viernes, 30 de diciembre de 2011

Un texto enrollado en un tallo


Marché uno de estos días a la playa con frío... a mi playa con frío. Iba sola, y miraba abajo, hacia donde suelen mirar las personas que buscan cosas, o buscan algo, o se tratan de buscar a ellas mismas. Entre los miniplataneros había un diente de león, y a riesgo de considerarme planticida, o floricida, o como sea que se diga esa cida, lo arranqué. Resultó tener una raíz inmensamente larga, y con un mínimo movimiento de mi pulgar y mi índice cedió, desplegando un lienzo con dibujos y textos. Abrí la puerta de la casita, la puerta llena de arena pegada y suciedad de todos los meses transcurridos desde el último verano. La chimenea, que nunca funcionó bien -la maldición de mis chimeneas :)- me regaló un fuego constante y limpio de repente. Empecé a leer sobre el fondo verde del tronquito de mi nuevo y muertecito diente de león:

"Es cierto que el paisaje empezó a ser distinto, y de repente empezaron a  vivir a mi alrededor los colores y sensaciones que el cine me había proporcionado los años anteriores. Olvidé quién había sido hasta la treintena, y ya solo eran flashes de memorias difusas, anécdotas magnificadas por la percepción errónea quizás de mis recuerdos y poco más. Me levanté, llené el coche de lo necesario para no morir al menos de hambre y sed y marché en el que había estado acompañada hacía bien poco. Esa vez fue el color, la luz y el verano mismo. Nunca hasta entonces había visto una estación condensada en una visión como aquella tarde,  y ese sol del atardecer, y el calor, y por primera vez en tiempo puede compartir esa sensación. Ahora estaba sola, con mi alma, mi pensar y mi sentir como en conserva, cerrados al vacío. Si bien nadie es perfecto, no es de recibo que se te recuerde continuamente lo imperfecta que eres. La hierba estaba húmeda en aquel punto, seguro que algo de lluvia había caído. Encuentro preciosas las montañas, disfruto admirándolas. Necesitaba llorar. Más, porque esta vez solamente lo había hecho durante un día entero; no era posible que no me quedara más dolor dentro. O sí, si había ido saliendo a goteo los meses anteriores. Paré el coche, estaba sola, completamente sola, y al bajar y no poder comentar con nadie lo que sentía me vine abajo, llorando amargamente, enrollada en el suelo, sintiéndome morir..."

Lamento profundamente el daño que me he hecho a mí misma, y el daño que he hecho a la gente que me quiere mostrándoles tristeza casi a días alternos. Pero me alegro de haberles mostrado alegría también un día de cada dos. Me alegro de contar con Arcade Fire, Yo la tengo, Wilco, Band of Horses, Van Morrison y Neil Young... porque me han hecho sentir muy bien. Y de mi recientísimo encuentro con Melville y Bartleby, por supuesto un personaje mil veces más sombrío de lo que lo he sido yo estos meses. De lo que lo he sido...

Feliz Año Nuevo

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La amabilidad del cosmos


Más allá de todo lo que no se ve, de bruces con una afirmación certera y preciosa. Ayer hizo quince años que Carl Sagan viajó a las estrellas -sus estrellas-. Fuera incertidumbres, deseos...; estamos hechos del mismo material del que están hechas ellas. Hay algo luminoso en mí... y en ti.

No es fácil escribir sobre algo que solamente los demás podéis ver... o no ver.
¿Qué imaginas tú? la mirada... tan importante. No sé si sabré hablar a través de ella, voy a intentarlo al menos. Pero no será fácil sin derribar antes algunos muros. Mis -minúsculos ya- traumas, la contradicción ante el espejo, la actitud, la pose... Borra de mis ojos esa tristeza bella, como la describiste en el momento en que nos miramos más segundos de los que son habituales entre desconocidos.

