valores, tiene, aparte de una gran autoestima y superior sentido del humor, una enorme fe, un convencimiento no sé si alcanzado mediante intuición, sexto sentido o religiosidad, de que está en la Tierra para algo.

¿Cuántas veces habéis pensado en ello? ¿Quién, en días de esos bajos, no piensa en por qué está aquí? ¿Quién, teniendo cualidad humana de raciocinio, de sentimiento, de conciencia del ser, no se ha parado a pensar a qué venía todo esto?

Simon lo tenía claro, y pienso que pocos serán capaces de no emocionarse viendo esa película, francamente. No sé si es en el fondo una cualidad envidiable esa, la de la fe. En todo caso, hace a la gente más feliz, ¿no?

No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo
(Leon Tolstoi)

Quien pierde su fe no puede perder más
(Publio Siro)

jueves, 12 de noviembre de 2009

"Suicidios" naturales


Cuando estuve en un piso de estudiantes, recuerdo que una de mis compis me sorprendió -no digo ni grata ni negativamente, simplemente me sorprendió-, con su peculiar manera de hacer de vientre. La tía se colocaba acuclillada encima del WC, así, desafiando al destino, a la gravedad, a todo, ya que, vete tú a saber si en ese momento te baja un poco la tensión, te mareas y allá que vas tú por el suelo, de morros contra las baldosas. Y todo por querer acelerar un proceso que debería bajar suave, natural y finamente sin tanta puesta en escena (y nunca mejor dicho).

Luego, como fiel seguidora a la hora de comer de la etapa de La Botica de la Abuela presentada por Txumari Alfaro -uno que había vivido en todas partes y a mí como que no me cuadraba su edad con tanto mundo; digo yo que uno de sus trucos sería el del elixir de la eterna juventud, porque si no... pues no me cuadraba, insisto-, lo ví enseñarnos otro truco para el alivio del estreñimiento, consistente en levantar ambos brazos al alto el máximo posible durante el momento C.

Até el consejo de mi compañera Laura con los brazos al alto que aconsejó Txumari, y vi un ejercicio más propio de una Pinito del Oro que de alguién con dificultad cagueril, francamente.

Luego, en la historia, se han cometido todo tipo de atrocidades, como aquella barbaridad que le hicieron a una chiquilla de nueve años tratándole de sacar al diablo por la vagina, vaciándola por dentro a palo seco, y lo que es peor, con la madre asintiendo :( (La gente está zumbada, que diría Espejo ;))

Bueno, todo esto viene por una conversación surgida esta tarde con un amigo. Quedé en que, cuando llegara a casa y pudiera investigar, le daría todos los datos referidos a un remedio risible y a saber si eficaz- que eso nunca se sabe hasta que no se prueba-, para quitar el alcoholismo en las personas. Como justamente este verano conseguí el libro de La Botica al precio de un euro en un rastro (no todo son cosas raras, también hay recetas :$), ahí rescaté esta joyita del anonimato.

Se trata del remedio de Fray Anselmo, que parece datar de 1680:

"Introducir cuatro ranas vivas en un recipiente junto a la bebida preferida de la persona a tratar: vino, cerveza, ginebra, etc. Dejar macerar durante 24 horas. Pasado este tiempo, introducir de nuevo la bebida en su botella, retirando las ranas (aquí me meto yo para decir que supongo que las ranas se retiran ya en modo cadáver).
Según este antiquísimo remedio, que ya nadie utiliza (sic), la persona que beba el brebaje macerado no notará ningún sabor especial; sin embargo, terminará aborreciendo la bebida en el término de un mes, aproximadamente"

Bueno, lo prometido es deuda, y aquí queda por escrito que de todo hay en la viña del Señor, que suele decirse.

martes, 10 de noviembre de 2009

Dos


Dos que, pese a conocerse, no se conocen tanto. Dos que, pese a tener poco motivo y nula lógica para estar en el mismo lugar, coinciden allí. Dos que entran a cenar al primer sitio que ven, después de cervecear un rato entre risas y música de fondo. Dos que se intercambian cucharadas de postre, o postres enteros. Dos que deciden tomar la última en el primer sitio ruidoso que pillan. Dos que cierran el garito, pero el destino o llamémosle X,  juega con la luz exterior -a su favor- y sigue siendo de noche, porque así es mejor. Dos que deciden dar un rodeo riendo sin parar, y parándose a terminar de contar aquello que se están contando. Dos que se encienden un cigarro, aunque uno ya apenas fume -o no fume ya para nada-. Dos que se paran unos instantes y advierten el frío que hace, exhalando vapor por sus bocas y llevándose las manos a los bolsillos. Parados y hablándose, en mitad de la noche.

