lunes, 29 de marzo de 2010

Contadores de historias

 
Quinientos gramos de palomitas de maíz. Ocho cabecitas de perfil mirando hacia el mismo punto. Reflejos blancos, reflejos de colores, dragones, rocas... No pude dejar de asociar el rato que pasamos en el cine disfrutando de "Cómo entrenar a tu dragón", con la capacidad que tienen algunas personas para entretener y distraer desde siempre a los espectadores más difíciles y exigentes que existen: los niños. Y, claro, pensé en ese oficio que espero que nunca se pierda: el de cuentacuentos.

Hace tres años fui mare-contacontes en el cole de mi hijo... y fracasé en el intento. Mira que disfruto contando anécdotas, explicando situaciones, no se me dan mal los chistes (dicen...), y me encanta el mundo de la literatura infantil y juvenil -menuda colección me estoy haciendo gracias a El País de las Joyas Literarias Juveniles-. Pues bien, quise escapar de los cuentos más utilizados y conocidos en los primeros cursos de infantil, y sin calentarme demasiado la cabeza, pensé que una buena historia que de seguro engancharía a veinticuatro locos bajitos sería la del Flautista de Hamelín. Qué ilusa fui. Puede que tenga cuerda y rollo para rato, pero no conseguí que mantuvieran su atención en mí más de diez minutos, y qué cosas que precisamente no supe tocar la flauta en sentido figurado y no solo no conseguí que me siguieran, sino que  se dispersaron por todos lados. Bueno, si de mi buen hacer hubiera dependido el transcurrir de esa historia, los niños nunca hubieran estado en peligro, hay que ver lo positivo.

Puede pensarse que, teniendo unos buenos ingredientes -seres fantásticos, personajes carismáticos, una buena historia... - y agitándolos, cualquiera puede servir para eso, y no, mare meua, ¡eso es un error! (valga yo misma como ejemplo):

"Las historias son utilizadas para compartir un mensaje, dar una explicación mágica, divertir, criticar, aportar posibles soluciones a conflictos..."
 
 
"El cuentero recaba su material de fuentes de tradición oral o de la literatura, pero lo resignifica y recodifica a la oralidad, deviniendo el contenido en su mensaje personal y único, con el cual, como un fuego que sigue devorando y expandiéndose, va atrapando a su oyente y lo va abrazando y abrazando con imágenes, percepciones y sensaciones que previamente modificaron e hicieron vibrar su propio ser.  El cuentero narra para alejar, engañar y posponer eternamente la muerte"


"El narrador no es para nada prisionero de un personaje, es prisionero de la historia que narra. Dispone de técnicas de narración y experimenta el placer de coexistir con esos seres imaginarios"



Sirva esta entrada como homenaje a todos los que tienen ese don.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Malos


Aunque sea un rol demasiado copiado vez tras vez y, sobre todo, repetitivo, me hacen mucha gracia los malos de ficción. Siempre tienen las cejas de malvado,  una sonrisa muestrabancada y, lo mejor de todo, casi al final del episodio o película, le cuentan al mundo entre terroríficas risas cómo prepararon y llevaron a cabo su plan maquiavélico (glup).

Sus víctimas -la mayoría de veces los buenos de la historia- asisten amordazadas al relato mediante flashbacks que el malo cuenta, detalle por detalle, como queriendo dejar buena constancia de que todo sucedió con premeditación, alevosía y muchos muchos deseos de venganza.

Sobra decir que finalmente -y como debe ser, coño, claro que sí- el bueno aprovecha este tiempo precioso en que aquel se regocija con su fechoría... y logra salir airoso del marrón.

Estos tiempos, y ya que no tengo otro remedio como aquel que dice, veo con bastante interés algunas series de dibujos a primera hora de la mañana y a veces a media tarde. Me gustan por su concepción occidental de lo que es una serie  de animación -nunca me terminó de gustar el estilo japonés, lo siento, exceptuando las adaptaciones más "infantiles" estilo Jackie y Nucca, Heidi...-. Bien, con eso me refiero a : grandes ciudades, rascacielos, autopistas anchas e interminables, villanos con toda su puesta en escena... Otro dato a destacar también es la voz de los dobladores. Calidad de primera.

Ben 10 es la favorita de la mayoría de niños que oscilan entre esa edad en la que Bob Esponja se empieza a quedar "pequeño" (aunque les siga encantando) y la otra en que todavía no pueden entender del todo al Intrépido Batman.

Pero ains, yo a mi edad  ya los entiendo todos, y confieso que los episodios que he visto últimamente de este último me han fascinado. Pensaba hace unas semanas viendo uno en el uso y abuso que hacen de los colores puros y los contornos remarcados, muy en la línea del cómic de siempre, no sé explicarlo mejor. Además, sus historias no tienen nada que envidiar a otras que suelen estar más reconocidas.