Si algo me han enseñado los desencantos es a saberme bien o mal mirada. No sé cómo será nuestro próximo cortocircuito, porque sucede siempre: se explosiona en positivo o en negativo, pero algo estalla, se rompe.. o empieza. No tengo ya ningún rechazo ni reparo ante mi cuerpo, espero que tú tampoco lo tengas, ni que te incomodes ni me hagas sentir incómoda a mí. Nunca más. Serás una vía para que yo me deslice, con suavidad, y puede realmente resultar algo placentero, bello y deseado.

Me di cuenta hace ya tres años de que se plasmaba solamente aquello que veía el que enfoca y dispara. De ahí las sorpresas -agradables sorpresas-, y las subidas de autoestima -sin pasarse-, y el sentirse bien, y el proyectar ese sentir, y y...

Podría sobrar el color, o jugar a magnificar los míos naturales. Pueden resultarte agradables, al menos son cálidos y armoniosos, sin contrastes.

Empezar las cosas al revés tiene su punto.Y hubo algo mágico en que nuestros duendecillos comunes nos acompañaran ese rato raro pero bonito.

Fue un bálsamo para mí el modo en que me miraste, pese a ser un despojo triste en esa madrugada de viernes a sábado improvisada, fría, húmeda y loca. Unas horas antes había implorado cariño y un abrazo de forma totalmente humillante... Me fue negado, y en cambio tú te ofreciste a mí sin conocerme...

¿Te animas a cavar conmigo? puede que nos encontremos...

sábado, 17 de diciembre de 2011

La teoría del caos y las nubes de viento

(foto: Santi Vallés)

Parece ser que ayer la gente pasó la tarde mirando el cielo porque estaba realmente impactante. Internet se fue llenando, mágicamente, de fotos llenas de nubes de viento. Y a mí, que me embobo mirándolas cuando son solo nubes normalitas, se me pasó, ni me enteré :(. Debería haberlo hecho, haber tomado muchas fotos. Si hubiese mirado hacia arriba ese rato, si hubiese estado en la calle, en el aire, en lugar de sentada frente al pc, hoy no estaría triste.

Podría decirse que trabajo todos los sábados del año. Hoy no, y ni me acordaba. Me lo dijo casualmente mi compi. Elegí hacía semanas este día por tener que librar uno, a voleo. Si hubiese trabajado... hoy no estaría triste.

He pasado la tarde en un sofá que no es el mío, tapada con una enorme colcha negra y gris y con un encanto de pareja mimándome. Triste. Hemos visto Match Point cuando estábamos casi a puntito de empezar Die Welle. Puro azar en el último segundo. Y yo, con mi típica tarrofagia pensando por qué tuvieron que darse esas dos circunstancias juntas, principalmente la de no trabajar este sábado. Cómo, aún sin cambiar un ápice la realidad, no hubiese tenido lugar una conversación tan fea, en absoluto necesaria porque estaba ya todo dicho, de manera muchísimo más suave y bonita. El no querer y la no crueldad pueden convivir en armonía.

Empieza la peli, que recordaba de manera difusa, y nos dicen:
Aquel que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control
El motivo de mi última gran tristeza, aunque latente, ya había dejado de mortificarme hacía semanas. Sin necesidad de "muletas" externas -liberada-, pensaba editar un libro (¡por fin!), dibujar, pasar otras tardes de sofá con mi gente y en nuevos proyectos de trabajo que me ilusionaban, me llenaban y me llegaban. No fue pues esa circunstancia la causante de mi tristeza ahora a las 21:21, sino el hecho desencadenado después y de nuevo la desilusión gigante de saber lo importante que es el tacto a la hora de decir las cosas a la gente que queremos y el poco uso que hacemos, como si tuviésemos un corazón de piedra vieja. 

