viernes, 9 de enero de 2009

Divagaciones sobre la atracción (I)


Cuando me fotografié en septiembre de 1996 junto al busto conmemorativo a Catherine Booth en su población natal (Ashbourne, Derbyshire), no tenía más referencias que los textos que lo acompañaban grabados en una placa.

El lugar donde está eregido es un evocador parque. El que siempre imaginas cuando eres niño y piensas en Inglaterra (sí, no en Gales, ni en Escocia... sino Inglaterra), con su lago, sus patos, el lugar donde toca la orquesta (esa construcción de madera cuyo nombre no conozco, glups), y rodeado por edificios de piedra oscura de estilo Tudor en su mayor parte.

Al cabo de unos años, durante una temporada de "ponedora" de pruebas en un foro de Internet, puse la fotografía de esta mujer, usando como excusa que "yo había estado allí" (me encanta esa expresión y he olvidado de dónde la saqué, pese a que la uso continuamente...)

Ahora me volvió a venir a la mente, y rebuscando en su historia, leo un detalle que no deja de asombrarme:
Conoció a William Booth cuando este llegó a predicar a su iglesia (...), se hicieron muy amigos y congeniaron de inmediato. Tras tres años de amistad, en los que Catherine apoyó el trabajo de predicador itinerante de William con un nutrido epistolario, (6 volúmenes publicados en 1988: Writings of Catherine Booth) contrajeron matrimonio (...)
Precisamente pensaba hace poco en los distintos modos de conocerse que tenían las personas antes de devenir en pareja. Vi ventajas en el hecho de empezar con el rollo erótico-festivo, ya que quizás esa atracción sexual manifiesta puede dar pie a que los dos miembros se suelten más en sus conversaciones, preludio de una relación más profunda.

Sentirse atractivo a los ojos de su interlocutor puede dar cierta confianza a una persona un tanto insegura, inyectándole energía para seguir "soltándose". Ciertamente, el 90% de las veces desconocemos el grado de atracción física que siente hacia nosotros la persona con la que estamos hablando. Poca gente interrumpe a su interlocutor para decirle: "te encuentro muy atractivo, ahora sigue con lo que me estabas contando...", y, sin embargo, podría ser un detalle determinante a la hora de ganar más intimidad con las personas, siempre que la otra parte no piense que en realidad estamos flirteando (aunque el flirteo se usa a diario hasta para ir a comprar un libro, de eso hablaré otro día).

Desconozco si Catherine y William sintieron atracción física mutua desde el principio. También desconozco si la atracción intelectual dio paso a la otra tras uno o dos años de correspondencia, o tras tres o cuatro de los seis volúmenes de cartas que le envió ella.
Sólo tengo la quasi certeza de que la atracción física puede sustituirse más fácilmente, mientras que una vez que te atrapa la atracción intelectual puedes estar perdido...
Ahora bien, si se dan las dos... puede ser (casi) perfecto.

4 comentarios:

  1. Todo este asunto de la atracción y la seducción me parece de lo más interesante.
    He leído explicaciones más o menos sesudas, Punset mediante, y muchas me han parecido demasiado aferradas a lo tangible... la suya la primera.
    A ver, me explico: Aunque me declaro ferviente seguidor de explicaciones biológicas para ciertas conductas o impulsos humanos (ojo, no "instintos", que no es lo mismo), también creo que no todo puede explicarse con interacciones neurona- hormona.
    Quizás sea mi parte idealista, que me hace pensar que pese al avance imparable de la ciencia, habrá siempre hueco para la filosofía.
    En cuanto a la seducción y a las causas de la atracción, sería muy triste, y un golpe directo a la "magia" del amor (lo inexplicable, lo irracional), pensar que el factor físico-químico pesa sin remedio siempre más que cualquier otro, incluido el intelectual. ¿Existirá una especie de "química intelectual"?... ¡Ojalá!

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  2. Creo fervientemente que existe la química intelectual, y como verás, yo no la entrecomillo. Si no fuera así, nadie se enamoraría de alguien a través de Internet. Por ejemplo.

    Las feromonas no traspasan las pantallas ni cumplen su "cometido" a través de cableado telefónico y a cientos de km de distancia... que yo sepa.

    Seguiremos "entrando" en ese tema, señor Atravésdelespejo.

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  3. Estoy de acuerdo: a la atracción física, además, se le puede poner un filtro, pero a la atracción intelectual es más complicado; es magnética.

    Pero ¿en serio que el 90 por ciento? Seguro que los hombres llegamos al 95 por ciento, porque somos un poco tontos para percibir estas cosas...

    Un beso

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  4. Cierto, un poquito "torpes" para captar indirectas y miraditas sí que sóis, sí. Y si una es tímida, apaga y vámonos. Menos mal que todo pasa con los años, incluso la timidez.

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