Quien diga que el progreso tecnológico no mejora el mundo pienso que piensa equivocadamente, valga la redundancia, y en eso puede que suene dura, pero... ¿quién puede negar que es un lujazo poder conseguir todo lo que nunca soñamos a nivel audiovisual, como bajarnos cualquier peli o serie que ha existido y existirá? (ay si me leen...). Sin ir más lejos, el otro día, y gracias a un dibujo de Speedy González que le dieron a mi hijo en el cole, puse a descargar joyitas de la Warner. Hablo de los Looney Tunes, claro. Bueno, allí estaban todos, la cara más "canalla" de los dibujos animados clásicos, lo opuesto a la dulzura de la Disney, que también me gusta.

Mi hijo descubrió al Coyote, y al oírlo reír desde este rinconcito donde tengo el ordenador, dejé lo que estaba haciendo y me senté a su lado a ver. Y mare meua, qué imaginación, qué animalejo con más mala leche ese Correcaminos. Y la perserverancia del otro, ahí es nada.

Me alegré un montón cuando me pidió más y más. Y aquí estoy, con el PC más ralentizado que el caballo del malo por culpa de la mula y el Mic mic.

domingo, 21 de marzo de 2010

Un frasco de lavanda

 
Aún huelo en ocasiones lo mismo que olí cuando nació mi hijo. Durante un tiempo pensé que era olor a hospital, pero luego desperté un día, tiempo después, en otro contexto completamente diferente y seguí oliéndolo. Era un aroma que no permanecía, no formaba parte de nada ajeno a mi persona, ni podía ser reproducido artificialmente. No era una colonia, perfume, comida, medicamento... Francamente, no sabría describirlo, y el día que lo olí aquí, en un momento similar a este, supe que no estaba fuera, sino que me pertenecía a mí.

La misma sensación -que no el mismo olor- tuve cuando pude oler ratos. No ratos normales, sino ratos especiales. Miré a mi alrededor, a mi entorno, mis muebles, mi escritorio, mi ropa... pero otra vez no existía nada concreto que me lo produjera. Existía en mí.

En las tardes-noches de verano, después de ir por huertos, dunas y playa, me gustaba llenar la bañera dos palmos y bañarme con gel Lavanda de Puig. Ese olor pasó a estar asociado -siempre y para siempre- con el relax, el estar bien. Luego fui infiel en parte y llegó a mi vida el Heno de Pravia, que adoro y vuelve a mí cíclicamente (soy muy de cambiar continuamente de marcas), aunque mucha gente dice que huele a huela.

Pues bien, hace unos meses, en una excursión organizada que hicimos a Guadalest, el Ayuntamiento del pueblo nos obsequió con una bolsa llena de cositas, camisetas, gorras... y ¡un frasco de Lavanda de Puig :O!

Lo tenía guardado en la repisa esperando su turno -ya puede esperar, ya, que delante tiene dos botellas grandotas de colonia fresca de uso diario-, y ayer por la mañana, al escuchar en la radio que la primavera nos acechaba, acabé de vestirme para ir al curro y eché mano de esa botella de vidrio grueso y verde tan típica, como en un acto reflejo, no sé. ¿Asociación de ideas?

A saber...

jueves, 18 de marzo de 2010

Una pequeñísima selección

 
Me encanta el cine español. No debería especificarlo, porque quizás de ese modo lo discrimino un poco sin querer, al distinguirlo del genérico cine, pero es que me apetece decirlo así, con su nombre y su apellido. Lo encuentro cercano, en ocasiones demasiado crudo y falto de la fantasía que son capaces de meter los norteamericanos en cualquier historia corriente. Pero me veo en él, me identifico con esas personas y casi siempre me deja un rato pensando en algunos por qués. Hoy, y seguramente para tapar el amargor de la anterior entrada, me ha apetecido hacer un post simplón en su concepto y mucho más visual de lo que estoy acostumbrada a publicar. Echando mano de memoria y aprovechando que comenté algunas pelis en un foro hace tiempo, paso a enumerar algunas que me gustaron especialmente en su día. No pondré más que una imagen, o un cartel, lo que encuentre por ahí, y dos o tres frases o motivos que os daría para que os acercárais a ellas si algún día me viera en plan "un minuto para convencer al jurado" :D.



Uno de los círculos con los que tanto me hace disfrutar Medem. Azul mediterráneo, arena de color claro, olor de sal que salta de la pantalla a nuestro sofá -sí, sí, hablo en serio, ya lo comprobaréis-. Personajes, como islas, sin nada realmente que les una a ningún sitio. Que se encuentran y reencuentran. Que se necesitan unos para dar razón de ser a los otros. Y Najwa, que siempre dice más con sus ojos que muchas con un guión hecho a medida.




Cuando una persona desaparece para siempre hay dos opciones: tratar de olvidarla o no dejar de recordarla.
Se os encogerá el corazón. Y avisé...




Ágil, original, tal vez arriesgada por el efecto de la cámara al hombro. Diferente.




Cuento de amor partiendo de un beso y una promesa (cómo me acabo de acordar al decir esto de Burning...). Intrigante, con final sorprendente y en uno de sus papeles protagonistas una debilidad mía - a quien he tenido el gusto de "conocer" personalmente-: Julio Perillán (ains, ya te descubrirán, ya...)