He pasado muchas horas tratando de entender por qué matamos tantas veces por la boca, y no sé si ha sido por pensar tanto, por el tema del azar o por el viento traedordenubesraras, pero por el camino he tenido una especie de sueño en el que conducía a las seis de la mañana por una carretera desierta y mojada rumbo a un mundo nuevo :)

lunes, 12 de diciembre de 2011

If you see what I've seen with your eyes...


Ella sentada sobre una piedra. La mañana ha nacido brumosa, el paisaje está impresionante. Él la observa con ese fondo de impotencia de aquello que se desea de vez en cuando y está prohibido tocar. Se le tuerce el gesto al recordar ese pacto, y siente el pequeñísimo nudo que forma parte de su persona desde aquella conversación.

- "No me dejes", había suplicado ella.
-"No, no lo haré, solo dime qué debo hacer para que no me dejes tú a mí", recuerda haber dicho él... contra todo pronóstico.

La mira, y en ese momento moriría por dibujarla entera solamente aproximando un centímetro las yemas de sus dedos; sin tocarla, sin dañarla. En ese momento... no en otro, ni en todos los momentos.

El corazón de ella ya no se cree nada. Está hibernando de nuevo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El mundo está parado


Esta mañana escuché por la radio a la ministra italiana tropezando bruscamente con un nudo de emociones (aquí). Luego, al primer ministro renunciando a más dinero público a su favor, que total, no le hubiese servido absolutamente para nada. Son absurdas algunas cifras llamadas sueldos. Vergonzantes.
La radio me hace compañía en mis domingos, y algunos ratos incluso me da alegrías. Noticias sobre récords en donaciones de órganos hace unos diez días (vaya, esa noticia no está en primeros resultados de google :O).

Cristina vino a visitarme hace poco. Es sencilla, vive austeramente, como todos; no trabaja, como la mayoría. Hablamos de unos días recientes sin tele en la casa de sus padres, y cómo se rieron todos; los imaginé a gusto, hablando y mirándose a los ojos, como antes. Muchos de nosotros, de niños agradecíamos a quien fuese que se fuera la luz. Era ese el momento en que sin distractores disfrutábamos de nuestros papis y hermanos. No nos veíamos -la luz solía irse en meses húmedos, cuando el día dura tan poquito-, pero pocas veces me sentí más unida a ellos. Y luego hay quien no cree en esos lazos invisibles que nos unen casualmente.
El mundo está quietecito ahora, echando mano de despensas -reales o figuradas-, hablando más en las plazas, tratando de alegrarnos más unos a otros. Somos más altruistas, más generosos, como si lo anterior hubiese simplemente desaparecido. Más buena gente.
Siento cosas buenas que me vienen en forma de pensamientos. De vez en cuando recibo emails o mensajes internos de feisbuc sorpresivos. A veces parece que no vengan de personas concretas, porque no los veo, no huelen, ni saben, no sé si son de textura suave, ni siquiera sé si tienen voz ni cómo se mueven. Sin entrar en temas religiosos, con los que no comulgo -nunca mejor dicho-, puede que sean ángeles.
Me quejo porque me parece poco, porque necesito más el contacto físico que otra gente y que otras veces. Hace mucho tiempo que dejé de tenerlo, y cuando tuve esa posibilidad... tampoco podía tocar, ni ser tocada.

El mundo está como parado. Visto desde arriba es un todo difuso. Visto desde abajo es como una capa gris, pero llena de muchísimos dientes de león volando. Son pensamientos, que van uniendo personas, aunque apenes lleguen a conocerse más allá de algunos ratos. No me encuentro bien, todo me da vueltas  y creo que soy yo la única que gira.

Pd: Totalmente improvisada. A ver si tú puedes ayudarme :)

lunes, 28 de noviembre de 2011

Como otro laberinto de espejos


Hablé una vez de dos álguienes fascinantes: fue en otro tiempo, con otras preocupaciones que ahora me suenan a leves. Fue aquí.