Hay miradas que lo dicen todo. Hay miradas que hacen que un pato feo se sienta menos feo, y uno no se imagina su rostro como el que ve a diario en el espejo del baño cuando se levanta de la cama, o cuando tiene días malos... si es mirado así. En ese instante, uno ve lo mejor de su rostro. Su cuerpo e imperfecciones poco cuentan, y sus ojos son vistos como únicos, pese a ser del color de la mayoría de ojos que conoce, o sea nada del otro mundo. Y uno sonríe ante el otro, que lo mira, y es consciente de que en ese momento su sonrisa es cautivadora, seductora, atractiva.

Dos que no deberían estar allí, insisto. Con sus parejas respectivas -si es que las tienen- con sus empleos tan dispares y lejanos. Con sus edades tan distintas.

Dos, que, diez años antes, nunca hubieran imaginado conocerse y estar allí en ese momento. Dos que no quieren admitir -ni siquiera para sí- que se gustan de cierta manera, que se quieren de cierta forma. Que cualquier excusa es buena para verse, que cualquier excusa sirve para descararse ante sus más allegados, para así sentirse bien, pese a ni ellos mismos saber qué les está pasando.

Dos, que llegado el momento de despedirse, no saben cómo hacerlo, y tienen presente que ese momento está ahí, existe, pero sólo durará un ratín. Y uno no sabe qué hacer, el otro no sabe si arriesgarse. Mientras, el frío aumenta, el tiempo pasa; no saben cuándo será la próxima, ni si estarán solos como ahora.

Dos que quieren probar al otro, rozando aunque sea los labios, y no osan hacerlo para no fastidiarlo, quizás temiendo el rechazo, y quizás ambos esperándolo.

Quién sabe...

lunes, 9 de noviembre de 2009

Intuición


Hablando hace ya muchas tardes con  ^*  ç&%$@ de números hechos y vistos como colores y extrañas conexiones cerebrales que causaban facultades fabulosas, como saborear formas u olfatear sonidos, salió -otra vez- el tema de la intuición.

Me reconozco firme defensora -si es que es algo "defendible"- de ese  "don" (y lo llamo "don" porque lo presupongo positivo y hay personas que lo tienen más desarrollado que otras)

Dos de los filósofos "de cabecera" - y puede que de los que más se nos quedaron sus enseñanzas después de los años de Instituto-  nos lo explicaron de forma clara. Uno fue  Kant:

"En su sentido ordinario o vulgar, esta palabra se refiere a un conocimiento oscuro, generalmente referido a los acontecimientos futuros; sin embargo en filosofía utilizamos esta noción para referirnos a una relación cognoscitiva privilegiada: frente al conocimiento de una cosa que no tiene a su base una experiencia inmediata de ella (por ejemplo el conocimiento puramente conceptual), la intuición es el modo de conocimiento en el cual el objeto conocido se encuentra presente, "en persona", ante el sujeto que lo conoce". 
(Kant admite la intuición empírica o sensible (sensación) pero no la intuición intelectual)

El otro,  Descartes:

"... los dos actos de nuestra inteligencia o razón gracias a los cuales podemos llegar al conocimiento cierto son dos, la intuición y la deducción. La intuición no es el testimonio de los sentidos ni el juicio engañoso de la imaginación sino la concepción que nace o tiene su origen en las “solas luces de la razón”. Es más segura que la deducción y no deja lugar a dudas de aquello que comprendemos"

Yo sigo empeñada en conceder valor a ese sentido, que no puede ser medido, ni pesado, y en muchas ocasiones contrastado (sobre todo si no hay colaboración y se nos "oculta" información), pero es obvio que ahí está, sin embargo. Por ello, no dejo de alegrarme por lo que nos hace llegar Punset a través de entrevistas (aquí), y también en su blog:

"... ahora la ciencia nos ha descubierto que cuando no se dispone de toda la información necesaria para resolver un problema es bueno fiarse de la intuición como una fuente de conocimiento tan válida como la razón (...) Este es un mundo muy distinto del que yo había descubierto de pequeño: entonces la intuición no se podía tomar en serio, sólo era válida la razón, y nadie sabía lo que nos pasaba por dentro." 