Dignidad. Buenas interpretaciones -si está Candela siempre las habrá, incluso en la maleja Los años desnudos-. Un tremendo nudo en la garganta.




No hay nada más bello que lo que nunca se ha tenido...


Obviamente quedó fuera prácticamente todo el iceberg, empezando por cualquiera de Almodóvar -creo que Kika es la única que no me gustó-, las clásicas en B/N, las anteriores a los ochenta que poco a poco iré conociendo a medida que me las vayan recomendando directa o indirectamente; uf, si esto ha quedado más corto que otra cosa, pero cómo me apetecía ponéroslas....

Y esto... feliz puente de San José :)

miércoles, 17 de marzo de 2010

¿Qué fue de ti?


A José Luis Garci se le tiene mucha manía -al menos en España, como no podía ser de otra manera-. Sin embargo yo, si tuviera ocasión de conocerle, solo tendría palabras de gratitud, porque gracias a él pasé unos memorables martes de cine- nunca mejor dicho-, al ver esa noche y no otras el programa emitido la víspera, lunes (cosas de los vídeos y los DVD grabadores).

Aparte de traerme a mi casa y a mi vida los recovecos del cine, o, como dirían en Radio 5 los secretos de rodaje, me hizo interesarme por él como cineasta, y si bien puede que las películas que he visto suyas no sean de las que pondría en lista de preferidas o altamente recomendables, no se le podrá negar el preciosismo, el detalle y la sensibilidad.

Nunca había visto esa peli. La bajé quizás por ver una referencia en algún lado, ni siquiera del por qué me acuerdo, y mira que normalmente atamos lo que hacemos sin darnos cuenta y simplemente tirando un poquitín del hilo vamos retrocediendo hasta llegar a la causa de nuestro efecto-presente.

Era sábado. Llovía -casi cien por cien de seguridad viendo la que nos ha caído este invierno-; hacía mucho frío -alguien que duerme con calcetines hasta casi entrado el verano no podría decir otra cosa-, y, por supuesto, no tenía conexión para perderme cliqueando de forma sistemática y ansiosa como hago/hacemos muchos.

¿Qué decir? que la vi de un tirón -nada habitual en mi caso-, que me encantó ver cómo era España esos años -otra vez-, que Antonio Ferrandis hizo un papel elegante como pocos, y que Encarna Paso se hizo conmigo a los pocos planos.


Me parece que hasta los treinta años no pensé nunca nunca en la posibilidad de que uno pudiera alejarse de alguien queriéndole. A lo mejor mi microchip de cómoeslavidarealmente estaba un poco en su versión 1.0 y tenía falta de un reseteo o formateo directamente. ¿Qué? las cosas salen bien si hay voluntad por ambas partes, si al final el cariño es lo que prevalece, si teniendo eso... ¿qué impedimentos van a haber?, si mira, contra viento y marea, ahí estamos, valóralo, si...

Empecé hace unos meses a entender y asumir que a veces las cosas suceden porque no hay más remedio, que por mucha voluntad que se ponga -incluso por ambas partes-, a veces las personas se alejan y separan sin más. Me lo contó un amigo una noche. Seguramente yo andaría llorando. Y lloraría en mi versión 1.1.0, es decir, sorbiendo mocos y notando como algo se me rompía a pedazos por dentro. Algo que por mucho empeño que puse, no pudo ser.

Bueno, en Volver a empezar, Antonio y Elena -Antonio y Encarna- se separan un tiempo. Un tiempo, que pudiendo ser semanas o meses se transforma en cuarenta años. Se dice pronto. Causas ajenas, directas, qué más da. El hecho está ahi. Vidas paralelas.

Cuando se reencuentran, en un momento tan "decíamos ayer", solamente después de haber hecho el amor, ella le pregunta tiernamente: "- Y dime, ¿qué fue de ti?"

Escuchar esa frase me impactó, me descolocó, me trajo viejos fantasmas al presente, me afectó...

Y, como digo muchas veces... solo ese ratito me hará recordar esa película para los restos.

sábado, 13 de marzo de 2010

Buen viaje


Qué cosas. Hace una semana justa me vino Machado a la cabeza, sevillano de nacimiento y castellano -entre otros muchos gentilicios- de corazón. Ahora se nos ha marchado el castellano que más habló y amó a su tierra; y no desde la distancia -como hacen muchos a veces eligiéndolo-, sino siguiendo allí. En una entrevista dijo que una vez viudo de su Ángeles -"la mejor mitad de mí mismo"-, solamente le hubiera faltado ser viudo también de su Castilla y de su campo...