Existe en mi vida un especial simbolismo con el espejo. La primera Navidad sola en muchos años desempaqué cajas, cajas y más cajas como muñecas rusas... para ver que alguien me regalaba a mí misma enmarcada en un cuadrín de plata y concha de 5x5cm, con una nota que decía algo así como que lo que se me regalaba era mi presencia. Contradictorio, ¿no? pero lógico. No es que fuese transparente para los demás, es que lo era para mí misma; incapaz de verme, existiendo solamente a través de los comentarios y la simpatía de la gente que había ido conociendo. Triste, seguro. Puede que si quisiese escarbar en eso fuese solo el resultado de ir creciendo "ya mayor", como dijo mi madre, de "ir sola" por el mundo, de "no necesitar" que nadie me dijera nada ni me pusiese pautas, porque yo, ya de pequeñaja las seguía con mi sentido común adulto atrapado en un cuerpo de siete años.

Conservo todavía ese espejo, y nunca me reflejo en él, desobedeciendo las instrucciones que me dio el regalante. "Conócete a ti misma". Me vi aquel día a trozos pequeños: ahora un cuarto de frente, ahora un trozo de labio, luego un ojo...  y advertí que nunca me había mirado.

Esa persona que amé y me amó, a quien ayudé y a su vez me ayudó, que quiero y me quiere, tenía especial fijación por la metáfora del océano transformado en gran espejo. Le gustaba jugar y atravesarlo. Libre. Nuestra separación fue traumática y limpia como una mutilación, como debería siempre ser; sin mortificar despellejando. Ese modo de irnos el uno del otro, de separarnos física y emocionalmente, fue lo que no dio pie nunca al aborrecimiento, por ninguna de las dos partes. Y el respeto y admiración -lo más importante entre personas- sigue intacto, puro. Sin un solo reproche porque no hubo ni una sola mentira.

Algunos ratos disfruto desempolvando a Borges; me pregunto por qué y cómo alguien ciego es capaz de hablar una y otra vez de imágenes, de espejos. Asimilar nuestros proyectos frustrados, las ilusiones echadas a perder -"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos"-. En esos momentos soy como el laberinto extremo, el límite de la desesperación. "La víctima siempre en el centro del horizonte y un número infinito de alternativas".

El laberinto atrayente, atrapante, pegajoso y adictivo que conduce siempre al mismo sitio. Ciclos... que al final concluyen en demasiada incertidumbre, desesperanza y angustia vital, porque esa no-salida carece de final feliz, y el paso del tiempo solamente la va afeando. "Estoy solo y no hay nadie en el espejo". ¿Puede haber más tristeza?

Pero buenas noticias :): el paso de estos años me ha hecho inclinarme más hacia Cortázar. Pese a lo vivido y lo oído. No murió del todo el ese romántico. Entonces subo hacia arriba desde el fondo del océano; respiro mal y por segundos pienso que me ahogo, pero termino saliendo del agua. Cojo aire y vuelvo a sentirme feliz. "Ven a dormir conmigo esta noche. No haremos el amor, él nos hará".

martes, 15 de noviembre de 2011

Universo en mi bañera


Llené la bañera y eché gel. Se formó mucha espuma, gordota, hinchada, blanca y llena de puntos brillantes como estrellitas que iban desapareciendo flop flop flop. Era como el silestone blanco, como los minerales que cogíamos de las cuevas y pasábamos rato observando maravillados, llenos de brillos que iban y venían. Fascinantes.

Creé un universo alternativo, ficticio y perfumado. Blanco y perfecto. Suave y fabricante de bienestar y risas. Un spa en mi cabeza. Yendo y viniendo, yendo y viniendo. Solo yendo.

Yo también "me entristezco cuando hablo de estos recuerdos (...); si trato de describir todo esto es para no olvidar. Es triste olvidar a la gente". Tener que olvidar así a la gente. Y ser olvidado. Como el que pierde sus recuerdos y paraísos. Morir demasiado pronto para alguien. Devastador, sin duda.