Bien, en aquella conversación salió el ejemplo tan claro que tenemos en los animales  (esas historias que  hemos oído sobre algunos de ellos capaces de predecir terremotos, etc), y  por primera vez apareció la palabra instinto. Parece ser que el proceso mediante el cual algunos animales son capaces de anticiparse a hechos viene dado por su propia biología:


" ... se define como una pauta hereditaria de comportamiento (...). Concepciones sostenidas tanto desde la Biología como desde las ciencias sociales (Antropología, Psicología, Sociología), han procurado demostrar que el ser humano carece de estas pautas complejas, aunque sí trae consigo otros tipos de mecanismos más simples como el reflejo. El psiquismo humano surgiría entonces como una forma adaptativa que procura suplir las falencias biológicas incorporando un determinismo que no tiene relación directa con lo biológico, sino que es psíquico, aunque se apoya en aquél".

Bien, algo queda claro, me parece a mí. No se trataría pues de dar crédito o creernos todas las películas que nos montamos en la cabeza, ni de dejar que la imaginación hable por sí misma sin base alguna, pero ¿qué sucede cuando algo simplemente "se sabe", o "se nota"? O, lo que es "peor", ¿y cuando finalmente aquello que "sospechábamos" o "imaginábamos" resulta ser cierto?

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Señales


 Cuando conduzco por carreteras escondidas es normal encontrarme con reclamos con globos de colores amarrados a un margen, indicando un cumpleaños en alguna casa esparcida por el término. Da igual que sea en mi pueblo que en los andurriales de las ciudades. Allí están esos globos, señalando cercanos griteríos de niños, velas sopladas y trozos de papel de regalo roto esparcidos por el suelo.

A veces, me encuentro ramos de flores en curvas malditas, o cruces plateadas, o señales de mordisco donde alguien tuvo un accidente.

Cuando entro en la capital, leo mensajes de amor escritos con letras enormes en las inmediaciones de las vías del tren, con grandes corazones y flechas cruzándolos.

Antes, cuando era menos ingenua, me gustaba esparcir señales, guiños, por donde fuera que escribiera, por donde fuera que pasara. No me paraba a comprobar que la persona o personas destinatarias se dieran por enteradas. Lo dejaba al azar, confiando en que si alguien lo leía, se pudiera sonreír con aquel detalle insignificante. Si no reía, si no se daba cuenta, era porque realmente entre nosotros no había nada. Porque cuando hay algo, no es necesario más;  se ve, se intuye, se lee entre líneas. Se sabe.

No la llegué a conocer nunca en persona; de hecho, desconozco cuál era su nombre. Sí la intuía amable, risueña. El trozo de mundo donde nos cruzamos la hacía distraerse de sus problemas, que no eran pocos.

Hay ausencias que se notan. Y así, después de intercambiar algunos correos cortos y llenos de buenos augurios, ella desapareció.

No fuí la única que se dio cuenta, a decir verdad nunca podré saber cuántos fuimos los que nos dimos cuenta. Yo, por si acaso, poniéndome en su lugar y pensando en qué me haría ilusión a mí, le dejé miguitas para cuando regresara.

Fueron pasando los meses y ella no regresaba. Tampoco me respondió las últimas veces, claro.

Ayer "la vi" de nuevo paseando entre el resto de gente. El corazón me dio un vuelco, y ya pensé que al final las cosas siempre salen bien cuando uno es joven y tiene ganas.

No me respondió, pero no me importó en absoluto. Un regreso después de un tiempo tan prolongado tiene que tomarse su tiempo, y habituarse de nuevo poco a poco, reacostumbrarse a la rutina.

Hoy recibí una carta: no era ella quien paseaba, era su hija. Mediante una intermediaria, me hizo llegar un mensaje.

Ella nunca pudo leer aquellos mensajes, ni tampoco responderlos. Aquello no salió bien.

Me quedo con su pensamiento, que -como bien me comentó un día-, se parecía mucho al mío:

"Cada día cuenta; si hoy no es bueno, mañana puede ser el mejor"

martes, 3 de noviembre de 2009

Ironman


 
"....El hijo le preguntó a su padre, 'Papá, participarías en el maratón conmigo?'