Desde todos lados hay un bombardeo de información sobre su persona estos días. Se nombran todas las facetas que tuvo como hombre y humanista. Me permito elegir la que más me llega, la de amante del sitio donde nació y de sus paisajes. Sin ellos nunca hubiera podido contar las cosas como lo hizo:

Si el cielo de Castilla es alto es porque lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo
D.E.P Miguel Delibes

sábado, 6 de marzo de 2010

Un papel arrugado

 
La poesía es para mí buen tiempo, ausencia de nubes amenazadoras y oscuras, brisa más bien cálida. Seguramente en el Instituto daríamos poesía durante todo el curso, o al menos cuando tocaba, y sin embargo... ¿cómo es que la recuerdo llegando el buen tiempo? Por San José la panza se encogía de tanto cosquilleo, abandonábamos las camisetas interiores de manga larga y dejábamos asomar más el cuello. Pedíamos que nos cortaran el pelo de modo tal que desvelara la nuca, y el sol lo aclaraba. Se podía estar al fresco sin sentir frío, y cuando caminabas por la calle notabas esa sensación tan placentera de la temperatura perfecta, la misma que animaba a sacar las sillas a la calle y hacer tertulia. Entre clases -o en vez de clases- caminábamos unos doscientos metros hacia los primeros huertos de naranjos, nos sentábamos en los márgenes de los caminos y nos comíamos alguna. Al terminar, limpiábamos nuestras manos con los agrets, y mientras, hablábamos de lo que estaba por venir, ya que claro, a esas edades, todo está por venir porque nada ha llegado aún.

De Cernuda me quedó el tremendo romanticismo, quizás demasiado tremendo, precisamente. También el esfuerzo de desgranar verso a verso su largo Luis de Baviera escucha Lohengrin. De Miguel Hernández la enorme sensibilidad, y de Machado, la melancolía.

La poesía, "una honda palpitación del espíritu", es la expresión íntima del sentimiento personal del poeta, pero, aunque íntima, pretende ser universal: es "el diálogo del hombre, de un hombre, con su tiempo". La poesía es un diálogo de un hombre con el tiempo de cada uno. El poeta pretende eternizar ese tiempo objetivo para que permanezca vivo el tiempo psíquico del poeta, para que sea universal.(...) La poesía debe hablar con el corazón.

Leí algo sobre su vida este verano a propósito de una foto que me recordó a él. Entendí el por qué de esa melancolía. Y a veces sucede que uno lee algo y lo hace con tanto interés, poniéndole tanto cariño a esa lectura que, cuando llegas al final, y más cuando ese final es precisamente el final de la vida de una persona, te entran ganas de llorar. A mí me sucedió al leer lo que ponía el papel arrugado que encontró su hermano José en su abrigo, después de morir. Estaba escrito a lápiz:

Estos días azules y este sol de la infancia

jueves, 4 de marzo de 2010

Una gozada

 
Como ya he dejado caer entre líneas en mis últimas dos entradas, ando con una miajita de lío contra una empresa de Teleco. Bueno, deciros que me siento como en este video, y aparte, me dan ganas de ponerme en plan Jodorowsky y coger todas las naranjas que tengo en la cesta con tal de canalizar el sentimiento de medio-rabia/medio-meestántomandoelpelo y cortarlas con mucha alevosía, o exprimirlas con ira, o directamente aplastarlas...

En fin, pelillos a la mar. De todo se aprende en la vida, y soy muuucho más sabia que hace una semana, eso desde luego; he aprendido nociones de derecho (el justo), a redactar Burofaxes efectistas (¿?) y , sobre todo, a ser más precavida para la próxima vez que decida cambiar (para mejor se supone).

Internet... ese lugar que nos ha cambiado tanto tantísimo, que consideramos ya como imprescindible en nuestras vidas cuando realmente para nada es así, y del que podemos perfectamente prescindir en períodos más o menos largos de tiempo.

Y... ¿qué alternativas nos quedan cuando no tenemos Internet,  la tele no nos gusta y queremos estar con los ojos cerrados y disfrutando? Bueeeno, sí, eso también -a quien guste con los ojos cerrados, ummm-, jeje, pero yo iba por otro sitio, sí, iba a hablar de la Radio:

Desde luego que si tuviera que elegir algunos inventillos pequeños y tremendamente útiles en mi vida, dejando aparte los típicos como electricidad, agua corriente, jabón y teléfono, tengo clarísimo que elegiría unos cuantos que quizás parezcan chorras, pero a los que yo encuentro especial encanto: uno sería el descorazonador de manzanas, otro el cortador de patatas y el último sería la radio de bolsillo.

Ya hablé de lo que era la música para mí y cómo me ayudaba a evadirme, pero no comenté esa vez el otro uso que hago de las ondas.