Empecé de nuevo ese libro tan bonito, que muchísimas personas todavía no han leído. Deberían, deberíais:

 "Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo..."

 "Y cuando te hayas consolado (uno siempre termina por consolarse), te alegrarás de haberme conocido"

jueves, 3 de noviembre de 2011

Un baile de lunas

 Mun

Por una de esas casualidades que tanto asustan a veces, he conocido a un chico, y hoy he sabido que él y yo tomamos una foto de la Luna exactamente desde la misma distancia,  con el mismo encuadre y el mismo día... pero con tres años de diferencia.

Fue el día de San José y seguramente sea normal la coincidencia de factores fotiles y de plenilunios llegando la primavera; no llevo la cuenta de sus fases desde que me desmontaron la relación entre ella suspendida en su fondo negro negrísimo, tan lejana y tan divina... y nosotros los humanos -o humanoides-, tan lejitos y con nuestros pies arraigados por ese tremendo imán a un lugar tan enigmático -mucho más que cualquier otro, desde luego- llamado Tierra.

Bailó la luna esa noche, y yo me sentí tristísima, con ganas de amor, de un abrazo fuerte y sentido. Y la realidad me dejó sin nada. Me sentí vacía. 

También baila estos días, y hace de las suyas. Marea al personal, y como una gomita elástica el mareo regresa a mí estampándose en mi pecho. Y duele mucho. Duele sobre todo notarlo tanto. Saber las cosas.

Creo que hasta ahora rechacé los abrazos por temor a romperme, como las cosas delicadas y simples. Carezco de adornos que puedan servirme de amortiguación, y tampoco tengo varias caras que puedan destrozarse en vez de la verdadera y me resguarden.

Un millón de buenas vibraciones, cariños infinitos que noto y agradezco. Pero ni un solo abrazo físico y nada de amor. Son días tristes.


sábado, 8 de octubre de 2011

Una muerte dulce


Es triste y no. Me llegaron mucho aquellas palabras de Buzz Lightyear: "yo quería arreglar el mundo... pero solo soy un juguete". Amor para mí es admiración, y todo lo demás que puede confundirme cuando alguien me gusta, me atrae o me produce curiosidad es otra cosa. Seguramente es esa certeza la que distingue lo que siento o no siento, mi varita de medir. Dejar de admirar es dejar de sentir amor, por muchos resquicios, ternura o recuerdos que queden. Hace un rato estaba cenando en una terraza; con las montañas azul marino ante mí -mis montañas de los viernes noche-. Dicen que cuando hablas mirando arriba y a la izquierda, buscas imágenes recordadas. A mi izquierda he visto luces de lejos, distinguia el cielo perfectamente, y quise justificar sentimientos por el mero recuerdo que me siguen produciendo, en un intento agonizante de rescatar momentos bonitos llenísimos de admiración. Admirando la sensibilidad, la delicadeza de carácter y la belleza plasmada tras otros ojos capaz de emocionarme una y otra vez.

Alguien me dijo hace un par de días que si eso había sido amor, era patético. Imaginé el amor materializado en objeto, en mueble carcomido, con agujeritos pequeños disimulados con barniz, y lleno de túneles huecos y siniestros fragilizando totalmente la madera. No me gustó verlo de ese modo, aún usando la balanza de los hechos. Me sentí mal y triste.

A mí me gusta contribuir a que todo sea más bonito. Inventé un lenguaje hace muchos años: un idioma con miles de diminutivos, otra forma de ver las mismas cosas que para muchos pasan desapercibidas.  Y me gusta cómo me he sentido con determinadas compañías. Ese amor sin condiciones que nos hace mejores solamente por el hecho de existir esa personita admirable -aunque solamente la admires tú-. Amar es aceptar defectos, terminar siempre sonriendo, no sentir enfado. Amar es que te motiven, que te animen a probar cosas nuevas, que alguien convierta un día normal en otro muy especial. Llenar.