El padre respondió, 'si' . Fueron al maratón y lo completaron juntos.

Padre e hijo fueron juntos a otros maratones. El padre siempre decía 'si' a las solicitudes de su hijo de participar juntos en las carreras.

Un día, el hijo le preguntó a su padre, ' Papá, vamos a participar juntos en el 'Ironman'?

El padre le dijo "sí, también."

El triatlón Ironman abarca 2,4 millas (3,86 kilómetros) nadando en los océanos, seguidas por unas 112 millas (180,2 kilómetros) en bicicleta, y terminando con unas 26,2 millas (42,195 kilómetros) de maratón a lo largo de la costa de Big Island:


domingo, 1 de noviembre de 2009

Berlín


En un final de año en que muchos medios de comunicación se hacen y harán cargo de recordarnos la efemérides de ese acto tan bello como simbólico que fue la caída del muro de Berlín, no puedo dejar de recordar cómo Víctor Chiner Belenguer -profe de Historia Contemporánea en COU-, entró un día en clase y nos empezó a contar y explicar algo que tal vez él mismo vivió con excitación por ser consciente de cómo podía influir en nosotros sus alumnos.  Hasta el año anterior, la Historia nos había sido dada sin tocar el mundo moderno -por currículo- , y ese curso teníamos temas que nos tocaban más de cerca. Cambiaba la historia, cambiaban los mapas políticos - que no físicos- , y había sucedido precisamente el otoño anterior. Éramos, podría decirse, contemporáneos de un hecho histórico sin precedentes.

En un año en el que estábamos más pendientes de cómo nos saldría ese fin de semana el asunto del jijiji jajaja y el ligoteo, esa asignatura era nuestra toma de contacto con la actualidad del momento y con el pasado más reciente, que conocíamos de oídas y de alguna película suelta.

La revista Tiempo regaló incluso un trocito de muro del tamaño de una nuez, numerado y certificado. Nos mostró para ello un reportaje gráfico con diversas fotografías donde el equipo se retrataba con una enorme piedra, y cómo la habían trasladado a la redacción en España para hacerla añicos y meter cada uno de ellos en una bolsita (suena cutre, pero así fue). Es una putada enorme la infructuosidad de las veces que he tratado de encontrar esa piedra -que compró uno de mis hermanos-, pero si vivís en casa de pueblo típica, sabréis cómo son esas casas, con sus enormes cambras llenas de trastos y sus húmedos sótanos llenos de cajas donde se almacenan objetos que terminarán volviéndose inservibles por la misma humedad y el abandono. No pierdo la esperanza de encontrármela algún día, con lo tenaz que puedo llegar a ser cuando quiero. Y cuando llegue el día, ya procuraré que no vuelva a traspapelarse, ya.

Bueno, estos tiempos me llevan irremediablemente a Alemania. Me llevan por algunos de los más grandes filósofos a los que releeo ahora, por la lengua que estudio -ahora ya más en serio-, y por el mismo recuerdo del día en que se unió lo que nunca debería haberse separado. ¿Véis? es ley de vida, lo que tiene que ser, es, se necesite el tiempo que se necesite.

Hay una magnífica peli donde sale uno de esos actores con ángel que todo lo que hacen lo hacen bien. (expresión más propia de abuela de que de fan, jeje). Tenemos la enorme suerte de tenerlo entre "los nuestros" por tener doble nacionalidad, y al mismo tiempo, a los que lo admiramos no deja de alegrarnos verlo triunfar en todos los países en los que trabaja. El actor es, cómo no, Daniel Brühl, que nos enterneció en La última primavera, y nos hizo rabiar en Salvador. La película -que os recomiendo ver- es Good bye Lenin!, y es de esas que todos deberíamos ver, por contar una historia tan rocambolesca y al mismo tiempo tan creíble, viendo cómo está el mundo de loco.

Termino mi post con una canción dedicada a esa ciudad que es capaz de inspirar tanto con su mención: Beelin...



"In Berlin by the wall
You were five foot ten inches tall
It was very nice
Candlelight and Dubonnet on ice
We were in a small cafe
You could hear the guitars play
It was very nice
Oh, honey it was paradise"

jueves, 29 de octubre de 2009

El cubo mágico


Bueno, como bien nos dijo un anónimo hace dos entradas, lo importante es la actitud :D.