Mi gusto empezó en un trabajo bastante solitario que tuve durante más de tres años en el que pasaba varias horas seguidas midiendo piezas de madera, cortándolas, ensamblándolas a golpe de martillo y grapas y lijándolas. Me encantaba hacer eso, usar mis manos. Cada nuevo premarco o marco directo era una pequeña obrita de arte creada por mí, y aunque el uso que se le fuera a dar fuera apilarlas a lo bestia en una camioneta y colocarlas sin demasiada delicadeza para dejar el hueco puertil, a mí me gustaba hacerlos bien. Empecé a coger el gusto a colocarme en los oídos lo que entonces era el preludio del actual MP3 y pasar las mañanas enteras escuchando los magazines. Con el que más disfruté fue con el de Julio César Iglesias en las mañanas de RNE. Sus ritmos eran mis ritmos, sus pausas eran mis pausas, y su pitido final era el momento de quitarme el serrín con la pistola de aire comprimido, coger la mochila y largarme a comer. Las tardes que iba -extras-, las dedicaba a Radio 3 y su música para nada comercial. Fue una época tranquila, de mente despejada... con mucho polvillo, algo de cansancio en los brazos y el disfrute de esos programas, que me llenaban, me hacían reír y me mantenían informada.

Estos días, aunque sigo teniendo conexión, me he replanteado mantenerla en cuanto me la corten. Nada definitivo, pero sí un tiempecillo, como cuando llega el verano y me asalvajo, sin cobertura de móvil, con batola, chanclas y poco más. En verano hay mucha luz, tardes libres, muchos libros, familia, playa.

En invierno he descubierto, después de un tiempo de repetitivas tertulias políticas que de momento me han hastiado, una fórmula que me está gustando bastante: se trata de Radio 5, y en mi gusto y opinión, es lo más parecido a la radio "de siempre".  Voces cálidas y variadas, anécdotas del mundo del cine, la música, la literatura, la historia... entremezcladas con toda la actualidad.

Pego aquí su enlace: Radio 5, y juzgad vosotros mismos. A mí me parece una gozada.

sábado, 27 de febrero de 2010

Feos


Hablaba hace poco con mi amigacho sobre algo tan tan dicho y tan tan repetido que, seguramente sonará cansino... pero no importa, y siempre es algo digno de recordar, en nuestros momentos bajos sobre todo. 

Imagino que muchos de vosotros -al menos yo sí- hemos culpado a nuestro físico de la mayoría de hechos que solamente han sido causados, provocados o derivados por/de nuestro cerebro. Nada nuevo bajo el sol, pero me apetece explicarlo algo más.

Caso práctico: "yo nunca ligué, claro, estando como estaba..." (aquí se pone flaco/gordo, normalmente los "defectos" más cantosos).
¡Toing! ¡¡¡Error!!!. Tú nunca ligaste (o tu vecina, o yo misma para no escaquearme) porque tu manera de ser, tus (in)habilidades sociales o tu sosez lo impidieron, y, aparte, tu propio pensamiento sobre tu físico y por ende sobre ti mismo construyó una barrera invisible pero tremendamente alta y poderosa entre los hombres/las mujeres y tú. Uno puede ser objetivamente feo (sí, sí, dije la palabra más contraindicada de todas cuando hablamos de algo tan... subjetivo, paradójicamente), porque a mi parecer sí hay fealdad objetiva, y pondré dos ejemplos:


 Ummm, ya que estamos, dos más, venga (con truqui):


... pero la gran mayoría de los que se consideran feos o no merecedores de gustar no llegan a serlo, y apostaría a que si mostrásemos imágenes suyas a mil personas al azar gustarían o disgustarían (tanto da), al 50%, como suele ser. Incluso los guapos oficiales gustan al mismo porcentaje de gente, ahí no somos tan distintos unos de otros, tratándose de gustos (nunca entendí qué atractivo tenía George Hamilton, :S, por poner un ejemplo)

Lo que me hace gracia es que esa barrera que pusimos en su día o contamos ahora como excusa para unos hechos que no salieron como queríamos que salieran sirve a la vez como razón y motivo principal para algo mucho más profundo que tal vez no nos guste remover, y es donde radica el gustar o no gustar directamente, que en principio no tendría por qué estar relacionado con la percha y la cara. ¿Gordos?¿flacos?¿con granos?¿desgarbados? de todos estos tipos de gente hay ejemplos que desmontan en un abrir y cerrar de ojos cualquier argumento que los justifique como impedimentos para gustar.

Algo está -más o menos- claro: si uno se siente poco agraciado, así lo transmitirá y esa será la imagen que reflejará al mundo, aunque ojo, a veces no sucede así y termina gustando a alguien...  Lo que sí está claro -sin más o menos- es que si alguien se siente agraciado, existe un porcentaje muy alto de probabilidades de que los demás lo perciban como "atractivo" al menos.

¿Consuela más a la gente el pensamiento de que "uno nació así y así le fue en la vida" que el que seguramente sea más real de "la poca gracia que tengo o mi poco éxito con el sexo opuesto -o el mismo, que también- no viene precisamente de mi cara o cuerpo..."? Yo creo que sí, que excusar una trayectoria "poco fructífera" en algo visible pero que, al fin y al cabo caduca, es mucho más cómodo que reconocer que carecemos de encanto o de ese "algo" que tienen las personas bellas.

Cuando leí una entrevista que concedió Gaborey Sidibe me vino a la cabeza todo esto. Eran solamente respuestas sobre papel, pero a cada renglón se adivinaba encanto, confianza, atractivo. Y me acordé de los que no ligaban. Son gustos, claro, pero como digo siempre, qué cosas...