Puede que solo haya sabido amar de manera patética últimamente, y que haya ido en cierto modo contracorriente, justificando unos actos poco bonitos con una manera de ser bonita. Siendo "indulgente hasta mi propio patetismo" ("indigna", han pensando algunos). Yo no me siento así. No se puede ser indigno por tener buenos sentimientos. Solo he visto las cosas -mis cosas- llenas de colores, quedándome con lo pequeño, corto y bueno, y tratando de no pensar ni recrearme demasiado en las zonas de niebla. Coloreando mis sensaciones. Todo va emborronándose, muriendo poco a poco; es lógico cuando no se alimenta... entonces,  ¿por qué no hacer que la muerte sea más dulce... ya que no tiene remedio?

sábado, 24 de septiembre de 2011

Como si tuviera delante de mí solamente el cielo


Hacía mil años que mis viernes contenían noches normales. Pese a no madrugar el sábado, me desacostumbré a pensar en esa noche, que fue la más especial para mí durante mucho mucho tiempo; un trozo de vida que nos robábamos y arrancábamos unos a otros y compartía siempre, sin demasiadas aglomeraciones. Barras tranquilas, conversación, tranquilidad para siquiera ver la noche pasar con amigos.

Empezó a lloviznar anoche, y un hada madrina venida para mí transfigurada en amiga me propició una cena improvisada en su porche, viendo llover y disfrutando de la brisilla de septiembre. Hablando de las personas, del mundo...

Se paró la conversación a tres bandas por unos segundos. Observamos el cielo, que bajo la farola de la calle dejaba ver los finitos hilos de lluvia caer. Y quedamos un rato en silencio, quiero creer que disfrutando.

Regresando ya bastante tarde para lo que yo acostumbro, la carretera estaba totalmente vacía. Solamente yo. Yo y los caminos, carreteras y montañas como sombras de monstruos a mi izquierda. Había enchufado el mp4 al azar totalmente, y con un poco de sueño ya, dejé salir las canciones, sin darme cuenta por momentos de qué estaba sonando, más dormida que despierta. Con completa inercia.

Empecé entonces a escuchar grillos y no estaba en el campo; la noche se me mostró pura y limpia, fluyendo por los altavoces del coche. Desconocía cómo habría entrado allí. Pero me encantaba. Sola yo y sola en el mundo. El encanto cambió un ratín a tristeza. Leí una vez que la música era el eco de un mundo invisible. Ese que habita dentro de nosotros, particular, complejo. Islas al fin y al cabo. Me percibí sola en el mundo, prácticamente apreciando solamente a ratos esos momentos regalados por otros. El Universo entero estuvo en pausa el rato que tardé en llegar a casa. Chispitas rápidas cayendo en el parabrisas, el frescor en el lado izquierdo de mi cuerpo. Una canción hipnótica. Totalmente hipnótica y evocadora, sin haberla escuchado más que dos, tres veces -que yo recordara-. ¿En qué pensó la persona que la sacó de su cabeza y la plasmó en sonidos?

Era esta:

lunes, 29 de agosto de 2011

Mi mundo feliz


En mi mundo feliz, hoy era un día bonito, esperado, con ganas de seguir riendo y sintiendo cosas. Sí me gustan las señales, y me gustan las personas que las hacen suyas, aunque no siempre acierten ;). Es fascinante ir tejiendo historias mediante pistillas, letras de canciones o deseos hechos públicos. Pese a que no siempre sean señales pero sí lo sean a veces. Y cuando alguien capta algo tan tan íntimo, retorcido y críptico, es que se ha producido una sincronía. Una de las palabras más armoniosas del diccionario. Y entonces sí, yo paso a ser Lucía encima del ciclomotor rodeada de mar azulísimo por todas partes, dándome el viento en el pelo y mostrando el botoncito de uno de mis pechos de manera delicada y casual. Y el suelo no nos sujeta, sino que nos zarandea, nos marea, nos hace bailar. Y nos gusta, nos encanta, nos relaja. Como nuestro sexo. Cada día más y más placentero. Yo me asomo también a la cueva, y encima de mí otro tono de azul. Te busco y trato de entender tu cerebro, como la oquedad misma. Rara, asalvajada. Hay poca gente. Septiembre se descubre ante nosotros como el segundo de los meses más bonitos del año -el primero es octubre, claro-. Y me viene mi mantrafrase, esa que solamente asocio a ti, que de tan dramática puede resultar hasta ridícula pero tanto me gusta: "yo... hubiera matado monstruos por ti".