Hay rachillas en las que parece que te haya mirado un tuerto, pero entonces uno tiene dos opciones: dejarse arrastrar por la corriente mierdil o dar la vuelta a la tortilla per collons.

Para eso contamos, aparte de con nuestro propio ánimo, fluctuante él y más moldeable que la plastilina, con todo un sistema neuronal de asociaciones, simbología y supersticiones cutrecaseras.

Mi regalo de cumple fue una inundación en la cocina en toda regla. Allí estaba ella esperándome a las ocho y cuarto de esa mañana. No deja de ser una sensación rara eso de ir con los pantalones remangados, el calcetín a la vista y las juntas de los zapatos oscurecidas por la humedad mientras fríes croquetas, por no hablar de la odisea que supone cruzar hasta el patio, desafiando tres dedos de agua, para poder colgar en el tendedero todas las toallas de baño que tengo por casa, y que pasaron de secar personas a secar suelos.

Pero nada, alegría, alegría...

Luego na, notas miradas aterrorizadas por parte de los compis de clase cuando te da un ataque agudo de estornudera -cagante alarma social-, y mientras tanto, sientes incipientes anginas y dolor pechil. No siendo nada del otro mundo, te empieza a resultar ya un poco acumulativo tanto marrón junto, no sé si me explico.

Por suerte, ayer tarde llegué un rato antes a la ciudad a donde voy a alemanizarme a base de bien dos tardes por semana, y mira tú qué cosas, que encontré parking al ladito de un Mercadona.

Entonces me acordé del cubo de la fregona, que se había roto de tanto usarlo -como el amor de Rocío Jurado-, y me puse a pensar en mis objetos mundanos. A veces lo hago, mientras friego los platos y observo el recipiente que contiene el estropajo, o cuando corro la cortina de la ducha... ¿qué me pasó por la cabeza cuando compré ese objeto? ¿por qué un cubo azul eléctrico? ¿y por qué uno en el que el asa se salía cada dos por tres? ¿y por qué el enorme sofá naranja? ¿y las sillas de polipiel chocolate? por no hablar del frutero, ¿a qué santo un frutero de plástico fucsia con una flor?

A veces cogería todo lo que tengo y lo cambiaría, pero ¿cómo se hace eso? no se puede cambiar algo que funciona y hace su papel sólo por capricho, a no ser que alguien te diga que le gusta y gustosamente se lo regales. ¿Cuántas ocasiones así se nos presentan en la vida? quizás nos cruzamos todos los días por la calle con una pareja paseando al perro que estaría feliz de ver la tele en nuestro aparatoso sofá. Deberíamos tener telepatía en ese aspecto, y que nuestros objetos aborrecidos llegaran a través de la mente a las cabezas de otros posibles dueños para así establecer intercambios.

Ayer medité cinco minutos la elección de mi nuevo cubo. Me pilló hablando por teléfono, y entre medias de una conversación "trascendental" de esas que me gasto, le pregunté: "oye, ¿qué te parece un cubo cuadrado con ruedas?... Uf, demasiado profesional", dijo mi "sufridor en casa". Y cogí uno así gris, como mi vida (licencia poética, no pude evitarlo :P).

Luego decidí simbólicamente que ese cubo marcaría un antes y un después en la rachilla de la que hablé antes, y le atribuí poderes. A partir del 28 de octubre de 2009, y mientras ese cubo habite mi patio, suba las escaleras y sea llenado una y otra vez con agua tibia y amoníaco con detergente, mi actitud será la que tuve después de comprarlo, muchísimo mejor que la que tenía "antes de".

Y ahora ya enlazaría con el simbolismo y las tradiciones mágicas en algunas culturas, pero tendrá que ser otro día. Me emplazo a ello.

martes, 27 de octubre de 2009

Un año más


Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños. 

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro. 

¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto! 

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho

(Cumpleaños, de Ángel González) 

miércoles, 21 de octubre de 2009

Imperfectos

Corroboro que eso que suele decirse de que a veces tenemos algo en el morro y no somos capaces de "verlo" es verdad. Conocía el nombre, su físico, incluso su voz, la música que lo acompaña..., pero nunca me había parado a observarlo con atención y tratar de conocerlo.