PD: por cierto, los ejemplos de arriba del todo son dos debilidades mías :)

sábado, 20 de febrero de 2010

Alaska

 
Cada uno de nosotros tiene un lugar donde escapar aunque sea entre maldiciones y momentos rabiosos. Anoche, sin ir más lejos, me encontraba viendo esa curiosidad antropológica llamada Hermano mayor, y la Nini de turno dijo: "Arr Congo, me voy par Congo..." (me pregunto, habiendo visto cómo se "desenvuelve" por la vida la gachí, qué haría por aquellas tierras, eeen fin).

Cuando era pequeña, mi madre solía decir, entre suspiros, que se largaba a Benicàssim. No, entonces no se celebraba el FIB ni nada parecido, jeje, sino que allí había uno de los únicos balnearios de la época; (ummm, ¿mensaje subliminal acaso? :P); también recuerdo a mi vecina Pepita, -de la que podría escribir un libro,- lanzando aullidos por su boca pidiendo ir a la Santa Faz, para, seguidamente, decir eso tan oído de: "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Mi vecina era muchísimo más heavy que mi madre, jaja.

Introducción chorra aparte, en estos días con mil y una batallas contra las Telecomunicaciones de las Españas (me río por no llorar), yo más bien, puestos a elegir destino donde escapar de mis rabias y mis perdidasdeantemano batallas dialécticas con los comerciales, y porque yo lo valgo, que dirían las modelos que anuncian L'Orèal, me quedo con ese lugar tan evocador, tan blanco y tan lejano: Alaska.

Cómo no recordar a ese chaval de pensamientos tan puros como ingenuos quizás que fue Chris McAndless (del que ya hablé aquí, aunque digan que está feoso autocitarse, bah), o la foto en el bolsillo de Butch en Un mundo perfecto...

Alaska... , tan lejana, y sin embargo -poniéndole muchísima voluntad, eso sí- tan cercana a nosotros si la miramos por el otro lado, por el estrecho de Bering (¿o acaso será que cuando la distancia es por tierra parece más "a mano" que cuando es por mar?... no me hagáis demasiado caso hoy).

Alaska... extensión para pensar, para mirar a todos lados sin límite, para que el frío nos haga enroscarnos al máximo en la misma postura en la que pasamos los primeros meses de nuestras vidas. Como una vuelta al sitio de donde venimos, como un paréntesis, un formateo en el pensar, en el actuar, el sentir.

  "(...) Esa tierra a donde uno avanza en busca de autoconocimiento (...). Todo ser humano busca su Alaska, ese lugar mítico, un tanto onírico para encontrar a una posibilidad de sí mismo. (...) Alguna vez me cuestioné todo lo que hacía en mi vida y escapé al extranjero a buscar ese territorio renovador e ilusorio" (Roberto Duarte)"

¿Demasiado frío? seguro. Pero menuda es nuestra mente para fabricarse alicientes y alternativas... Alguien muy querido para mí escribió un día: "Uno de mis deseos es pasear por la playa de Zihuatanejo..."

Y puso los ojos en blanco :)

martes, 16 de febrero de 2010

Una recomendación

 
Bueno, he intentado por tercera o cuarta vez que Avatar captara mi atención más allá de los 45 minutos.... Quizás es que no son horas las de después de comer -aunque ummm, en algunas no me duermo...-, o tal vez sea que no es necesario que lo que gusta a casi todo el mundo me tenga que gustar a mí (por algo se ideó el adverbio "casi", digo yo), pero la cosa es que no lo ha conseguido :(, y tampoco es que sea una espectadora hipermegaexigente...

En fin, entro un minutín a desquitarme de esa sensación rara-mala de no comulgar con los gustos actuales de muchísima gente, y de paso aprovecho para recomendaros la joyita que vi ayer. Me encantó cuando la vi en su día, en aquella época en la que el DVD grabador entró en mi vida -qué poco tardan algunos inventos en ser solapados por otros nuevos- y no tenía que estar pendiente de programar con exactitud la hora de inicio y la de fin, ni de tener cintas en blanco listas.

Que una peli casi desconocida (otra vez el "casi") y poco promocionada transcurra en las Islas Británicas es para mí una baza lo suficientemente importante. Si además sucede en Irlanda ya seguro que me gusta, no sé por qué. Dicen que los irlandeses son los más mediterráneos de los británicos, cuando la verdad es que son celtas, y me pregunto si acaso no somos nosotros los más irlandeses de los europeos no-insulares, y por eso nos caemos tan bien entre nosotros. No sé, ellos ríen, hablan por los codos, bailan, sienten la música... y disfrutan de la vida, cosa que no todos -ni casi todos-, sean mediterráneos o celtas son capaces de hacer.