miércoles, 24 de agosto de 2011

Divina vesperam y odiseas espaciales


En la tarde más bonita de aquel verano tocaste mi pelo. Nos pilló el agua finita cayendo del cielo estando en la playa, llenos de arena porque las ganas de sentarnos y hablar nos dieron de repente, y tú en tu coche no llevabas toallas, ni estora, ni nada de nada. También yo solía ser como tú, hasta que me volví constructora de momentos y sueños, llenando mi maletero de objetos porsi, como los llamábamos bromeando.

Te dije la frase que tanto me había gustado de la última maravilla que había visto de Kubrick: “bésame, muchacho, porque no volveremos a vernos”. Pusiste ojos raros, de asustado; todavía no conocías mi faceta peliculera. Te hizo gracia, pero no sé si llegaste a creerme del todo cuando te dije que solo eran frases bonitas de películas, pero que sentía como mías. Debiste pensar tal vez que era un recurso nomás, pero no, no, piensa que salían del mismo lugar que si las hubiera compuesto yo.

A muchos les asustó que tuviera esa juventud tan romántica, tan de color rosa, y mi forma de acariciar cuando amaba: apenas rozando la piel el mínimo posible, en silencio y cuando la persona parecía que dormía. Ahora me importaba bien poco, qué más dará, si uno adora lo que otro aborrece...

Esa tarde nos refugiamos en la primera casita que vimos con un cartel de "se vende/se alquila" colgando. Llegar a ese riurau fue como llegar al hogar, y allí pudimos sentarnos y dejar que parase el tormentón en que se habían convertido aquellas finas gotitas.

Luego, lo bonito se esfumó, como tantas otras veces, y quedamos en no vernos más. Te noté el nudo en la garganta por comprobar que la frase de Kubrick había tenido un algo de premonitoria, dejándonos con una sensación fea, pero a la vez era una despedida con paz, sin lloros, reproches ni excusas como las veces anteriores.

El largo puente en que se convirtieron mis días –nuestros días- hasta que llegó el otoño fue más bien un paseo dulce y reposado, como yendo por un laberinto inglés. Oliendo el camino, sin prisa por encontrar la salida, dejándonos llevar.

Algunas noches tocaba tu cuerpo ausente sin darme cuenta, en sueños. Pensé en la teletransportación de caricias y sensaciones, y en ese duermevela llegabas a estar conmigo allí tumbado, mientras mis dedos esbozaban el recuerdo que tenía de tus formas.

Y Bowie y su "Space Oddity" volvieron a mí. Ya contaré cómo fue...

sábado, 6 de agosto de 2011

Un corazón de oro

Sí, lo vi, lo conocí, y llegó a rozarme. Pero sucede que mi piel reacciona mal con según qué oros. Amarillea el blanco, que necesita rodiarse continuamente, con el consiguiente desgaste que ello supone... y estropea el amarillo... pues no sé, ennegreciéndolo, maleándolo. No sé pues si la culpable es la calidad de mi piel o la del oro, que nunca se sabe. Que la nobleza también tiene flaquezas, y por muy metal noble que sea un corazón, a veces no es compatible con otro... por vete tú a saber qué razones.