Una vez hechas las presentaciones, y habiéndome dado un paseo por el Fondo de Bikini, observo la similitud de esa realidad con la que conozco, y así, imagino que con el resto de realidades ("hay otros mundos, pero están en este").

Bob Esponja, Patricio Estrella, Calamardo, Arenita, Plankton...

Ellos son nosotros, por eso nos llegan. Muchos hemos trabajado en el "Crustáceo Crujiente", y mirábamos por la ventana hacia la tierra de las Medusas fantaseando con que la vida allí sería mucho mejor. Y un día puede que nos despidiéramos de nuestro Señor Cangrejo particular sintiéndonos un Alexander Supertramp de las profundidades... aunque ya sabemos lo que se suele decir: "arrancada de yegua, parada de burra vieja".

Hay algo en los personajes corrientes que nos hace empatizar con ellos, y es la misma normalidad, que no existe para nada ni nadie, pero es lo más alejado que hay de la vida de mentira - esa tampoco es normal- que algunos cuentos nos trataron de enseñar de pequeños.

Cada episodio de Bob Esponja es una realidad, que de tan real nos hace reír a carcajadas. A los niños, porque ven situaciones grotescas, exageradas. A los mayores, porque vemos el sentido del humor en las propias desventuras que nos cuentan, y nos las hacen ver envueltas en burbujas, con muchos colorines y con la musiquilla de marinero de las pelis de piratas inglesas.

Un gustazo escuchar al capitán cada noche decir: "¿Estáis listos, chicos?(¡¡¡sí, capitán¡¡¡) ¡¡¡No os oigo!!! (¡¡¡sííííí capitán!!!) ¿quién vive en la piña en el fondo del mar?"

martes, 20 de octubre de 2009

Divagaciones sobre la atracción (II)


"Numerosos lectores" de "esto" me han pedido encarecidamente (:P) que haga una segunda parte de la entrada llamada igual que ésta, pero con el (I) (eso me pasa por poner un (I) después de un título, que ya me vale...). De cualquier manera, no me gusta que con lo que digo o escribo yo suceda lo que comenté en la última entrada, y voy a tratar de dar coherencia al menos al hecho de haber puesto aquel (I) aquella vez...

Analizaré -si se me permite la palabra- el quid, pero desde la posición completamente opuesta a la atracción, o sea, desde la repulsión (era la única manera de dar coherencia al (II). No se trata de echar piedras sobre mi tejado diciendo que la conozco de primera mano -aunque la conozca-, pero sin llegar a considerarme una "cagasiempre", una tampoco es una Mata-Hari de la palabra, y puede ser interesante ver por qué.

Ayer estuve hablando de ello con alguien que se reconoce mucho más hábil que yo en esta "destreza", o mejor podría decirse que soy yo misma la que se la reconozco a él , ya que la reconozco en mis carencias por no ser consciente ni hacer uso de ella.

El quid sería, pues, la existencia de los diferentes lenguajes no explícitos que se dan cuando hablamos. Muy interesante me pareció que me diera a conocer los términos Pragmática y Semiótica, que sinceramente me sonaban de oídas nomás. La filosofía del "Eres lo que haces", que puede contraponerse al más esclavizante "Eres lo que dices", podría ampliarse utilizando la equivalencia del "haces" al "cómo lo dices", que también implica acción.

Bueno, que me desvío...

Leyendo a veces textos de personas muy no sé si llamarlas viscerales, seguras de sí mismas o sobradas (eso dependerá del día, no sé), se puede llegar hasta donde radican sus "fallos comunicativos" , que son los que pueden llegar a causar repulsión. Nos atenemos pues a los principios cooperativos de Grice:

Máxima de Cantidad (en relación con la cantidad de información que debe darse):
- Haga que su contribución sea todo lo informativa que el intercambio requiera.
- No haga que su contribución sea más formativa de lo que el intercambio requiera.

Máxima de Calidad (referida a la verdad en la contribución):
- No diga lo que crea que es falso.
- No diga nada de lo que no tenga pruebas adecuadas.

Máxima de Relación o Relevancia (comprende la máxima que Grice denomina "vaya usted al grano"):
- Haga su contribución relevante.

Máxima de Modalidad (la supermáxima es "sea usted claro"):
- Evite la oscuridad.
- Evite la ambigüedad.
- Sea escueto.
- Sea ordenado.