Os presento una peli deliciosa, agradable, redondita, entrañable, encantadora: Despertando a Ned

Que la disfrutéis... a la manera irlandesa ;)

jueves, 11 de febrero de 2010

Radio's on and I'm moving round the place


Como tantos otros, los padres de Joe emigraron a la costa Este de los Estados Unidos; no sé si irá por zonas, pero los de mi pueblo y alrededores iban a parar todos a Connecticut. De allí vino Joe pues.

Os preguntaréis quién fue o es este chico, bien: quien introdujo en casa a Bruce Springsteen, ahí es nada. El hermano que me sigue ya tenía planeado estudiar Filología Inglesa, y recuerdo que una tarde trajo una cinta original de cassette donde asomaba un culo -un buen culo- envuelto en un Levi's. Las cintas originales tenían entonces el logo de la discográfica marcado en la cajetilla negra de plástico. Allí estaban la C, la B y la S...

Y lo de dentro, qué puedo deciros de lo que había dentro... creo que fue la primera vez que tuve  curiosidad por saber qué decía aquella voz en aquel idioma que empezaba a estudiar esos años en nuestra querida y añorada EGB.

Mi hermano lo ponía a todas horas, con el desplegable de las letras dado de sí, y a mí me picó el gusanillo de tratar de escuchar al mismo tiempo que leía. Y así aprendí prácticamente todas aquellas canciones de memorieta, que decimos aquí.

Hace nada tuve una noche en la que preferí oír música a  escuchar radio -a veces, para lo que hay que oír...- En mi Mp3 habita toda clase de fauna, sobre todo desde que pasé de la escasez de las 2 GB a la maravilla de 8. No obstante, aún conservo ciertos vicios motivados por aquella época de restricciones musicales, y quito para meter, repaso, vuelvo a quitar, corto y pego en el PC, buff, cómo nos estresamos a veces las personas con chorradas.

Springsteen siempre se salva, siempre, igual que el recopilatorio de U2, el primer disco de Frank Black,  o las BSO de Amélie e Into the Wild. La Mode ahora tiene su espacio, y tampoco sobran nunca esas carpetas tan socorridas de Varios, una en "extranjero" y otra con la música de la Movida que tantísimo me gusta. Como dejada de lado últimamente tengo a Alanis, aunque también siempre hay un día en que vuelvo a esa voz, y de vez en cuando meto novedades, como las de hace unos meses: la calidez de Norah Jones y el tardío descubrimiento de Amaral. Cabe todo, y sin embargo guardo "fuera" a Bowie, los Pixies, The Cure y los Ramones. Como pequeño secreto, os cuento que estos últimos días podrían proclamarse en mi pequeño mundo de pocos centímetros cuadrados "especial Coldplay",  porque les estoy dando a base de bien (jeje ;)).

Esa noche, como iba a decir,  fue el momento de volver a disfrutar de esas canciones. Siempre hay un día en que apetece reencontrarse con el Boss

Y aunque mi preferida siempre fue I'm on fire, me pregunto qué chica no quiso ser alguna vez Courteney Cox y subir a aquel escenario a bailar en la oscuridad con él...


Sin música, la vida sería un error
(Nietzsche)

domingo, 7 de febrero de 2010

Dos ríen juntos


 - Hey, qué risas...
- Pozí.
- Míranos, antes cabalgábamos juntos, ahora ... reímos juntos.
- Sí, pero mira, creo que esto es mucho mejor...
- ¿Qué debió pasar?
- No sé, el deseo es tan delicado, va siempre tan tambaleándose, debió caerse sin más.
- Ya, también pienso eso. O tal vez no sé, fue tu olor, dejó de gustarme el olerte... o tu mirada no me aceleró infinito...
- Puede, puede que fuera eso. Recuerdo que tu voz dejó de sonarme susurrante, ya no arrastrabas tanto la s.
- Eeeen fin...

- Hey, ¿cómo te va la vida?
- Bien, bien
(...)
- Y qué, ¿cabalgas con alguien ahora?
- Sí, sí, estoy muy ilusionado, la verdad.
- Anda, qué bien. Ahora puedo decir que me alegro de veras, ha pasado el tiempo necesario... pero dime... ¿hay deseo?
- Uf, qué te voy a contar... podría decir que alcancé la plenitud...
- ... esa que tanto anhelabas, ¿cierto?
- Sí, esa. Se conjugaron todos los factores, así fue.
- Y dime, ¿reís juntos?
- Sí, sí...

- Holita, ¿qué tal?
- Bueeeeno.
- ¿Y eso?
- Nada, mejor en soledad, de vez en cuando me apetece respirar, ya tú sabes.
- Qué cosas, ahora ya encontré a mi compañero de viaje...
- Jajajaja, nunca estuvimos sincronizados, ¡qué curioso!, pero vaya que me alegro, eso siempre. Y dime, ¿te lleva al séptimo cielo?
- Sí, uf, ya lo creo. Fluimos, esa es la palabra, jeje.
- ¿Reís juntos?
- Sí, claro.