Casualidades que justo hace un año y pocos días me vi en la misma. Ayer mi amiga me comentó que tendíamos a repetir las historias, nuestras historias. No es demasiado normal que la persona que está a tu lado -del modo que sea- sea tan ajena y fría a tus alegrías, a tus tristezas, a tus fechas importantes, a visitas médicas que pueden marcar un antes y un después. Es esclarecedor notar en el otro de forma tan rotunda ese no querer, ese no sentir. Y una de las cosas más tristes y feas que te pueden pasar en la vida. Me pasó hace un año, me ha pasado este, y solo espero, como dijo Thoreau, que el amor no correspondido hacia mí no me impida seguir amando yo, ya que la vida me dio el don de ser capaz de hacerlo. Debería ser feliz solo por al menos haberlo intentado y haberlo sentido.

Este textín que viene lo escribí el 30 de diciembre de 2010. Han pasado muchos meses y el miedo que he mantenido hasta hoy mismo me impidió lanzarlo al aire, a la luz, a la nube. Pero los miedos nos mortifican, y hay que pasar por encima de ellos. Así nos liberamos al menos un poquito:

"Aún teniéndote a mi lado me desvelé, como tantas veces. Solo que esa vez el desvelo se vio dulcificado al notar tu presencia a mi lado. Tú dormías profundamente. No te diste cuenta de cómo te miraba. Sabía que esa duda tuya era un no respecto a mí, pero no te pude coger manía ni una sola vez. Me inspirabas ternura. Un corazón enorme en un cuerpo grandote. Un cerebro sensible e inteligente bajo mechones de pelo largo, liso y rubio. Parecías un niño. Achuchable, consolable. Alguien a quien cuidar.


- "Yo vine a este mundo para ayudarte"
- "Estás loca"


Lo supe a los poquísimos días de conocerte.


- "¿Y tú? ¿Qué has hecho durante todos estos años?
- "¿yo? te estaba esperando"

sábado, 23 de julio de 2011

Blue


Malibú resultó ser cortita desde las casas al mar, y muy muy luminosa. Casas que parecían flotar con largas y flacas patas de madera, como de pirata gigante. Las bases, de tanto oleaje, tanto golpe y tanto desgaste, estaban negruzcas, estropeadas, feas...

Había perros grandotes jugando, mucha espuma empuntillando las olas, gente pescando.

Me giré hacia arriba, mirando una de las casas y fantaseando en cómo sería la vida allí dentro, tan cerquita del mar -imaginando el mar en invierno-.  Y allí estaba, colgada de una pared. Tristona y azul.

Esa visión me hizo pensar que, "incluso en días luminosos y casas blancas, siempre hay un puto huequín para la tristeza".

PD: pero, pese a algunos días feíllos, poquito a poco voy notándome más ubicada y feliz :).

lunes, 27 de junio de 2011

I ventured in the slipstream


Pensaba sobre el ese de vivir, y las carreras serpenteantes y subibajas agitándonos las emociones. Seguramente las adrenalinas están bien precisamente porque pasan - porque sabemos que pasan-, y yo no quiero vivir siempre al límite, sino bajarme ya y poderme acurrucar, mirar a los ojos y reír, sobre todo reír mucho. Sentir duele a veces cuando no se siente bien. Por eso a ratos me he notado como perdida en una fiesta nocturna, y, aunque me ha gustado dejarme llevar por esas luces y esa química, ha resultado ser todo artificial y efímero. Puede que por ello a la mañana siguiente, el día después de haber experimentado la emoción vibrante, he ido en busca de la tranquilidad, como el prota de una peli infantil de aventuras que solamente quiere llegar a su casa y dormir en su cama después del jabón y las toallas suaves. Estabilidad, equilibrio mental... La armonía genera paz, otra forma de sensualidad; expresión de calma en la cara, suavidad en la piel, alboroto o enmarañamiento de pelo rojizo, kohl redibujando los ojos. Ternura. Al final será eso lo que mueve el mundo.