Partiendo de estas premisas, podemos analizar un texto o discurso, escrito o escuchado, y ver dónde radicaría su mayor o menor "responsabilidad" en el efecto que ha causado. Imagino que interese más cuando éste ha sido negativo (repulsión), que cuando ha sido positivo (atracción), por la posibilidad de corrección que esto implica (algo que gusta en principio no tendría razón de corregirse).

Bien, ya tenemos la teoría aprendida. Empezando una relación desde cero, conociendo estos datos desde el principio, según la persona que me lo explicó, uno debería ser capaz de atraer en principio a cualquiera con el arte de la palabra, dicha o escrita. Sería digamos como una "técnica de seducción": comunicación adecuada, sin fisuras, tono correcto, palabras las justas y apropiadas (esto da para otra entrada más, lo de "regalar al oído"...).

Ahora bien, en este preciso momento me surge una duda:

¿No será todo muchísimo más fácil que todo esto que acabo de poner? ¿no será más cuestión digamos... de piel?

Más info sobre Semiótica (sin desperdicio): aquí.

domingo, 18 de octubre de 2009

Un detalle

(El futuro no está escrito)

Después de un giro inesperado hace un par de semanas que cambió la fecha de una feria que teníamos programada -y en la que no podía dejar de estar-, y viendo que coincidía exactamente con un viaje programado mucho antes por un grupo de gente que frecuento de una u otra manera, me encontré a mí misma buscándome estos días.

Me sentí con ganas y al mismo tiempo con temor, con ilusión de improvisar y al mismo tiempo con pena por no creerme capaz ni siquiera a última hora, aún pudiendo; mirando de refilón billetes de tren como quien no quiere la cosa -pero queriéndola-, y sintiendo - por qué no decirlo- mariposillas en el estómago de pensar en la posibilidad de atreverme y de encarar mis miedos y subir para arriba simplemente a disfrutar y reír. Y, sobre todo, a afrontar las cosas como han venido, sin más.

El miedo es paralizante, la incertidumbre desconcertante, la inseguridad determinante, y una sigue siendo una niña de diez años en muchos aspectos de su vida, para bien y para mal.

En ratos laborales, entre medias de emails y pequeñas y patateras traducciones (alemán, escucha:¡algún día me haré contigo!), el dedo se me iba a webs de transporte, fantaseando en cómo haría para avisar a los organizadores, en si se podría hacer un hueco en la comida, en, en...

Bueno, los cobardes somos asíN, que diría aquel. El proceso de encarar algo a unas personas nos cuesta más que a otras, y mientras vamos postergando actos nos evitamos situaciones que prevemos chocantes o dolorosas.

Finalmente, como es de imaginar leyendo las líneas anteriores, no fui.

Bien, el día de ayer tuvo sus buenos momentos, disfrutando de un ratín con un hermano al que veo de uvas a peras, e improvisando una cenita con amigas de toda la vida, con todas las risas que eso supone.

Cuando llegué a casa eché una ojeada al pc, que siempre anda en marcha. Tenía un mail. No altero la intimidad que supone si cito una sola de sus líneas:

"Me hubiera encantado verte; también he echado de menos a x, y, z, ...; sí, parece mentira pero os he echado de menos"

No aprecio más a esta persona después de esta noche de lo que la apreciaba ayer. Las palabras, sobre todo las escritas, que son las que permanecen -precisamente por quedar plasmadas físicamente-, deberían borrarse después de leídas, olvidarse después de oídas. Y no otorgarles más valor, no darles más importancia. Dejar de ser valiosas una vez escuchadas las del día siguiente, y así, ir dejando que las más actuales sean las importantes, y vayan solapándose unas a otras.

No sé si a partir de ahora iré borrando pasado poco tiempo lo que recibo, lo que envío. No sé si borraré ese correo en unas horas o unos días. Desde luego no me deleitaré leyéndolo, aún siendo importante para mí. Me quedaré, eso sí, con el detalle de que en un día con tanta gente, en que lo importante era la gente que estaba -y no la que faltaba- , para alguien "estuve" de alguna manera, pese a no estar allí físicamente. Y quizás tendría cansancio, embotamiento por la excitación -estas reuniones excitan mucho, hay mucha alegría en ellas- , pero aún así, me regaló un minuto de su tiempo para decírmelo.
"Toda palabra dicha o escrita es lenguaje muerto"
(Robert Louis Stevenson)