- ¡Cuánto tiempo! ¿cómo va tu vida?
- Bien... conseguí la plaza ¿sabes?
- ¡¡¡Eso es estupendo!!!
- Finalmente compré aquella casa también...
- Bueno, bueno, no te puedes quejar ¿eh?
- Ya sabes cómo somos los humanos, siempre hay algo que nos falta...
- Ya.
- Bueno, me corre algo de prisa, a ver si coincidimos de nuevo... o te llamo, o...
- Ok.

- Hola, me apetecía saber de ti, de tu vida...
- Bueno, cómo se nos echó el tiempo encima, ¿eh?
- Yo a ti te veo estupenda.
- :$
- Pensé un tiempo en ti, ¿sabes? eché bastante de menos aquellas risas...
- ¿Bastante? yo las eché muchísimo de menos, ahí te gané, je.
- Bueno, pasamos de cabalgar juntos a reír juntos. Hay una frontera ahí, un paso que cambia del todo las cosas.
- He pensado mucho en ti.
- Y yo...
- No voy a andarme con rodeos... creo que lo que de veras necesitamos los dos es... 
- ... ¿sí?
 - ... ejem... echar un buen polvo.
- Jajaja, y dime... ¿quién va a querer acostarse ahora con nosotros?

martes, 2 de febrero de 2010

El telescopio de Klimt


Una de las noticias "anecdóticas" de la última semana fue la subasta del cuadro de Gustav Klimt Iglesia en Cassone (aquí el artículo). Argumento totalmente cinematográfico, tremendo contraste entre el mundo  corriente de los mercados de abasto -por poner un ejemplo-, con sus puestos de frutas, carne, embutido, la clientela, los que despachan... y ese otro -tan lejano y distante- de las obras de arte, las herencias... y sus desapariciones. No menos mundo, no menos real, pero sí tan poco mundano -tremenda contradicción, ups- e inaccesible, que parece de otro planeta.

A los amantes de la temática Segundaguerramundialesca -que se cuentan por millones-, les gustará por añadir un episodio más a toda esa telaraña tejida alrededor de ese punto de la Historia. A los amantes del cine basado en hechos reales, les hará frotarse las manos ante una probable película.

Lo cierto es que de Klimt, como de la mayoría de artistas o escritores, me interesa su vida. Hay quien prefiere llegar a sus obras sin importarle ni sentir curiosidad por la circunstancia personal que las rodeó,  y precisamente eso, una vez conocidas, leídas, saboreadas y disfrutadas, es lo que más pasa a interesarme a mí. Gustos.

Parece ser que fue a su vez promiscuo y fiel, si es que pueden simultanearse ambas tendencias. Amó sexualmente a varias mujeres, pero fue fiel toda su vida a su compañera, amiga y musa Emilie Flöge, por lo que podría decirse que la amó intelectualmente... siempre. Junto a ella se encontraba precisamente cuando se enamoró de una visión: una iglesia. Y aquí llega el punto romántico de la historia entre la visión, el cuadro y el pintor. Si aquella imagen no se le ponía a tiro para pintarla plácidamente, él se acercaría a ella, del modo que fuese, y así se sirvió de la ayuda de un telescopio para pintarla. Podía haber sido algo más cercano, más a mano, palpable... pero fue algo que le quedaba físicamente lejos. Y gracias a la técnica -cómo no-, la visión,  la obsesión y el deseo del pintor pudieron materializarse.

Luego, ohh, ese romanticismo resulta que no era tal, y era una constante en su manera de plasmar las cosas:
"(...) tenía la costumbre de utilizar diversos telescopios para enmarcar el paisaje. Así condensaba la imagen, acercaba distancias, eliminaba perspectivas y se recreaba en texturas planas. Solía también otear a través de un pequeño marco de cartón o de marfil, como un fotógrafo que busca el enfoque a través del visor" (más)
Fuese como fuese, al igual que uno escucha el mismo cuento que su vecino quedándose con el halo acogedor de la casita del bosque mientras que otro adquiere miedo ante el peligro que acecha entre los árboles, de esta historia -que me encantó leer-,  yo me quedo con que nada estuvo demasiado lejos, y - queriendo- alcanzó lo inalcanzable. 

viernes, 29 de enero de 2010

Tres minutos

 
Las grandes mentes son geniales, y son grandes precisamente por ser geniales, nunca al contrario. Buscando un artículo que leí en El País este verano sobre la psicología del llanto -bueno, algo así :$-,  me he encontrado este texto de un grande, Julio Cortázar, que inevitablemente me ha hecho sonreír. Me apetece compartirlo con vosotros:
  
Instrucciones para llorar
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
(Historias de Cronopios y Famas)

¿Lo mejor para mí? lo de los tres minutos. Leí en un libro sobre asertividad que deberíamos dedicar  solamente media hora al día a preocuparnos, instaurar esos treinta minutos en nuestra rutina, y de algún modo programar el cerebro para dejar de estarlo las 23 horas y media restantes. No es mal plan ¿verdad? Pues eso, preocupémonos media hora... y lloremos solo tres minutos.

PD: estoooo, al menos, intentémoslo ;)