El amor, algo tan complicado de definir y algo a lo que muchas veces se teme definir... porque ni sé sabe cómo hacerlo. Hace unos meses leí en una revista las claves -tan subjetivas como respetables- mediante las cuales se podía saber si era o no era, con tal de no confundirlo con "deseo sexual, interés o costumbre" (sic). Paso a pegar aquí los indicios que harían aclarar los sentimientos del lector de esa revista en caso de dudar (sobra decir que los copié en word :P):
- La sola presencia de la persona amada te alegra y reconforta. Junto a ella, los problemas parecen menos graves y la tristeza desaparece como por arte de magia.
- Su felicidad también es la tuya. Te alegras de sus éxitos y te entristeces con sus fracasos. Por esta razón, te empleas al máximo para ayudarle a que pueda conseguir sus objetivos.
- Cuando hay un problema, tienes un gran interés por solucionarlo de la mejor manera posible, sin dañar al otro ni perjudicarlo.
- La felicidad y estabilidad que te da su amor te hace sentir con mucha más fuerza y energía para mejorar como persona.
- Tenéis planes y deseos conjuntos. No concibes el futuro sin su presencia y tienes muy en cuenta su opinión a la hora de tomar una decisión importante.
- Su amor da sentido a tu existencia. A su lado, tienes la impresión de que la vida, a pesar de que no siempre es agradable, merece ser vivida.
Bien, tengo algo que decir ahora. Si alguien ha leído hasta aquí con algún tipo de interés me pregunto si es que acaso ha tenido o tiene ese tipo de dudas hacia su relación, pasada o presente. Si alguien lo ha hecho por curiosidad, puede haber pensado que sí, que más o menos se trata de "lo de siempre", o sea, la sensación de que alguien puede completar (aquí los más acérrimos defensores del individualismo de la persona hasta el infinito y más allá quizás piensen que "no, nunca, uno puede "ser" plenamente sin necesidad de otra persona"), complementar (bueeeeno, puede, pero "a ver si pensando esto pongo en entredicho que necesito complementarme para ser yo..., y no, no quiero admitirlo... ni siquiera insinuarlo"), o tal vez enriquecer (mucho mucho mejor, eso sí, "estar contigo me hace ser mejor").
Vale -o fale, como dice mi profesor de alemán desde el día que le dijimos que los catalanoparlantes somos capaces de pronunciar clara y diferenciadamente la "b" y la "v" sin esfuerzo (desde entonces enfatiza esa "f"...)-. Estaba hablando de amor, del amor, de un amor. Pero entonces... ¿qué sucede dentro de la cabeza de quien está sintiendo exactamente eso por alguien, hacia alguien, con alguien o junto a alguien... y sin embargo puede sentirlo "casi" o "parecido" por otra persona?. Ya he tocado en este blog varias veces el tema de la atracción, del morbillo, del deseo... No hablo ahora de eso, y vuelvo a recordar que pienso que nuestro cuerpo -entendido como nuestra parte física, sexual- nace pidiendo poligamia a gritos... y la cultura, las costumbres y la repetición hacen que nos conformemos -aunque el verbo conformarse suene un poco mal, la verdad- con ser monógamos. No entraré ahora a aportar datos o referencias, ya que, habiéndolo dicho Punset, sé que tengo el aval suficiente para que al menos dudéis :P...
Yo hablaba del sentimiento más puro y platónico, nada de cuerpos ni olores ni químicas. Hay una película reciente que toca este tema y que vi hace un par de días; se trata de "Castillos de cartón". No desvelo apenas, es mejor verla, pero diré que donde normalmente hay un dúo encontramos un trío y que todo empieza por un casual... y algunas carencias. Es de cajón pensar que cuando dudamos de nuestros sentimientos hacia alguien -en el estadio en que aparentemente "todo está bien" y somos correspondidos, solo hay una posible causa: hay algo que no nos termina de cuadrar, convencer, gustar. Ahí tenemos una carencia, un eslaboncito que hace que la cadena no gire del todo. Y con toda la lógica que se puede usar en estos asuntos, podrá ser bastante probable que, cuando conozcamos o intimemos más con un tercero, esa sea la cualidad que más nos atraiga. Atracción, interés, gusto... amor ¿por qué no?
¿Que el todo compensa las partes? sí, seguramente sea así, nadie es perfecto -ni siquiera yo, y esto es un guiño, por supuesto ;)-. Pero que la cualidad que tanto nos gusta en las personas y que oh, no tiene la persona que nos gusta no deja ni tiene por qué dejar de llamarnos la atención en otra gente. Seguramente, para más inri -el cerebro y sus caprichos-, si resulta que no estamos en el momento que nombré antes de "todo está bien", puede que seamos capaces solamente de ver esa virtud y ser ciegos a los defectos (y eso sin estar aún en modo-enamoramiento-ceguera total). Y ahora llega el punto en que no es necesario volver a enumerar el proceso por el que algo empieza. A mí me sigue haciendo gracia a estas alturas que digamos -incluida yo- "de este agua no beberé" en este y otros asuntos. Todo empieza un día. Todo.



